Un crimen porque sí, como todos
No cabe, en ningún caso, establecer una relación causal directa entre la pistola humeante que mató a la presidenta de la Diputación de León y que a la hija de la presunta autora del crimen la despidieran del trabajo en esa misma Administración. Incluso aunque la homicida gritara (hubiese sido bueno aprenderse una frase para los medios) eso de efecto populista tan garantizado, mientras se la lleva la policía pulgar con pulgar: "La maté porque era política y esa gente no tiene nunca problemas, pero mi hija sí". Ni hay relación causal directa entre un despido y un homicidio, ni tenemos por qué explicárnoslo.
Explicar un crimen es el primo pobre de justificar, pero son dos cosas de la misma calaña. Si comprendemos que la madre de una parada vacíe un cargador sobre una política (¡y del PP, siguiendo el sueño dorado de aquellos que llaman a la revolución anticapitalista!), nada obsta para que también expliquemos por qué ETA, en sus años mozos, sacaba hileras de ataúdes blancos de las casas cuartel. Y hasta es posible que lleguemos a comprenderlo. Y ya se sabe aquello de que comprender es amar. Me niego.
Eso de "lo comprendo pero vaya por delante [en realidad, por detrás] que no lo justifico", que ha escrito estos días medio "twitter" ante lo de la justiciera de León, ya es de algún modo justificarlo. Por el "twitter" muere el pez gordo, como esa concejala del PSOE obligada a dimitir al desmentir, en la segunda parte de su "tuit", la primera: "No quiero comentar pero quien siembra vientos recoge tempestades". Ella no querría comentar. Su twitter, ese arma de destrucción masiva de personajes públicos, ya lo ha hecho por ella.
No hay que comprender absolutamente nada en crímenes de tanta gratuidad. Intentar ponerse en la mente del asesino, para respetar su particular cosmovisión, es ser ya el asesino. ¡Sólo faltaría que, tras la comprensión, se empezara a clasificar el crimen de la mamá sensibilizada por el paro de su vástaga como "de primera necesidad socioeconómica", como aquellos otros crímenes que, para aristocratizarlos, se clasificaban de "políticos"!
Lo de León es que una presunta perturbada -en el mejor de los casos, perturbada; en el peor, asesina dolosa- sale de su casa con una pistola, acompañada de otra presunta perturbada que acaba de perder su trabajo, y van y matan a alguien que pasaba por allí. No hay más. No es un símbolo de la violenta reacción popular ante los desmanes de los políticos. Es un crimen común de lo más vulgar, con motivaciones siempre vulgares. Esta vez le ha tocado a un político que administra mal como podía haberle tocado al tendero, por pesar mal los garbanzos. No hay relato épico alguno de la rebelión de las masas. No hay ni subtexto. Sólo estupidez. Como cuando aquel albañil en paro de Olot, Gerona (¡esa tramontana, que pone malas las cabezas!), que después de matar a sus dos ex jefes se presentó en una oficina bancaria de la localidad con una "lupara", cargándose a un par de administrativos que estaban tras la ventanilla, quien pagó por los males de los especuladores internacionales, los "fondos buitre" y el Club Bildelberg, por lo menos.
¿Estaba el albañil, con su cuádruple homicidio, contra el sistema financiero internacional? ¿Protestaba la de León contra la rapiña de la casta política? Nada de querer comprender por qué a alguien se le pegan tres tiros. Un crimen como todos: porque sí. La vida tiene poca explicación. "Say no more".





















