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Opinión |
Viernes, 04 de Noviembre de 2011

Pesidemia

Algunos empresarios sufren últimamente una epidemia de apatía y pesimismo empresarial, la Pesidemia. Son “empresarios en suspensión de ánimos”, según mi compañero del Círculo de Economía, José María Casanova. Me encuentro con empresarios apáticos, pesimistas, sin ganas, que les cuesta salir a vender, ir a la fábrica o a la oficina. No tienen tantas ganas de tirar del carro. Se trata de una crisis preocupante y que puede agravar otras que venimos sufriendo.

Encuentro motivos internos y externos para esta apatía empresaria. Por la parte interna, todo cuesta más. Las cosas son más difíciles, hay que trabajar más duro y la competencia es feroz y el cliente más exigente. Además toca hacer cosas desagradables: reestructurar, desprenderse de colaboradores, dedicar hasta un 50% del tiempo a cobrar. Enfrente, otro dedicado a la ingrata tarea de explicar por qué no pueden pagar. Por si fuera poco, resulta que obtenemos peores resultados que antes con lo que la cifra de negocio y el margen se han reducido.

Desde el exterior, nos deprime el pesimismo general y recibimos mensajes a veces catastróficos. Preocupa especialmente la apatía por la incertidumbre macroeconómica. Ante tanto vaivén económico, con los líderes mundiales pendientes del mercado en lugar de guiarnos con un rumbo estratégico “¡Para qué esforzarse!”.

Los empresarios debemos enfocarnos en nuestro trabajo, captando sólo la información imprescindible. Basta con leer la prensa al mediodía, y evitar fuentes excesivamente pesimistas. Los artículos de fondo, el sábado por la mañana. No nos preocupemos del entorno, ocupémonos de él. Necesitamos tomar perspectiva: esto es duro para todos. Competidores, clientes y proveedores lo pasan mal también. Trabajando mejor que mis competidores, encontrando oportunidades al resolver problemas de mis clientes o colaborando con mis proveedores, puedo crecer en términos absolutos o cuota de mercado.

Las cosas nunca serán como antes. Quizás debemos cambiar nuestras expectativas, forma de trabajo o incluso de negocio porque son tiempos de grandes cambios y en todo cambio hay oportunidad para el emprendedor.

Fijar objetivos personales y empresariales a largo, medio y corto plazo nos ayudará a centrar el tiro y recuperar el "tono muscular" y nuestros porqués nos llevarán a descubrir nuestros cómos. Os invito a leer ‘Memorias de una Iguana’, de Javier Franco y José Antonio Lucas, publicado por AJE Región de Murcia. Puede ayudaros a recuperar el espíritu emprendedor y recordar por qué somos empresarios.

Tenemos que trabajar mejor, no se trata de echar más horas ¡Cuántas horas improductivas echamos! Necesitaremos hábitos sanos físicos y mentales: limitar las horas en el trabajo, hacer buen uso del tiempo, hacer deporte, dedicar tiempo a la familia, descansar.

No dejemos de colaborar activamente en una organización empresarial, formarnos, seguir aprendiendo... Busca la colaboración o sencillamente el apoyo moral de otros empresarios, ya que te ayudará a resolver o poner tus problemas en perspectiva. Sé emprendedor además de empresario.

¿Y si no soy emprendedor? Anímate a serlo, todos podemos serlo en espíritu. Pero ¿por qué no intentarlo en cuerpo y alma si es posible? El del emprendedor es un camino lleno de retos, satisfacciones y grandes dosis de libertad. Ah, y si ves un empresario por la calle un poco decaído, muestra tu interés y apoyo: que a él le vaya bien es la única forma de que nos vaya a todos mejor.

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