Paso a 'la Autoridad'
Fue María Antonia Martínez, por entonces, año 1993-94, presidenta de la Comunidad Autónoma de Murcia, la que lanzó un elogio insospechado hacia Adrián Ángel Viudes, el que un par de años después sería presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena. El PP necesita recuperar gente válida y brillante como Viudes, vino a decir la entonces líder regional de un partido, el PSRM-PSOE, que nunca se ha caracterizado por ponerse excesivamente sentimental con los adversarios. Claro que a lo mejor no era tanto un piropo a Viudes (que venía de la vieja UCD) como la fina sugerencia de que el PP emergente al mando de un joven sin mucha experiencia llamado Ramón Luis Valcárcel había dejado fuera a los mejores.
Sin embargo, cuando Valcárcel llegó al poder, debió recordar lo dicho con buena o mala idea por la que él llamaba "la señora Martínez". Un viernes, en una comida que celebrábamos en aquellos años periodistas murcianos, murcianos a secas y otra gente de mal vivir en el bar "Continental", a la que asistieron Valcárcel y aquel al que elogió la señora Martínez (eran tiempos distintos, en que la gente importante tenía costumbres poco importantes), se hizo oficiosa la designación "in pectore" de Viudes para un Puerto de Cartagena que por entonces, paradójicamente, casi vivía de espaldas al mar. Estando presente en aquella comida, asistí al nacimiento de todo lo que vino después.
Y lo que vino fue una larguísima ejecutoria de Adrián Ángel Viudes en una Cartagena a la que se tuvo que ganar por ser "murcianero". Con su imponente tronitonancia entre caballeresca y burlona, como de obra de Zorrilla, supo pillar desde el primer momento la querencia a los formalismos y los ritos de una ciudad castigada pero que aún mantenía un marchamo de dignidad militar. Una ciudad que tendía hacia una susceptibilidad que Viudes supo vencer no ya con astucia sino con convencimiento sincero de lo que hacía y decía (realmente, Viudes interiorizó su papel hasta hacerlo indistinguible de su propio modo de ser). No mucho después, Viudes ya ejercía de cartagenero ilustre, y lo más asombroso es que los propios cartageneros del núcleo duro guardador de las esencias lo aceptaron como tal. Para abundar en ello, se marchó a vivir a un piso cartagenero en (lo que debió ser) primera línea con vistas a (lo que debió ser) el mar, y fue quitando esos aditamentos y "pegotes" frente al panorama limpio de su ventana que pusieron en el Puerto gentes sin sensibilidad que preferían mirar tierra adentro, al modo como se hizo en el Puerto de Barcelona años antes. Viudes llegó a nombrarse a sí mismo, en una conferencia, heredero directo de una de las Autoridades Portuarias más antiguas del Mediterráneo, el Carthaginés Amilcar Barca. Esas cosas siempre han gustado mucho en la que antes llamaban "ciudad departamental".
Tengo para mí, además, que Viudes, con toda su gestualidad arborescente y su energía de "dínamo", bastante chocante en un hombre que desde que lo recuerdo siempre ha gastado aspecto de patriarca, hizo que los de Cartagena fuesen conscientes de lo que eran, y de lo que debían de querer. Como siempre decía el ex vicepresidente del Gobierno regional, Gómez Fayrén, autoridades hay muchas pero La Autoridad era la de Viudes.
Por su propio temperamento, no excesivo pero sí digamos rozagante, con una buena porción de orgullo, personal y político (caiga mal o caiga bien -no puede no caer- es imposible decir de Viudes aquello de "tiene motivos para ser modesto"), no me extrañó que no hubiese sitio suficiente en la ciudad como para compartirla con la Alcaldesa de Cartagena, una mujer con una memoria de elefante para las ofensas reales o supuestas -a mí no me habla por no sé qué desde el 98- y paciencia casi milenaria para llevarlas hasta el final. Al final, Viudes ha recibido una fulminante destitución que yo particularmente no presagiaba, en la que jamás hubiese pensado si me represento de nuevo aquella conversación de amigos, de evidente química personal entre Valcárcel y Viudes, sentados en aquellas sillitas diminutas del viejo "Continental", y que se mantuvo sin mácula largos años. La cosa no mereció terminar así.
Está a punto de entrar, si no lo ha hecho ya, como presidente de la Autoridad del Puerto de Cartagena el ex consejero de Obras Públicas Antonio Sevilla, al que le precede una cierta fama de caballero y además tiene el "plus" de que no nació en Murcia. Como buen madrileño, ama perdidamente el mar. Es mucho más de lo que se podría decir de tantos como aparecieron por Cartagena antes de Viudes.






















