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La internacionalización consolida su primer plano político y económico

Al examinar las crisis económicas que nuestro país ha sufrido en el último medio siglo, el nuevo Plan Estratégico de Internacionalización de la Economía Española 2014-2015 hace referencia a que es posible observar que siempre se ha dado un factor común en todas ellas: la trascendencia del sector exterior como motor de salida de las mismas. Podemos remontarnos al Plan de Estabilización de 1959 que inició el proceso de apertura y liberalización de la economía española, la adhesión de España a las Comunidades Europeas en 1986, la integración en la Unión Económica y Monetaria en los 90 y el proceso de entrada en el euro en 2002. Todo esto fue sentando las bases para desarrollar un aumento notable de los flujos comerciales y de capital ayudando considerablemente al crecimiento económico de nuestro país.

 

De vuelta a la actualidad, las exportaciones de bienes y servicios han crecido a tasas muy elevadas durante los tres últimos años y han pasado de representar el 27,2% del PIB español en 2010 a suponer un 34,5% en los nueve primeros meses de 2013 como dispone este nuevo Plan Estratégico, superando a países como Francia, Italia y Reino Unido. En cuanto a 2014, según el Ministerio de Economía y Competitividad, las exportaciones continúan en máximos de enero a abril, creciendo un 1,4% interanual.

 

Los sectores con más peso (50% del total) en la exportación española de bienes, según el estudio realizado en este nuevo Plan, son: medicamentos, química, maquinaria agrícola e industrial, maquinaria eléctrica, metálicas básicas, productos agroalimentarios y textil-confección-moda. Con menos peso pero con una elevada expansión de la demanda mundial destacan los productos metálicos, el equipo de transporte, los productos de minerales no metálicos y los instrumentos científicos y ópticos, sin olvidar el turismo, que supone más del 40% del total de las exportaciones de servicios, seguido por la consultoría, ingeniería y arquitectura, los servicios culturales y los servicios de transporte, informáticos y de comunicación.

 

A pesar de lo positivo de estos datos aún queda mucho trabajo por hacer si queremos continuar en la línea de incrementar y consolidar la competitividad internacional, y es necesario establecer medidas de actuación contra las principales debilidades en nuestra estrategia de internacionalización. Además de la creciente competencia de las economías emergentes en el comercio mundial de bienes y servicios, y del también aumento de la competencia de estas economías emergentes en la captación de flujos de inversión, nos encontramos con otras desventajas como la elevada concentración de nuestras exportaciones en un número reducido de empresas (el 0,1% de las empresas generan el 41,3% de la exportación), la escasa propensión de la PYME  a exportar (el 69,4% de las PYMES exportadoras producen tan sólo el 0,1% de las exportaciones), la insuficiente diversificación geográfica de las empresas exportadoras, la limitada propensión a exportar de algunas CCAA, el precario contenido tecnológico  de muchos productos, la elevada dependencia de la UE (destino de más del 60% de las exportaciones españolas) y la necesidad de mejorar la formación general en las distintas áreas del negocio relacionadas.

 

Teniendo en cuenta estos factores, la Ley 14/2013 de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización, incorpora este Plan Estratégico de Internacionalización de la Economía Española que resumo, el cual se elaborará con carácter bienal y se articula en torno a seis grandes ejes: mejora del clima de negocios y entorno empresarial, mejora de acceso a los mercados, facilitar la financiación, promoción comercial y apoyo a la empresa, estímulo en la cultura de internacionalización y capital humano y fomento de la innovación. Dentro de estos seis apartados principales se encuadran 41 actuaciones concretas referidas a la cooperación público-privada, inversión, emprendimiento, investigación, barreras comerciales, diversificación, acuerdos bilaterales y multilaterales, propiedad intelectual, fiscalidad, avales y garantías, ayudas y subvenciones, promoción comercial, convenios, licitaciones, formación e innovación. Por último, el Plan Estratégico se evaluará con un sistema que permita medir los resultados y estudiar si se cumplen sus objetivos y expectativas.

 

En conclusión, después de más de una década en un segundo plano, el sector exterior vuelve a la actualidad política y económica, y van apareciendo poco a poco nuevas medidas de impulso y apoyo a través de los distintos operadores establecidos. Medidas que deben servir principalmente para  ayudar a PYMES y emprendedores a alcanzar sus objetivos, fomentar la colaboración para conseguir un aumento general de la competitividad y crear empleo estable, cualificado y de calidad, permitiendo el avance y desarrollo de la internacionalización de nuestras empresas de forma equilibrada y consistente en el futuro.

 

Finalmente, es necesario hacer una mención especial a que el Plan Estratégico también introduce, entre sus principios, algunos elementos de relieve a tener en cuenta, y que sin duda irán ganado peso específico en los próximos años: racionalidad y eficiencia en la asignación de recursos, servicio de interés general, coherencia con las normas internacionales y mejores prácticas en materias de lucha contra la corrupción, medio ambiente y responsabilidad social.

 

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