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Opinión |
Martes, 15 de Noviembre de 2011

¿Dónde está mi liquidez? (En clave de humor)

En los últimos tiempos se presta atención a noticias como “la crisis de liquidez más importante de la historia moderna” o “la importancia de la gestión del riesgo de liquidez en las entidades de crédito” y los ciudadanos de a pie se preguntan dónde se encuentra toda esa liquidez que se ha perdido y cómo es posible mejorar su gestión para evitar situaciones como la crisis económica y financiera que nos asola desde hace más de tres años. A continuación, se presentan algunas reflexiones que, tal vez, ayuden a responder a dichas preguntas.

En primer lugar, la sociedad española debe reconocer que, durante los años de bonanza, comió mejor marisco y mejor carne, y bebió muy buenos vinos. También condujo modernos y seguros automóviles, no trabajaba los viernes por la tarde y descansaba en hogares y hoteles más confortables, por lo que una parte de la liquidez perdida debería encontrarse en la buena salud de sus ciudadanos.

Del mismo modo, hemos dedicado mucho tiempo a preocuparnos por nuestro aspecto físico. Durante años hemos ido a los mejores gimnasios, recibido masajes orientales y tratamientos faciales periódicamente, y conocido a estilistas y diseñadores de moda de última generación... luego otra parte de la liquidez debería encontrarse en nuestra buena imagen y alta autoestima.

Los españoles hemos viajado por numerosos países, hemos ido al teatro y a la ópera, e incluso hemos comprado libros como decoración, por lo que también podríamos encontrar liquidez en el incremento de nuestra cultura.

Durante años, los españoles han prestado mucha atención a las celebraciones de bodas, comuniones, bautizos, conciertos, cumpleaños, cenas de Navidad y despedidas de solteros, donde se han relacionado intensamente con otros miembros de su especie, depositando parte de su liquidez en sus amigos y relaciones sociales.

De esta forma, se puede intuir que la liquidez que la población española ha perdido o no encuentra por ninguna parte se encuentra invertida, ironías aparte, en activos intangibles de incalculable valor.

En segundo lugar, y con el objetivo de ayudar a mejorar la gestión de los medios líquidos en el futuro, es necesario profundizar en la naturaleza y las manifestaciones de las situaciones de iliquidez. El Banco de España define el riesgo de liquidez como “la posibilidad de sufrir pérdidas por no tener fondos líquidos disponibles para hacer frente puntualmente a las obligaciones de pago”. Otra definición de este riesgo hace referencia a la imposibilidad de transformar nuestros activos en liquidez sin sufrir importantes pérdidas de valor.

Estas definiciones nos proporcionan dos importantes conclusiones sobre la situación económica, financiera y social actual, así como acerca de una eficiente gestión de la liquidez para el futuro.

La primera conclusión es que los activos intangibles en los que hemos invertido desmesuradamente en los últimos años tienen una elevada iliquidez y, en situaciones de crisis como la actual, su valor de realización es prácticamente nulo, así como las posibilidades de recuperar nuestra liquidez. Traducido al castellano significa que, en momentos de crisis, pánico y falta de confianza, la buena imagen, la elevada autoestima, la cultura y los amigos (que no son los de toda la vida) no son activos improductivos, pero generan pocos flujos de efectivo.

La segunda conclusión tiene los mismos elementos pero en un horizonte temporal más amplio. Hace referencia a que para tener una buena salud basada en una dieta equilibrada, hacer deporte y estar en forma, interesarnos por la cultura (nacional y extranjera) y tener vida social y buenos amigos no es necesario la brutal utilización de tiempo y capital empleado en los últimos años previos a la mayor crisis económica, financiera, social y de principios habida desde no sé cuándo.

Hasta aquí es una reflexión que, si no todos, la gran mayoría de los españoles hemos aprendido tras más de 3 años de crisis y cuantiosas pérdidas patrimoniales. Y le hemos puesto remedio: asumir las pérdidas y trabajar. El “capital” (ajeno y con un alto coste) no nos va a sacar de la crisis, pero el “trabajo” sí.

El problema actual está en el sector público. Y aquí ya no me salen las ironías ni las claves de humor. Tras “derrochar” durante más de una década y vivir con los privilegios de la nobleza de los siglos XVI y XVII, ha llegado la hora de que demuestren que han aprendido las lecciones de esta crisis. Como estamos viendo en otros países europeos, ya no queda tiempo para intentar sacar réditos electorales ni para echarle la culpa al Gobierno Central, ni a nadie. Ahora nos estamos jugando los principales logros de nuestro Estado social: la educación, la sanidad y las pensiones.

Ha llegado la hora de afrontar la realidad. De cuadrar de verdad los presupuestos (y no según estimaciones ficticias de ingresos) y de empezar a pagar las deudas contraídas por nuestras Administraciones Públicas. Porque detrás de cada deuda hay una empresa que está a punto de cerrar y una familia que está pasando apuros.

¡Señores políticos, no queda tiempo!

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