Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Miércoles, 16 de Julio de 2014

Admiración y sorpresa

España es un país que cuando se levanta llama la atención del mundo. Esto lo decía hace sólo unos días el ministro de Hacienda, añadiendo con satisfacción que todos los analistas y todos los informadores económicos del mundo miran a España con admiración y sorpresa.

 

No sorprende oír al ministro Montoro pronunciarse así, de forma tan exultante, encantado de haberse conocido. Nos tiene habituados a hacerlo. Y se agradece recibir un chute de optimismo de vez en cuando. Pero me desconcertó no entender el alcance de sus palabras, que entonces me parecieron difícilmente justificables, salvo en un lejano contexto electoral.

 

En el contexto de las ingenierías, he desvelado mi incógnita y despejado mis dudas. Y no sólo encuentro plenamente justificadas las palabras del ministro, sino que su prudencia ha sido excesiva en este caso, al menos en mi opinión. Vamos por partes.

 

El secretario de Estado de Comercio resaltaba recientemente que España cuenta con cinco de las diez empresas de ingeniería más potentes del mundo y que empresas españolas gestionan el tráfico aéreo de Alemania y del Reino Unido, así como que ingenieros españoles llevan a cabo relevantes proyectos y obras de infraestructura en lugares tan distantes como Asia, América y África.

 

Pero a pesar del poderío técnico de los españoles, en España siguen dormidas o ralentizadas inversiones públicas productivas son necesarias para reactivar la economía o para continuar actuaciones ya iniciadas. Es el caso del Corredor Ferroviario del Arco Mediterráneo Español, en especial en la parte Sur del Mediterráneo. Y en la Región de Murcia destacan, además: la llegada del AVE a la ciudad de Murcia, la Autovía del Bancal, el Plan de Defensa de Inundaciones por Avenidas, la regeneración de la Bahía de Portman o el Puerto del Gorguel.

 

Al daño ocasionado al paralizar estas actuaciones se suma el producido al dejar sin salida profesional a las nuevas generaciones, a pesar de su magnífica formación; al mandar al paro a los profesionales cualificados en materia de infraestructuras; y los perjuicios familiares cuando estos técnicos trabajan en países distantes en busca de océanos supuestamente azules, pero que se tornan rojos con gran frecuencia.

 

De ahí que esta situación llame la atención del mundo y que se mire a España con admiración, por la gran profesionalidad de los españoles, que aportan un alto valor añadido en todo el mundo, y con sorpresa, ante la incapacidad de los gobernantes para remediar esta lamentable situación.

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.