¿Ayudaría una amnistía fiscal?
Necesitamos urgente y perentoriamente financiación para las entidades públicas, para todas ellas casi sin excepción, necesitamos sanear nuestro sistema financiero y esto pasa ineludiblemente por el saneamiento de nuestra banca, y, por último y no menos importante, necesitamos que el crédito fluya a nuestras empresas, a las pequeñas más que a las grandes, porque ellas aportan el 90% de nuestro empleo. No podemos permitirnos perder una empresa más para que no se pierda empleo. Los emprendedores nos ayudarán, no cabe duda, pero ayudar a las empresas que aún luchan por sobrevivir es la única tabla de salvación para esta desastrosa situación nuestra.
Es hora de plantearse si una nueva amnistía fiscal, igual o parecida a la que hubo, lograría encauzar dinero a instrumentos financieros como la deuda pública y privada que cumpliera una doble función: proporcionar respiro a la deuda de entidades públicas y capitalizar a largo plazo a la banca privada. En todo caso, el fin último es que dichos fondos aflorados vayan, vía crédito, a las empresas y que puedan cobrar sus deudas de las entidades públicas. La ley que regulara la amnistía debería conllevar los controles necesarios para que los fondos no se desviaran de los fines necesarios expuestos y, antes de promulgarla, los deberes deberían de estar hechos y los gastos públicos reducidos a los mínimos posibles.
No me hace, personalmente, ninguna gracia hablar de este tema del que estoy visceralmente en contra, pero empiezo a pensar que necesitamos soluciones por malas que sean que puedan acabar con la sangría que tenemos de empleo, que puede sumirnos durante años en estancamientos sin salida.
No habría excusa para exigir a las entidades financieras que presten, debidamente orientadas, el dinero recibido a las empresas que aporten o mantengan empleo y puedan volver a ser viables a medio plazo. Y de paso, a quien hizo los deberes, darle crédito para que pague deudas a empresas (nunca a mantener gasto inútil) y que estas a su vez reciclen y creen empleo.
Más artículos de Eugenio Pedro, en su blog del Círculo de Economía
Es hora de plantearse si una nueva amnistía fiscal, igual o parecida a la que hubo, lograría encauzar dinero a instrumentos financieros como la deuda pública y privada que cumpliera una doble función: proporcionar respiro a la deuda de entidades públicas y capitalizar a largo plazo a la banca privada. En todo caso, el fin último es que dichos fondos aflorados vayan, vía crédito, a las empresas y que puedan cobrar sus deudas de las entidades públicas. La ley que regulara la amnistía debería conllevar los controles necesarios para que los fondos no se desviaran de los fines necesarios expuestos y, antes de promulgarla, los deberes deberían de estar hechos y los gastos públicos reducidos a los mínimos posibles.
No me hace, personalmente, ninguna gracia hablar de este tema del que estoy visceralmente en contra, pero empiezo a pensar que necesitamos soluciones por malas que sean que puedan acabar con la sangría que tenemos de empleo, que puede sumirnos durante años en estancamientos sin salida.
No habría excusa para exigir a las entidades financieras que presten, debidamente orientadas, el dinero recibido a las empresas que aporten o mantengan empleo y puedan volver a ser viables a medio plazo. Y de paso, a quien hizo los deberes, darle crédito para que pague deudas a empresas (nunca a mantener gasto inútil) y que estas a su vez reciclen y creen empleo.
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