Europa: un futuro colmado de desafíos
Seis años después del inicio de la recesión económica en Europa, muchas son las voces que hablan del comienzo de la recuperación, y parece que la corrección de los excesos del pasado comienza a generar un horizonte de optimismo. Atrás quedaron los tiempos en los que la crisis de la deuda soberana amenazaba la supervivencia del euro y el BCE recurría al ‘quantitative easing’, o la impresión y puesta en circulación del dinero empleado para la compra de deuda pública, ya que los mecanismos habituales de transmisión de la política monetaria no funcionaban adecuadamente.
Teniendo en cuenta el escenario actual, Europa se enfrenta al reto de conducir el procedimiento de salida de unas políticas agresivas sin antecedentes. Al no contar con la posibilidad de la devaluación de la divisa, el ajuste ha exigido una “devaluación interna”, con los elevados costes sociales que esto implica, no exentos de polémica. Por otro lado, la debilidad de los sistemas financieros dificulta el adecuado flujo de financiación hacia sectores económicos más dinámicos y productivos, y el nivel de endeudamiento continúa elevado en términos generales, ya que el proceso de desapalancamiento y saneamiento de los balances de los hogares, empresas y gobiernos aún no ha concluido, hechos que continuarán lastrando la recuperación. Aunque los déficits exteriores y fiscales se han reducido y los costes de financiación han caído a niveles más sostenibles, aún contamos con elevadas tasas de desempleo, especialmente en los países periféricos, y esto dificultará un mayor impulso de la demanda interna, absolutamente necesaria para consolidar la recuperación y evitar la amenaza de la deflación, lo que agravaría el peso de la todavía importante deuda pública.
A pesar de que las previsiones de la mayoría de las instituciones internacionales y analistas indican que el crecimiento económico va a afianzarse, y la Comisión Europea espera un crecimiento del 1,2% en 2014 y del 1,8% en 2015, la consolidación de la recuperación en Europa todavía es imprecisa. Es cierto que el papel del BCE ha sido esencial para infundir confianza en el euro y reducir las tensiones de los mercados financieros, sin embargo, el gran obstáculo para el crecimiento es que se pierda la confianza en la moneda única por un estancamiento de las reformas. Las principales amenazas al futuro esperanzador son, resumiendo lo indicado anteriormente: el estancamiento de los precios, la deflación, el elevado desempleo y la disparidad de las tasas de paro entre los distintos países comunitarios, la deuda privada, la deuda pública y el acceso a la financiación de las pymes. También es necesario valorar que la crisis ha producido un aumento de la brecha económica entre los socios más ricos y los más pobres de la Unión Europea, así como ha elevado el índice de desigualdad social entre los ciudadanos comunitarios. Además no debemos desestimar los riesgos políticos como el posible aumento del poder populista, la pérdida de confianza del ciudadano en las instituciones motivada por la corrupción, la posibilidad de que el programa de compra ilimitada de deuda soberana del BCE sea declarado ilegal, el escepticismo sobre la moneda única, o la crisis de Ucrania y su relación con el suministro de energía, obstáculos que también pueden lastrar la recuperación y el crecimiento de la Eurozona.
Dentro de unos años se verá si todos los esfuerzos realizados sirvieron para consolidar una mayor integración de la Unión Europea, capaz de responder de forma unísona a sus retos económicos, sociales y políticos, o por el contrario quedará todo en una quimera, una utopía para divagar en los textos de historia, filosofía, sociología y economía.




















