En marcha a pesar del tráfico
El tráfico de influencias desde el poder público, con la imposición de comisiones en la contratación de obras y servicios, y el desvío de fondos públicos con apropiación indebida es una lacra vergonzante de la Administración Pública, en la de aquí y en la de allá, que perjudica gravemente al administrado, que paga por una obra o servicio que no se realiza como tal. Y que se puede erradicar -o al menos minimizar- si existiera voluntad firme en la clase política.
Se trata de flagrantes latrocinios. Según la RAE, latrocinio es una acción propia de un ladrón o de quien defrauda a alguien gravemente. Los académicos utilizaron el singular y se quedaron cortos. No tuvieron en cuenta la falta de honestidad de quienes usan el poder de sus cargos públicos sin escrúpulos y administran fondos públicos en su propio beneficio y en el de su clan, grupo o familia, lesionando los intereses de los legítimos destinatarios de esos fondos. Nadie pensaba en la existencia de tanto mangante y de tanta desfachatez sin límites.
No sé si el ladrón nace o se hace, ni si la desvergüenza circula entre colegas, al comprobar que casi nunca pasa nada. La verdad es que asistimos a un panorama desolador, tanto por la gravedad de los hechos, como por la falta de vergüenza de los personajes, antes honorables dirigentes y ahora convictos y confesos ladrones.
Ante tanto -y tan considerable- latrocinio y con este país en marcha hacia la normalidad socio-económica, aún tenemos motivos fundados para la esperanza. Descarto el facilón, mediante el cual todos nos convertimos en ladrones con el objetivo de robar al respetable. Y me quedo en una Administración Pública gestionada de forma eficaz, con sus propios controles para mandar a galeras a todos los que roban del arca pública en su propio beneficio, no sin antes devolver lo robado. El partido en el gobierno lo prometió antes de llegar al poder. Parece que se pasó de frenada con la promesa.
Y si seguimos en marcha con tanto trincón pillado, y con trincones pululando aún sin pillar, seguro que este país tendrá una economía boyante cuando nuestros políticos decidan acabar con el pillaje. Echo cuentas con algunos de los casos más sonados y extrapolo con los que corren como pollos sin cabeza. Los números dicen que recuperaremos la senda del crecimiento y que habrá trabajo para todos.






















