El caso francés
El sector español de la construcción -y el de la vivienda en particular- se considera con frecuencia como una de los causantes principales de la crisis y estancamiento de la economía. Por el contrario, y palabra que no es por llevar la contraria, este escribano opina que la construcción es un motor indiscutible de la actividad económica y que debiera potenciarse el sector con inversión pública -nunca dejarlo sin respiración- para reactivar la economía. Pero es preciso reordenarlo a fondo, siempre previo análisis riguroso de malas prácticas, y con patada a los mangantes donde más duele. La construcción puede ser la solución, aunque se utilice con malas artes para generar problemas.
Por desgracia conocemos muchos y aberrantes casos de despilfarro, falta de rigor, dejadez, autoritarismo y corrupción que ponen de manifiesto los numerosos excesos cometidos. Desde promociones privadas de viviendas a medio construir y con el consentimiento tácito de la autoridad municipal en zonas sin calificación urbanística adecuada, hasta proyectos de infraestructuras de supuesto interés público, como aeropuertos que vuelan a ninguna parte o ciudades del medio ambiente a medio edificar que ahora sólo sirven de palomares a las tórtolas del entorno. Pasando por los abusos -no supuestos, sino conocidos- del proceso de adjudicación de las obras, cuyo porcentaje -el tres, el cinco o el veinte- ha puesto de manifiesto la ausencia de escrúpulos de toda una clase política supuestamente honorable.
La construcción no debe ser demonizada, ni por estos casos, ni por otros similares. Al revés, debe ser protegida mediante un efectivo cortafuegos que envíe a galeras a todos aquellos que pretendan lucrarse de ella de forma deshonesta, previa devolución del lucro obtenido. Adoptando siempre las necesarias garantías de sostenibilidad y rentabilidad de la inversión, excluyendo injustificados caprichos de los próceres aspirantes a líderes para la eternidad.
Desde aquí -y con la que está cayendo- se considera acertada y digna de aplauso la reciente decisión del primer ministro francés al presentar el Plan de choque para reactivar la construcción: “El Gobierno está determinado a revitalizar el círculo virtuoso de la vivienda, la construcción de obra pública y la transición energética”.
Enhorabuena por la apuesta, ministro, y mucha suerte con el Plan.





















