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Opinión |
Martes, 16 de Septiembre de 2014

Treinta y uno (o setenta y dos)

Llevó varios días masticando, engullendo y asimilando números, manías postvacacionales o el ‘jet lag’ de la realidad. ¿Cómo escapar de este síndrome? Datos y más datos, estadísticas, previsiones macroeconómicas, perspectivas y prospectivas, contradicciones en forma de guarismos que al tiempo que incitan a creer en la recuperación de las recuperaciones, a más de uno le estremecen el alma. Pero, ¿en qué quedamos?, ¿estamos al final del principio, o al principio del final? ¿Es el final del comienzo de la reactivación, o el inicio de la agonía de la malhadada crisis? Tomen los números como quieran; y hagan cábalas. Cojan, por ejemplo -y ya es tener arrojo- los datos del paro de agosto, escrútenlos con esmero... y si superan la prueba, invoquen a su divinidad preferida.


Porque existen cifras esotéricas y números cabalísticos, ¿quién lo duda? Así hay quienes alaban al 7, de omnipotencia tan inescrutable, como otros temen al 13 y todas sus maléficas profecías. Pero con los números todo es posible, hasta el circense 'más difícil todavía'. De este modo, no ha mucho tiempo, algunos intrépidos incluso osaron darle la vuelta al nefando 13 y encontraron un reluciente 31. Sucedió hace un año, en el tórrido agosto del 13; inopinadamente, las magias blanca y  negra se unían para dar a luz un 31 rubicundo de dorados reflejos, que decían representaba el mejor dato de agosto de un paro que ni remitía entonces, ni parece que remita ahora con la intensidad que todos desearíamos. Se nos vendía, hace un año, que esos 31 parados menos constituían un récord digno de olímpicos héroes. Los asesores de comunicación que este Ejecutivo tiene, con enorme sueldo pero menguadísima autonomía, no supieron frenar el dislate que suponía airear como un logro sin precedentes una cifra tan ridícula.


Doce meses después, esos 31 privilegiados se confunden en la neblina del recuerdo, son glorioso pasado. Al final van a resultar ciertos los augurios gubernamentales, y aquellos 31 magníficos delimitan una frontera cuasi imposible de superar en las agosteñas postrimerías. Porque este último agosto nos ha arrojado ocho mil parados más, y 97.500 afiliados menos a la Seguridad Social, con lo que se ha quebrado la tendencia positiva de todo un semestre, en el que, de súbito, algunas campanas empezaron a repicar. Y ya se sabe que nunca hay que preguntar por quién doblan las campanas.


En nuestra Región, tan necesitada de buenas noticias, también resonaron sus sones. Mas se han atenuado -que no apagado- con las notas de septiembre, que son las de agosto. Empero supone ardua misión tener que justificar la existencia de 2. 710 nuevos desempleados, mientras en la Seguridad Social se han volatilizado casi 12 mil cotizantes. De esta incierta suerte, el número de parados en la Región de Murcia al término de este agosto del 14 se situó en 141.811 personas, todas ellas con nombre, apellidos y su correspondiente número de identificación fiscal. Murcia se apuntó así la mayor subida por comunidades autónomas en términos porcentuales (1,95%), seguida de Valencia (1,41%%) y El País Vasco (1,07%). Nos sirve de consuelo, no obstante, constatar que en el último año han salido de las listas del paro 9.341 personas, un 6,18%, lo que constituye el tercer menor descenso por autonomías.


En definitiva, más de nueve mil ciudadanos están de moderada enhorabuena (habría que calibrar la calidad de sus empleos), pero casi 142 mil siguen en la ignominiosa lista. A este paso, tan premioso, nos puede costar varios lustros volver a una situación más lustrosa y menos indigna. Por mucho que el veleidoso agosto se haya caracterizado tradicionalmente por la destrucción de empleo, sería de una irresponsable temeridad no valorar las causas y consecuencias de los resultados de este agosto del año primero de la recuperación, que según Croem han sido peores de lo esperado. Y si lo dice la patronal, no seré yo el que sostenga lo contrario.


Así las cosas, el consejero de Economía, Francisco Martínez Asensio, confía en que el nuevo decreto sobre medidas tributarias y simplificación administrativa, que presentó a primeros de septiembre en la Asamblea, consiga reducir entre un 10 y un 15% el desempleo en la Región en sólo cuatro meses. Eso es confianza; lo demás fe, esperanza y también caridad. Cerca de 20.000 murcianos saldrían del paro en el último trimestre del año si se cumplieran tales previsiones.

Sin embargo, estas medidas deberían insuflar un efecto multiplicador fulminante, porque los últimos datos no son halagüeños, máxime si tenemos en cuenta que la creación de empresas en Murcia cayó un 21,5% en julio, según el INE. Este nuevo revés estadístico implica que somos la segunda comunidad con un mayor descenso, sólo por detrás de Canarias con un 22,3%. Y, por si fuera poco, además de crearse menos empresas también mueren más; de esta guisa, figuramos en segundo lugar en mortalidad empresarial con un incremento del 9,7%.

En fin, estadísticas, porcentajes y guarismos que son sólo cifras cabalísticas; y con los números -lo mencioné al principio-, somos capaces del más difícil todavía. En consecuencia, les invito a mi particular triple salto mortal: puesto que ya añoramos la dicha del 31, al menos reconfortémonos con el 72, que cuantifica la reducción del paro en Cartagena, en medio de las tribulaciones agosteñas. Pese a la estacionalidad, el veto ruso y otros imponderables, 72 parados menos en la ciudad portuaria; 2.710 más en la Región: todo un enigma.

 

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