Infraestructuras sin ingeniería
Pues sí, ese absurdo parece que se consiguió hace ya más de una década en el Gobierno de Aragón con el proyecto Plaza, el proyecto estratégico más importante de esa comunidad. Hoy nos enteramos los de a pié que los de a caballo hicieron de las suyas para conseguir multimillonarios excesos en los importes de las obras, aunque el procedimiento fuese tan burdo que ofende a la inteligencia. Y los informes periciales no dejan lugar a dudas.
Si un proyecto adjudicado en 46 M€ acaba costando 204 M€, pudiera ser que la ingeniería aplicada ha sido muy deficiente, de pena vamos, y que el proyecto ha sido redactado por profesionales incompetentes. Pero si al menos 94 M€ de los 158 M€ de sobrecoste se corresponden con irregularidades detectadas a primera vista -incremento no justificado de mediciones, certificaciones de obras no ejecutadas y otros-, parece claro que se trata de otro tema. Tan claro como que hasta el momento los imputados llegan a la treintena.
No sabemos si durante la ejecución de las obras se realizaron trabajos de ingeniería para la Asistencia Técnica en la Supervisión y Control de las Obras. Seguramente sí, aunque mucho nos tememos que los informes técnicos elaborados aún no habrán visto la luz, ya que el rigor en las certificaciones de obra brilla por su ausencia.
¿Se pueden realizar infraestructuras sin ingeniería? Claro que sí y a las pruebas me remito, pero obtendremos los resultados ya conocidos. Y no queremos eso, al menos los de a pié no.
Pero las infraestructuras necesitan un papel relevante de las ingenierías, y no el de comparsas precisamente. Es ya conocido que una buena labor de ingeniería -no la más barata en coste, sino la mejor en diseño y rigor técnico, siempre con voz propia- reduce e incluso elimina desmanes como los de Plaza, desmanes que ya se iniciaron en el proceso de adjudicación, un dedazo en toda regla, cuyas consecuencias pagamos los de siempre.
Necesitamos buenas infraestructuras y a un precio justo. La inversión en ingeniería es una magnífica inversión, rentable y económicamente sostenible. ¿A qué esperamos?





















