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Opinión |
Jueves, 09 de Octubre de 2014

La encuesta de MurciaEconomía, una prueba de la desafección

Durante los dos últimos días, este periódico ha publicado una encuesta dividida en dos aspectos: percepciones económicas y percepciones políticas.


Respecto a la primera parte, obviamente los datos no han dejado sino traslucir que ‘macro’ y ‘micro’ no van de la mano; que el aparente crecimiento de las grandes cifras y la recuperación del PIB no solo no está llegando aún al bolsillo de los murcianos, si no que ni siquiera hay percepción de que la recuperación haya comenzado.

 

Desconfianza, es la palabra. La encuesta revela que 74 de cada cien encuestados no cree ni en promesas ni en anuncios. Recelan de la publicada rebaja de impuestos para el año próximo y otro tanto ocurre con que los recortes en inversión, sueldos públicos y otras reformas hayan servido o estén sirviendo para aminorar los equilibrios –tanto ingreso = a tanto gasto-.

 

¿Y qué ocurre cuándo política y economía forman un tándem? Pues que la percepción mayoritaria es que la estabilidad política es fundamental para alcanzar la estabilidad económica. O, al menos, así lo creen los encuestados de mayor edad, porque es en los más jóvenes en los que más está arraigada la desafección.

 

Esta afirmación puede comprobarse en la segunda parte de la encuesta sobre la realidad política regional.

 

Alberto Garre, presidente de la Comunidad Autónoma desde hace cinco meses,  ha logrado ser conocido por el 48,9% de la población encuestada; un conocimiento que llega al 63,9% entre las personas mayores de 60 años, o del 57% entre los de más de 45. Sin embargo, es significativamente bajo entre los menores de 30 años (un 26,8%), lo que demuestra ese claro alejamiento de los más jóvenes de la política; un evidente problema no solo debido a una cuestionada educación; si no a la falta de mensajes, soluciones y respuestas de la clase política en general a las demandas de uno de los colectivos más vulnerables a los reveses económicos.


Dicho de otro modo, la política al uso no ‘engancha’ a los jóvenes, y esto tienes sus riesgos. Véase, por ejemplo, el caso de Podemos y cómo su letra y música –aun desacompasada y de mensajes imposibles- generan simpatías en estos colectivos.


En el campo de lo concreto y territorial, que la mitad de la población no conozca a Alberto Garre es extrapolable al resto de los dirigentes de los partidos murcianos; y no un fenómeno que afecte en exclusiva a un presidente, que obtiene en estos momentos la mejor valoración (casi un punto por encima del resto) de los rostros más visibles de las otras formaciones con representación regional o municipal.


Sorprende también, y en esto deberían tomar nota los populares, que los ciudadanos (los no alejados de la política, claro) quieren saber cuanto antes quienes serán los candidatos para unas elecciones que, al fin y al cabo, están a la vuelta del año próximo.


Y en este sentido, aunque en las respuestas a la encuesta se aprecia una mayoritaria indiferencia sobre el candidato popular, entre quienes sí se ‘mojan’ son mayoritarios también los que responden abiertamente que Alberto Garre.

 

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