El agua es vida
Nota de la Redacción: Alberto Castillo, que hoy se incorpora como colaborador de MurciaEconomía, ha bautizado con el nombre de 'El Arca' esta columna porque, en su día, fue el titulo del primer programa que realizó para una cadena comercial. La desaparecida Radio 80 que, posteriormente, pasaría a ser la emisora en Murcia de Antena-3 Radio.
El Arca se emitía de lunes a viernes de 16.00 a 19.00 horas y todo su contenido estaba relacionado con Murcia. Incluso la musica que se utilizaba en el programa era toda ella de la tierra. La sintonía de entrada, sin embargo, era 'La marcha del Toreador' de la opera Carmen de Bizet en la versión que por aquellos años de inicio de los ochenta popularizó el compositor y arreglista español Luis Cobos.
Aquel programa, todavía hoy, se recuerda con cariño y ha quedado grabado en la memoria de muchos de aquellos seguidores que en su día tuvo.
Alberto ha querido rendir homenaje a aquella radio de sus comienzos, rescatando del olvido el nombre del programa, y a la misma vez hacer una declaración de principios ya que todo cuanto se publique a partir de ahora, en su comentario, tendrá relación con Murcia. Su pasado, presente y futuro. En su columna, Murcia, será la protagonista.
EL AGUA ES VIDA
En el reloj de la torre acaban de dar las doce de la noche. Todo es quietud y silencio en derredor de la iglesia de la pedanía. Solo se escucha el rumor del agua que sale de la fuente en mitad de la plaza. Mortecinas luces, la nueva moda por el ahorro energético, dibujan variopintas sombras en las fachadas de este poblado huertano. Se ven, en ventanas y balcones, reflejos de vida de sus moradores que a esas horas deciden seguramente entre buscar el merecido descanso en el lecho o bien permanecer despiertos ante el televisor.
Es entonces cuando aparecen en la plaza un hombre y una mujer. Son jóvenes todavía. Van tirando de un carrito de la compra y se acercan a la fuente. Sacan varias garrafas de plástico y se disponen a llenarlas. En total son siete envases de cinco litros los que llenan y dos o tres botellas de litro y medio de una conocida marca comercial.
Cuando, el preciado líquido, ha llenado los recipientes se marchan por el mismo lugar que han llegado. Por la misma calle.
La escena me recuerda una secuencia de aquella inolvidable película de Luis García Berlanga, “Plácido” (o “Siente un pobre a su mesa”) que con el ácido humor del cineasta diseccionaba la España “vencedora” burlando a la censura franquista y ofreciendo un retrato caricaturesco de una sociedad falsa e hipócrita.
Pues aquellas escenas, en blanco y negro, vinieron a mi mente contemplando a esa joven pareja llenando de agua garrafas y botellas.
Pero estamos en dos mil catorce. La dictadura es recuerdo. Luis García Berlanga, por desgracia, murió y España dice ser un país desarrollado aunque no es menos cierto que la pobreza campa por todos lados y muchas veces, demasiadas quizá, esta situación social se asemeja aquella de los años del “blanco y negro”.
He seguido la pista de esta pareja. Les llamaré Carmen y Juan. Tienen 38 y 32 años. Están, ambos, parados y viven del tristemente celebre subsidio de ayuda con apenas cuatrocientos euros. Tres hijos. Hacen toda clase de “ñapas” para ganar unos euros extras que añadir al dinero estatal. Son asiduos de Cáritas parroquial, en la pedanía, y comen gran parte de los días gracias a la desinteresada ayuda de la iglesia. Me cuentan que han recurrido también, a Jesús Abandonado y a los amigos y vecinos que siempre tienen un “platico caliente” para los críos. La ropa también es de Caritas en su mayoría e incluso los libros del colegio de los dos chiquillos mayores se los ha proporcionado el cura al que, por cierto, adoran.
¿Qué ocurre con el agua? Pues que no pudieron hacer frente al pago de un recibo, al que se sumaron otros, y la pelota se hizo descomunal. Imposible afrontar la deuda. Necesitaban todo el dinero del mes y todavía les quedaba deuda. La Empresa del agua les cortó el suministro tras varios avisos por impago.
Reunieron parte del dinero al objeto de ir quitando deuda pero en la empresa municipal no contemplaban esta posibilidad y fue imposible que les atendieran en su demanda. Cuando ya pensaban que tenían todo resuelto, la Empresa, les solicitó ciento ochenta euros. Sí lo han leído bien, ciento ochenta euros para restablecer el servicio. Aparte de la deuda lógicamente. Una barbaridad.
¿No han pensado que si una familia tiene apuros económicos para pagar el recibo del mes es imposible que puedan hacer frente al “enganche” de suministro? ¿No se puede perdonar este pago? ¿Estamos tan faltos de sensibilidad? ¿No hay nadie capaz de remediar semejante dislate? ¿Si no tienen para pagar sesenta o setenta euros al mes van a ser capaces de pagar la deuda acumulada mas los ciento ochenta? De locos.
Las autoridades municipales, es empresa participada por el ayuntamiento correspondiente, debería tomar cartas en el asunto y mediar para que este sobre pago por el suministro sea retirado en estos casos flagrantes de pobreza extrema. Cualquier certificado del párroco, de Caritas o del pedáneo debería ser suficiente para eximir a estas familias de tan gravoso sacrificio.
Algo habrá que hacer y de ahí mi comentario y mi denuncia. Todo lo que esté en las manos de los munícipes. Todo. Antes que consentir que estas personas, me dicen que existen muchos “juanes y cármenes” por las pedanías de Murcia, se vean privados de algo tan necesario como el agua.
Esta pareja, por desgracia, se abastece del agua de la fuente de la plaza de la iglesia. Con ella friegan los platos, lavan la ropa de sus hijos (“limpios como los chorros del oro los tengo, señor” me dice Carmen) calientan cazos para que las criaturas se “duchen” todas las noches y vayan limpios a sus humildes camas y con ese mismo agua friegan el suelo de la casa.
Puede parecer, como les comentaba, una secuencia de “Plácido” pero no lo es por desgracia. Es la pura realidad de la pobreza que ha hecho acto de presencia colocando a España en segundo lugar europeo en el triste ranking de los países mas desfavorecidos. Es la cruda imagen que hoy, por mucho que se quiera ocultar, tenemos al lado mismo de nuestras casas y que viven nuestros vecinos.
Pero este caso concreto, estos casos pues hay muchos, tienen fácil solución. La Empresa debería retirar este pago de enganche de suministro con la mediación del Ayuntamiento capitalino a estas personas, pobres de solemnidad, que no tienen dinero para hacerles frente. El agua es vida. No condenemos también a las inocentes víctimas de un sistema que se ha cebado con ellos.





















