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Opinión |
Lunes, 13 de Octubre de 2014

¿Se ha roto la magia de los bancos centrales?

Cuando hace una semana afirmábamos en nuestro último comentario que la volatilidad iba a continuar a lo largo de octubre y que veríamos caídas adicionales de las Bolsas en octubre y en el cuarto trimestre, no teníamos en la cabeza movimientos tan extremos ni caídas tan intensas como las que hemos visto estos días. Efectivamente, la segunda semana de octubre, una semana llena de contenido, ha devuelto a las Bolsas la vitalidad y volatilidad que parecían perdidas, aunque haya sido a costa, lamentablemente, de fuertes correcciones en casi todas las plazas. Caídas del 3% en el S&P, del 4,5% en el Eurostoxx, del 4,4% en el Dax, del 2,6% en el Nikkei y del 4% en nuestro Ibex. Solo se han librado de las caídas algunas Bolsas emergentes, como la de Shanghai.

 

Los dos ejes sobre los que ha pivotado la semana han sido las dudas sobre el crecimiento futuro de la economía y el creciente escepticismo en torno a la acción de los Bancos Centrales, que son los dos grandes temas que van a decidir el futuro de las Bolsas tanto a corto como a medio plazo. Y la sensación final, aparte de las ya mencionadas pérdidas, que se suman a las de las dos semanas previas, es una sensación muy grande de desorden y desconcierto entre los inversores. Un desorden que contrasta con la pretendida "estabilidad" que deseaban los banqueros centrales para los mercados financieros.

 

La primera inquietud de los inversores es el crecimiento. Alemania, la primera economía europea, parece estar pinchando. El lunes se supo que los pedidos de fábrica de agosto en Alemania se desplomaron un 5,7%, la mayor caída desde 2009. El martes la noticia fue la producción industrial alemana de septiembre, que arrojó también el peor dato desde 2009, y el miércoles fueron las exportaciones alemanas de agosto las que, con su caída, alertaron sobre la posibilidad de que Alemania entre en recesión si su PIB vuelve a caer en el tercer trimestre.

 

A nivel global, el FMI rebajó el miércoles las previsiones de crecimiento para todas las economías, salvo EEUU y China, y fue especialmente negativo con la zona euro, evaluando en un 35% las posibilidades de una tercera recesión para la eurozona, sin descartar incluso la entrada en deflación.

 

Pero lo más llamativo ha sido el traslado de esos temores sobre el crecimiento a la economía norteamericana. Lo cual constituye una novedad ya que hasta ahora el foco estaba puesto en la atonía económica de la zona euro y no se había cuestionado (ni siquiera como hemos dicho el FMI lo hace) el crecimiento de la principal economía del mundo. Un discurso de Draghi en Washington el pasado jueves, en el que volvía a insistir en el preocupante estancamiento de la zona euro, puso encima de la mesa el posible contagio de la zona euro a EEUU y fue el detonante de un recorte fuerte de los índices americanos, que el día anterior habían subido con fuerza al calor de las actas de la Fed.

 

Lo curioso es que hasta ahora los datos que mostraban un crecimiento poco vigoroso de la economía norteamericana, hacían subir a las Bolsas americanas, al pensarse que la Fed tardaría más en subir tipos. El pasado jueves, sin embargo, la idea de un crecimiento económico a la baja fue, aparentemente, el motivo de una muy brusca caída de los tres grandes índices americanos (S&P, Dow y Nasdaq), caída que se inició a media sesión del jueves y se prolongó hasta el cierre semanal en la sesión del viernes.

 

Este cambio de sentimiento de los inversores conecta con el segundo de los grandes temas que nos ha dejado la semana pasada, a saber, el creciente escepticismo en torno a la acción de los Bancos Centrales. Los inversores han tenido hasta ahora una gran fe en los banqueros centrales, en su eficacia y en su capacidad. Una fe que volvía a evidenciarse el pasado miércoles cuando se publicaron las actas de la Fed reflejando que una amplia mayoría de su Consejo es partidario de mantener los tipos a cero todavía durante un tiempo más. Nada más publicarse las actas, el Dow, el Nasdaq y el S&P empezaron a subir y el Dow terminó subiendo 270 puntos, la mayor subida del año, tras la caída del martes.

 

Pues bien, el jueves hubo una segunda lectura de las actas de la Fed y la debilidad del crecimiento pasó de pronto a ser una preocupación para los inversores. Esto nos podría indicar un cierto escepticismo de los inversores respecto a las políticas de expansión monetaria cuantitativa de los Bancos Centrales. Un escepticismo que aún no llega a dar por agotado el modelo de inyecciones de liquidez y tipos cero, pero que abre la primera grieta en la muralla de una fe hasta ahora sin fisuras en los Bancos Centrales. ¿Se ha roto el idilio de los inversores con los Bancos Centrales?

 

Los sucesivos giros de las Bolsas americanas a lo largo de la semana dejan, como antes decíamos, una sensación final de desorden, de confusión. El martes el Dow Jones tuvo su cuarta mayor bajada del año, al día siguiente firmó la mayor subida del año y el jueves y viernes cayó trescientos puntos. Unos movimientos que indican la desorientación a la que han llegado los inversores. Sería verdaderamente irónico que con su deseo de "estabilización" de los mercados los Bancos Centrales terminen provocando una volatilidad desordenada, algo a lo que parecen apuntar los movimientos de estos días.

 

El dinero se ha vuelto a refugiar en los bonos, los de mayor calidad y los de menos calidad, y hemos visto por ejemplo cómo el bono a cinco años alemán paga ya solo el 0,15% y cómo el bono a cinco años del Tesoro español está ya por debajo del 1% y el bono a diez años en el 2%, mientras la deuda soberana española no deja de crecer. Tal vez ahí se esté generando otra fuente de inestabilidad futura.

 

Es difícil prever qué va a pasar a corto plazo ya que cualquier cosa es posible en unas Bolsas tan erráticas. Las alternativas son o un desplome mayor o un rebote, aunque sea técnico. Aun a riesgo de equivocarnos, y a pesar del pésimo cierre a última hora del viernes de las bolsas americanas, apostaríamos en el corto plazo por un rebote. Los resultados empresariales que empiezan a publicarse, con nombres como JP Morgan, Citi, Google, Bank of America, Goldman o General Electric, entre otros, y los bajísimos tipos de interés de los bonos, serán, a nuestro juicio el principal argumento de ese posible rebote, que se verá también apoyado por la expectativa de que el BCE lance la compra de activos (QE) en su reunión de noviembre.

 

Más allá del corto plazo, lo sucedido la semana pasada encierra lecciones para el medio plazo, la principal de las cuales es a nuestro juicio que el ciclo alcista del S&P que se inició en marzo de 2009 y que tuvo un gran impulso con las políticas de los Bancos Centrales a partir de verano de 2012, está seriamente tocado, y puede estar viviendo sus últimas fases.

 

No creemos que los máximos anuales se superen este trimestre, por más que Draghi haga honor a su promesa del "whatever it takes" y ponga en marcha su QE, y también nos parece improbable que el S&P vuelva a situarse este año de nuevo por encima de los dos mil puntos, que podrían convertirse en un serio "techo" de este mercado alcista.

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