España llega a la minoría de edad
El otro día repasé otra vez, con la obsesión que me caracteriza por recoger del suelo todas las piezas de mi vida, esa película de hace un decenio que es 'Master and Commander, al otro lado del mundo'. Va sobre viejas batallitas de barcos, con erudita reconstrucción histórica, de las que cuestan dinero. Qué recreación también de la mentalidad de la época. Ese absoluto tratamiento de adultos que se le daba a los niños a principios del siglo XIX. A un preadolescente a bordo de un barco de guerra inglés de la época napoleónica se le daban honores de persona mayor. Se lo tomaba completamente en serio. A cambio, el niño tenía responsabilidades de adulto, sin contemplaciones. Debía demostrar adusta presencia ante la coditiana muerte. Ningún niño se creía inmortal. Ninguna infancia era un reino encantado sin intromisiones de realidad. Qué melancolía cuando se compara con la sociedad española de hoy, la situación de minoría de edad, tal vez permanente, al que hemos llegado. Adultos que desean ser considerados como niños por el Estado. Y como tales, todo el día de pataleta, pidiendo responsabilidades y dimisiones por no vigilarlos lo suficiente cuando se ponen en situación de peligro. El niño que mete los dedos en el enchufe llora y siente resentimiento contra los mayores. Porque le advirtieron pero no se lo impidieron.
La crisis del ébola es el último estadio de la 'niñificación' de la sociedad española. Una auxiliar de enfermería de 44 años comete un pequeño error humano de los que nadie estamos libres y, saliéndose de las instrucciones recibidas, se roza la cara, contagiándose con grave riesgo para su vida. Después, una ola niñificadora, de origen televisivo, ha recorrido España, negando la posibilidad de los accidentes y los errores humanos y eliminando la responsabilidad de todos excepto de las autoridades. El responsable es el Gobierno, gritan. Cómo no estar de acuerdo: conociendo el tipo de sociedad de mentalidad de guardería que pastorea, el Gobierno español debió tener previsto que aquí detrás de cada ciudadano, en todo momento, debe de haber una persona mayor tutelándolo. Una persona mayor del Gobierno. No ya mientras se desviste del traje de seguridad, sino siempre. El Gobierno, torpe, debió saber que es mejor que nuestros muertos mueran en otros países, sin traerlos moribundos hasta aquí: en otros países la gente se muere porque sí, y aquí siempre se muere al final, en cuanto rascas un poco, por culpa de un Gobierno de Derecha. Para evitar que lo acusen de incompetencia, prepotencia y deshumanización, aquí el Gobierno debe hacerse responsable de lo que hasta los niños del siglo XIX se responsabilizaban personalmente. Aquí cae un rayo sobre alguien y la culpa es del servicio meteorológico, por no haber quitado de ahí a esa persona a tiempo.
El buen Pueblo español ha encontrado la clave de toda esta cuestión del ébola: los del Gobierno “dejaron sola” a la auxiliar de enfermería, sin impedirle que siguiera mal las precisas instrucciones recibidas. Es verdad. ¿Cómo se le ocurre al Gobierno suponer que puede dejarnos solos un solo momento? Así, todo lo que pueda ir mal irá mal, y todo lo que pueda ir bien irá igual de mal. Sin embargo, cuando se habla de que se le está echando la culpa a “la parte más débil” de esta crisis, refiriéndose a la auxiliar de enfermería, yo entiendo, por el contrario, que la parte más débil es por supuesto el Gobierno.
La primera carta pública del marido de la auxiliar pidiendo la dimisión de un alto cargo que tampoco sabe en qué país vive, el altanero y antipolítico consejero de Sanidad madrileño (un modesto objetivo, por el momento) ha hecho tambalearse las estructuras. Un par de misivas más y, aunque lo del ébola se resuelva según los protocolos internacionales, tendrá en sus manos al Gobierno. De momento Ada Colau, la de los escraches, ya ha dicho que tenemos un gobierno que ha importado el virus en España para cometer genocidio.






















