El amor en los tiempos del ébola
Vaya por delante que la ocurrencia del título no es mía, se la he copiado a unos señores del Facebook que se hacen llamar “Follar en tiempos revueltos”, aunque, ahora que lo pienso, puedo estar confundida y habérselo visto a los de “Página de Mierda.COM”. En realidad, para ser sincera, en lo relativo a la fuente, puede decirse que nado en la ignorancia, porque estas tontunas chistosas se contagian más que el mismo ébola y se van pasando de un sitio a otro, con lo cual, el origen, se hace difícil de clarificar; o sea, parafraseando a Ana Mato en sus últimas declaraciones, “todo queda abierto”.
Una vez acreditado, por tanto, que dispongo de los mismos conocimientos sobre el tema que la mismísima ministra de Sanidad, sigo opinando alegremente sobre el asunto.
He observado que el juego de palabras, esto es, sustituir “cólera” por “ébola”, no se limita simplemente al título, pues si se rememora la famosa novela de García Márquez, se hallan muchos otros paralelismos con la situación actual. Por ejemplo, en el libro, la entrega de una carta, es el detonante de que el protagonista conozca al amor de su vida. ¿Se habrá sembrado la semilla de un amor eterno entre Teresa y el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, al disculparse este último con la primera por este procedimiento tan románticamente anticuado?
Se da también en la novela, la curiosa coincidencia de que el tercero en discordia, esto es, el marido de la protagonista, es médico, poco amante de los animales y que su mascota, que en este caso no es un perro, sino un loro, cumple un papel fundamental en su vida, acarreándole la muerte, al médico, no a la mascota, punto en el cual reconozco que difiere sustancialmente la cosa.
Cartas, médicos, mascotas, no hay que ser un lince para apreciar que la historia de Teresa comparte semejanzas con la famosa obra del escritor colombiano, expuesto lo cual no se descarta que se masque un romance entre ella y el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Y ya puestos, sería absolutamente ideal que este amor germinara cuanto antes, para que Teresa le diera muchos besos apasionados en la boca, para afianzar la relación y un buen contagio. Con la pinta de animal que se gasta este señor seguro que acaban sacrificándolo.
Todo esto dicho desde el cariño, para ahorrarle la deshonra de que dimita.
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“Corazón colgante”, Jeff Koons.






















