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Opinión |
Jueves, 06 de Noviembre de 2014

Los riesgos de la expansión internacional

Muchas empresas españolas han dado el paso de la internacionalización en la última década, en la que los procesos de adquisición de compañías, la apertura de filiales en diferentes países o la simple exportación de sus bienes y servicios se han convertido en algo habitual.

 

La aparición de áreas con fuerte potencial de crecimiento, la innovación tecnológica y los procesos de liberalización han hecho posible la apertura comercial de nuevos mercados que han favorecido este proceso. A ello se ha unido en los últimos años la crisis económica del mercado interno español, ya que en muchas ocasiones las empresas ven en sus proyectos de inversión en el exterior una alternativa no sólo de desarrollo sino incluso de supervivencia.


La internacionalización de la actividad debería poder aumentar la rentabilidad de las empresas españolas y ayudar a hacer crecer sus negocios de forma sostenible, pero para ello es imprescindible una correcta gestión de los riesgos e inversiones.


La inseguridad en el traslado de mercancías, la seguridad de las personas desplazadas al extranjero, el cumplimiento normativo específico en los países de destino y, sobre todo, el no cobrar por los bienes y servicios prestados en el país destino, son algunas de las principales preocupaciones de las empresas con actividad internacional.


Estos aspectos pueden ser cubiertos con distintas soluciones aseguradoras, como seguros de crédito para posibles impagos; seguros de salud, asistencia en viaje o protección en el caso de los expatriados; coberturas adicionales en los seguros habituales de transporte para el traslado de mercancías inusuales o de alto valor, y el apoyo de consultores globales especializados en cumplimiento normativo.


Principales Riesgos
Los riesgos a los que está expuesta una organización en su actividad internacional son determinantes, ya que pueden ser críticos en el éxito o fracaso de la estrategia de negocio adoptada, y deben ser conocidos y evaluados previamente antes de la apertura de nuevos mercados. Atendiendo a la naturaleza del riesgo, pueden clasificarse en cuatro grandes grupos:

  • Riesgo país: Riesgos legales relacionados con el cumplimiento normativo en el país destino (aranceles, impuestos, medioambiente; legislación relativa a la producción, envasado, etiquetado y distribución; legislación laboral; regulación publicitaria y promocional; etc.) y riesgos procedentes de la inestabilidad del mismo (revueltas, terrorismo, guerras civiles, etc.).
  • Riesgos Financieros: Riesgos derivados de la fluctuación del tipo de cambio y del tipo de interés, así como el riesgo de liquidez o financiación por no poder hacer frente a las deudas contraídas.
  • Riesgos Personales: Riesgos derivados de la salud y el bienestar de los trabajadores desplazados (enfermedades, accidentes, incapacidad temporal o permanente, fallecimiento, etc.).
  • Riesgos Comerciales y de Gestión: Riesgos inherentes a la propia actividad comercial, que abarcan desde la formalización del contrato de compraventa hasta la resolución del mismo, y que incluirían desde la posibilidad de impago por parte del cliente hasta la devolución de mercancías.

 

Gestionar los Riesgos
Contar con un programa para gestionar estos riesgos específicos es imprescindible, y la inexistencia del mismo o su mala elaboración pueden hacer que las empresas sean vulnerables a importantes contratiempos a largo plazo, o incluso a la insolvencia o la quiebra. El adecuado diseño de un programa de gestión de riesgos permite a las organizaciones perseguir sus objetivos sin tener que preocuparse por reunir un elevado capital financiero o mantener altos e inusuales niveles de liquidez.


En Aon ayudamos a las empresas a minimizar y controlar su exposición al riesgo a través de una gestión integral del riesgo en varias fases. El primer paso es la realización del mapa de riesgos, que permite identificar los riesgos, cuantificarlos y adoptar decisiones sobre su tratamiento. En este punto, la organización puede decidir eficazmente el tratamiento de cada uno de los riesgos identificados, optando por asumir el riesgo, evitarlo, transferirlo al mercado asegurador o mitigarlo.


Una vez se han identificado lo riesgos, priorizado y adoptado las pertinentes decisiones sobre su tratamiento, toca buscar en el mercado asegurador las soluciones que mejor se adaptan a la casuística de su negocio internacional. Existen multitud de soluciones en el mercado, las principales:


Soluciones aseguradoras para proteger el patrimonio de la empresa: crédito, caución/avales, daños materiales, pérdida de beneficios, responsabilidad civil, transportes y mercancías, riesgo político, fusiones y adquisiciones, ciber riesgos, etc.


Soluciones aseguradoras para proteger el capital humano de la empresa: Salud para expatriados, secuestro y extorsión, asistencia en viaje, vida y accidentes, hombre clave, etc.


Dada la complejidad de los condicionados de estos seguros y de las distintas particularidades de los países extranjeros, resulta conveniente contar con el apoyo de expertos internacionales que sirvan de guía durante el proceso y que puedan encontrar y negociar la solución que mejor se adapte a cada caso.

 

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