Asociacionismo y participación ciudadana (y II)
Siguiendo con el resumen de las principales ideas y conclusiones del grupo de trabajo que fue coordinado por Adrià Duarte, en el seno del Observatorio Internacional de la Democracia Participativa, y que posteriormente con la colaboración de la fundación Pere Tarrés fue presentado en el Foro Primavera 2014, merece la pena subrayar que:
• Algunas experiencias de participación ciudadana han llegado a ser muy exitosas puesto que consiguen combinarse de manera colaborativa con otros ámbitos como pueden ser los emprendedores sociales, la arquitectura, las artes o la sostenibilidad.
• Las relaciones entre administración, asociaciones y ciudadanía que tanto defendemos, resultan en la práctica a menudo conflictivas y generadoras de tensión. Lo que también suceden de forma cotidiana en los procesos participativos en todos los ámbitos.
Hemos visto elementos que dificultan la participación como que...
• Los gobiernos y las administraciones no siempre hacen suficiente esfuerzo para escuchar y responder a la ciudadanía de una manera honesta. A veces las propuestas y aportaciones no se debaten sino que sólo “se tramitan”.
• A menudo hay la sensación que las reglas del juego de los procesos participativos no son respetadas por parte de la esfera política, hecho que crea apatía, frustración y desmotiva la participación de la ciudadanía y de las entidades.
•La relación personalizada con las entidades tiene un peligro, que es que acaben con una relación clientelar. Las asociaciones nunca tienen que acabar siendo mecanismos para aportar beneficios a la propia organización o a sus miembros. • Para evitar clientelismos, la administración no tiene que generar interlocutores únicos y las asociaciones tienen que tener el convencimiento que si son clientelares van contra el interés general. Hay otros elementos que benefician la participación y que hay que continuar potenciando.
Del citado estudio se desprenden una serie de recomendaciones como:
• Que se conozcan bien las reglas de los procesos participativos y de la relación asociacionismo-administración y cumplirlas siempre. Es importante disponer de buenas reglas de juego y respetarlas. Si no están muy definidas, estaremos dando ventaja comparativa a los que se saltan las reglas. No hay que caer en una excesiva reglamentación pero sí que es necesario disponer de reglas que se hagan cumplir y buenos expertos y dinamizadores.
• Explicar los errores y las dificultades que generan todos los procesos de participación y de interlocución. Se tratar de compartirlos para aprender todos de todos. Se aprende más de las malas prácticas que de las buenas prácticas!
• Que la administración conozca mejor la gran variedad de tipo de asociaciones que hay y que no pretenda tratarlas a todas por igual; en mucho casos habrá que singularizar las relaciones con las entidades, puesto que estas expresan realidades muy concretas.
• Que los gobiernos apuesten claramente por la transparencia, es decir, que la administración no tenga miedo de abrir los datos a la ciudadanía y de enseñar sus tripas. Si el trabajo se hace como es debido..., se tiene que poder enseñar todo.
• Se debe apostar por la imaginación y la innovación, no tener miedo del conflicto y explorar todas las herramientas de participación que sean posibles.
• Que se trabaje para conseguir una buena calidad del espacio público y un buen clima de convivencia, que es el resultado de un comportamiento de personas que participan en un espacio, facilitando la comunicación, buscando el compromiso de las personas y fortaleciendo la confianza.
Pero nos hemos dado cuenta que para mejorar todavía tenemos pendientes algunos retos importantes cómo...
• Estudiar bien las nuevas formas de participar y organizarse que tiene la sociedad hoy en día. La sociedad cambia tanto rápido y tenemos que estar atentos a los cambios que se suceden ante nosotros. No podemos dar por hecho que ya conocemos como se participa ahora porque hoy en día los cambios son muchos y muy veloces.
• La evaluación y los indicadores para analizar los resultados. Tenemos que disponer de indicadores de convivencia y cohesión social, más allá de los que empezamos a usar cuando miden el impacto concreto de los diferentes procesos participativos.
• La manera de gestionar los conflictos que habitualmente se dan entre administraciones y entidades.
Y por supuesto, también se plantean dudas y debates entre los propios miembros de la OIDP:
• ¿Estamos realmente adaptando los sistemas de participación a esta nueva manera de hacer política?
• ¿Basta con copiar modelos de éxito o la copia nunca superará el original y vale más innovar siempre?
• ¿Cómo podemos conseguir una mayor respuesta por parte de las administraciones y explicaciones a las propuestas que derivan de los procesos participativos?
• ¿Cómo pueden las asociaciones dotarse de más legitimidad en los procesos participativos?
• ¿Cuáles son los ámbitos de decisión donde hay de haber coparticipación y en qué tiene que ser vinculante?
• ¿Sabemos gestionar bien los conflictos del día a día con la defensa de los valores positivos que genera la participación ciudadana?
• ¿Aprovechamos bastante la insatisfacción permanente que existe para salir adelante, plantearnos nuevos retos y acabar mejorando la calidad de la democracia?
• ¿Cómo se puede encontrar la complementariedad entre los mecanismos de participación existentes y los nuevos espacios que buscan una democracia más participativa?
• ¿Habría que plantear cambios más radicales y preguntarnos quién tiene realmente el poder y como empoderar?
• ¿Son posibles modelos alternativos a los dos existentes, de democracia directa y democracia representativa?
• ¿Tiene sentido una contraposición entre movimientos sociales y asociaciones (quizás más preocupadas por su sostenibilidad que para hacer incidencia política) o estamos hablando de una misma realidad con diferentes formas de expresarse?
• ¿Saben las asociaciones como relacionarse con la ciudadanía no organizada?
• ¿Cómo encontramos el equilibrio entre reglamentación y flexibilidad a la hora de tratar a las asociaciones desde las administraciones?
Y acabamos con un par de recomendaciones prácticas que nos pueden ser útiles...
• Modelo CLEAR para evaluar de manera cualitativa la participación que tiene una ciudad. Es un modelo que nos ha explicado el profesor Stoker y que otros participantes han avalado desde sus experiencias.
• Varios participantes han citado a la economista Elinor Ostrom y sus teorías sobre la gestión del bien común que nos pueden inspirar a la hora de encarar nuevas ideas sobre la relación entre la ciudadanía y la gestión de aquello común.
Conclusiones: El objetivo de este grupo de trabajo era compartir experiencias, reflexiones y opiniones sobre el rol de las asociaciones en la participación ciudadana a nivel local. Asumiendo las grandes diferencias de contextos sociales, culturales, económicos y políticos en los distintos países podemos llegar a una serie de conclusiones. La ciudadanía organizada en asociaciones es más eficaz en su incidencia política que la ciudadanía no asociada. De este modo las asociaciones se pueden presentar como un actor en la gobernanza de las ciudades, dejando claro cuáles son sus campos de actuación y con las necesarias dosis de transparencia y democracia interna. Las asociaciones pueden ser además una escuela de ciudadanía y un factor generador de capital social, ayudando a crear relaciones de confianza entre los ciudadanos, un factor de estabilidad y crecimiento democráticos.
Pese a estos aspectos claramente positivos de las asociaciones, no hay que menoscabar sus limitaciones a la hora de representar a la ciudadanía y actuar como actores legítimos. El contexto y la credibilidad de cada asociación serán los condicionantes. Por todos estos motivos, los gobiernos locales deben reconocer el papel de las asociaciones, fomentar su creación a través de un reconocimiento legal y político, ayudas de formación u otras, eso sí con la inevitable tensión por el peligro de clientelismo y utilización de las asociaciones como instrumentos políticos. El reto de las asociaciones y gobiernos locales es buscar canales de entendimiento y trabajo colaborativo manteniendo sus respectivas esferas de independencia.





















