Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión |
Jueves, 04 de Diciembre de 2014

Contacto con tacto

Hace cosa de un mes, comentaba lo pesado que resulta el dichoso *networking* (a colación de la palabrita, como anécdota, un amigo me contó que, en un examen de inglés, la tradujo literalmente como *trabajo limpio*, me partía de la risa).

 

Como de sabios es rectificar, me retracto, porque hasta gozo la ocasión en estos eventos, sabiendo siempre a dónde ir y con qué actitud.

 

Difícil resulta no haber oído alguna vez el ya manido anglicismo. Por si acaso, y me permito la licencia de no acudir a la Wikipedia, el *networking* es el arte de relacionarse con el prójimo en compromisos sociales, con la tarjeta de visita por bandera. El talante es pretendidamente proactivo y positivo, con aliño *comiente y bebiente*.

 

Dos artículos atrás, despotriqué sobre la filosofía de la nueva empresa con disfraz lúdico, en referencia al *running*, que ni a todo el mundo sirve ni a cualquiera favorece. Mi carácter sociable, sin embargo, me predispone al trato personal, si bien no me prodigo demasiado, porque pienso que, igual que el *runner* patoso desconcierta, la visibilidad del *networker* omnipresente, agota.

 

Para entregarse a la causa, considero imprescindible una actitud deshonrosamente *disfrutona*. Aunque el objeto final de estos encuentros sea lucrarse, resulta muy importante ni mentarlo. Me explico. El flechazo entre *networkers* ha de ser recíproco, y no surge con caracteres impostados. La química del amor puede escenificarse, pero nunca aparece por coacción.

 

Los emprendedores nos hemos cansado del *tiburón yuppie*. El arribismo, tan en boga en los noventa, tiene sus días contados entre agresivos promotores de ONG's y teleoperadores de compañías telefónicas. Porque a menos que seas El Pequeño Nicolás (en tal caso, se trata, sin duda alguna, del CNI) nadie coge un teléfono que suena *con número secreto*.

 

La actitud del *espabilao sin punch* ya no se lleva. Si por suerte o por desgracia perteneces al creciente club del *freelance*, recomiendo la ética y la sencillez como *must*.

 

Así que no asistas a un *networking* pensando que vas a hacer negocio. Si lo tuyo es el servicio profesional, relájate y disfruta. De paso, conversas, haces amigos, y en última instancia, promocionas. Que esto sólo funciona, como dirían mis amigos *weys*, si hay *buena vibra*. Así que enfunda la pistola, vaquero, y no me vendas la moto. Que antes te la vendo yo. Y te puedo asegurar que los arquitectos de hoy en día tenemos el arrojo del asesino que muere matando.

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.