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Opinión | El arca
Martes, 09 de Diciembre de 2014
ALBERTO CASTILLO

Aquel año 1978

Comenzó 1978 en domingo. Fue, para los chinos, el año del Caballo pero para nosotros que nos regimos por el calendario Gregoriano era el MCMLXXVIII de la era cristiana tras el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Aquel año nos traería, antes de su final, la hermosa realidad de la Constitución Española que hoy, treinta y seis años después, seguimos disfrutando todos los españoles aunque algunos se empeñen en denostarla o atacarla como tantas veces ha sucedido en la vieja piel de toro. Estoy de acuerdo en los que piden cambios, hay que actualizarle muchas cosas, pero no creo que en vísperas de comicios sea el momento más adecuado. Las cosas hay que hacerlas con calma y con mucha frialdad. Hoy, por desgracia, el ambiente político en general está bastante crispado y no conduciría a nada sentarse en una mesa para intentar cambiar aquellos artículos necesarios de actualización. Dejemos las cosas como están y una vez que el nuevo Gobierno de España salga del dictado de las urnas, con el consenso necesario, siéntense partidos y constitucionalistas para actualizar nuestra Carta Magna.


Con esta excusa, la de la Constitución, se me ha ocurrido mirar hacia atrás y ver que nos preocupaba y ocupaba a los españoles aquel año en el que nuestro país dio el giro definitivo hacia la democracia y a la Paz. Por cierto, solo un apunte mas en tono político: señores de Podemos no le den más ‘patadas’ a la historia de España pues, estos días, han tenido a bien declarar que la Constitución española era ‘franquista’. Mayor disparate no había escuchado. La Carta Magna tiene de franquismo lo que tengo yo de ‘bailaor de flamenco’. Pero en fin estamos en permanente estado de cabreo colectivo y a veces, muchas veces, la boca se dispara más de lo que debiera.


Si me acompaña el desconocido lector, vamos a viajar en el túnel del tiempo y nos vamos a situar en las calles de aquel año. Veremos que el tráfico, empieza a ser agobiante y que nuevos modelos de vehículos ocupan la calzada. Hay dos que se ven más que el resto: el 2CV6 de Citroën y el Renault 4. Ambos compiten por ser líderes de ventas. El de Citroën es más barato, 216.000 pesetas. El Renault se acerca a las 235.000.

 

Pero también vemos, especialmente en las clases más acomodadas, el Citroën CX,  Peugeot 504 y Chrysler 180. Estos se consideran de gama alta pues rondan las 700.000 pesetas. De intermedio esta la amplia gama de GS Citroën con el normal, Club y Palace que aportaba, como gran novedad, la pintura metalizada. Estos citados oscilaban entre las 400.000 y 550.000 pesetas.


Claro que aparte de los mencionados, si tenemos curiosidad y nos fijamos, también veremos circular los Dyane6, Seat 133, Ford Fiesta (los primeros que salieron de Valencia) y toda la gama de Renault, los 5, 6 y especialmente el 12.


Al mirar las carteleras, que todavía en ese año adornan las esquinas de nuestras calles, vemos que se estrena una película dirigida por Richard Donner que está siendo todo un éxito en la taquilla ‘Superman’. Así mismo tenemos más títulos para elegir en las salas cinematográficas: ‘Expreso de medianoche’; ‘Los niños de Brasil’; ‘El cielo puede esperar’; ‘El ultimo vals’ o la más famosa, aunque no tuvo el éxito actual, una versión de ‘El Señor de los Anillos’. Sin dejar atrás, por supuesto, el gran éxito entre los más jóvenes que además marcó una época: ‘Grease’ de John Travolta y Olivia Newton John.


En casa, frente al televisor, con solo dos cadenas donde elegir y además en blanco y negro, el color tardaría todavía un tiempo en llegar, veremos muchos programas musicales Aplauso y Cantares del desaparecido Lauren Postigo eran los reyes de la audiencia. También podemos ver ‘La España de los Botejara’ con un jovencísimo periodista llamado Alfredo Amestoy y que se hizo famoso por su flequillo y su forma de hablar y presentar los temas.  El Hotel de las mil y una estrella, también musical o la Segunda Oportunidad que trataba de accidentes de tráfico y como evitarlos.

 

Si nos gustaban las series, la televisión, nos ofrecía ‘Cañas y Barro’ ‘Vacaciones en el mar’ ‘Baretta’ ‘Los Ángeles de Charlie’ o ‘Yo Claudio’ Para los más pequeños, o entre los más pequeños, hacía furor La Abeja Maya, los Teleñecos y sobre todo Mazinguer Z.


Si la televisión no nos gustaba o no era necesaria en ese momento siempre estaba la radio. ¿Y que se escuchaba en el receptor? Pues especialmente música. Y los éxitos que mas salían al aire eran: La banda sonora de Grease, Vivir así es morir de amor de Camilo Sesto. Staying Alive de Beegees. Ríos de Babilonia de Boney M, Te amo de Umberto Tozzi, Cara de Gitana de Daniel Magal, Soy un truhán, soy un señor de nuestro jovencísimo Julio Iglesias, Hay que venir al sur con la guapísima Rafaella Carra que enamoró a toda una generación o incluso el Last Dance de Donna Summer.

 

Aunque del panorama internacional empezaba a sonar con insistencia la voz rota de una chica rubia que se llamaba Bonnie Tyler y que se presentó en España con It´s a Headache. Pronto aquella canción sería todo un éxito en nuestro país.


Hubo otros acontecimientos que por su importancia llamaron nuestra atención. Fue el año que, en agosto, vimos morir al Papa Pablo VI. También contemplamos, aquel verano, cómo Argentina se proclamaba Campeona del Mundo de fútbol al  vencer a Holanda tres a uno. O admiramos a un jovencísimo ciclista, Bernard Hinault, que ganaba por primera vez Tour y Vuelta a España. Un doblete hasta entonces que nadie había conseguido. Aquellos años, en 1978, el ciclismo levantaba pasiones y no como hoy que asistimos a una lenta agonía en la que, el más duro de los deportes, lucha desesperadamente por renacer.


También aquel año nos trajo la feliz noticia de ver a nuestra paisana Carmen Conde sentada en un sillón de la Real Academia de la Lengua. La segunda mujer en la historia de la institución.  

 

En el plano internacional vimos, no sin cierta preocupación, como el Sha de Persia sufría un constante ataque por parte de los radicales islámicos y las manifestaciones y el clima de terror se iba implantando en Irán. Un clérigo radical de largas barbas y negro turbante incendiaba las masas. Se llamaba Homeiny.

 

También asistimos, como meros espectadores, a la llamada ‘Operación Soberanía’ que fueron más que preparativos de la terrible dictadura militar Argentina para invadir Chile y someterlo a su soberanía. El conflicto en América Latina estuvo a un paso de convertirse en una guerra de imprevisibles consecuencias.


En nuestro país, lo que realmente nos preocupaba a todos, es que estábamos inmersos y ahogados en un reguero de sangre inocente que ETA iba derramando con sus armas y sus bombas por las cuatro esquinas de España. Los GRAPO secuestrando a altas personalidades del estado. La extrema derecha afinando la puntería de sus mortíferas pistolas y los militares desenvainando los sables como hicieron aquellos que el 18 de noviembre de 1978 fueron detenidos por la Guardia Civil y el CESID en la llamada ‘Operación Galaxia’ Una operación golpista que, a decir de los analistas, fue el germen de lo que tres años después sería aquel amargo 23 de febrero. Pero eso fue otra historia...


Con la Iglesia también queriendo poner paz entre españoles y abrir sus ventanas para que entraran aires renovadores, y necesarios según los dictados del Vaticano II. El  Cardenal Enrique y Tarancón era insultado, amenazado e incluso objetivo de atentados porque, la España más radical y rancia, no quería ver esos cambios, de rojos, en el Nacional Catolicismo impuesto por Franco a sangre y fuego.


En fin, desconocido lector, este ha sido un recorrido a ‘vista de pájaro’ sobre aquella España de 1978 en la que muchos de nosotros, yo por ejemplo, acudimos un miércoles 6 de diciembre a votar por primera vez. Jamás lo había hecho hasta ese momento. No sabía ni conocía el valor de un voto pero si tuve una cosa muy clara, desde el primer momento, que debía dar el SI a la Constitución Española porque gracias a ella, los españoles, podríamos convivir en paz y olvidar de una vez el pasado en el que habíamos estado inmersos.

 

Y  así fue como sucedió aunque hoy, algunos, se esfuercen en negarlo o incluso poner en duda los valores de nuestra Carta Magna gracias, a la cual, vivimos en libertad y paz.

 

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