Un año más... Navidad
El imparable caminar del calendario nos sitúa, un año más, ante un nuevo ciclo navideño que la rueda del tiempo nos trae siempre cuando hemos pasado el solsticio de invierno. Calles, plazas y rincones se iluminan, Navidad es la fiesta de la Luz, alegrando todo el entorno que, de esta manera, se venga del anonimato y la rutina al que se ve condenado el resto de los días del año. Es, así mismo, la época más alegre de cuantas celebramos y en todos sitios, en casi todos los sitios, se respira un ambiente festivo del que es difícil escapar.
La Navidad, al menos en los últimos decenios, es a su vez una fiesta del consumo. De las compras, de las prisas sin control y de las grandes celebraciones y mesas repletas que, como si fuera una ley no escrita, nos lleva a todos a celebrar esta entrañable fecha del calendario. Aquí no hay distinción alguna de credo político o religioso. Cada cual, a su manera, celebra la Navidad aunque las creencias no vayan por el camino cristiano que es ¿qué otra cosa podía ser? el único y verdadero camino de la celebración.
Conmemorar y recordar la venida al mundo de un hombre que dio su vida por un ideal de paz y amor. De igualdad, de solidaridad, de lucha constante contra las injusticias que todavía hoy persisten en esta sociedad en la que vivimos. Él, con su pobre nacimiento en un establo, dio ejemplo de vida trayendo la luz a un mundo de tinieblas, por eso Navidad es la fiesta de la Luz, para que el camino del hombre se iluminara con ese destello que emana de los corazones donde habita la buena voluntad.
Es esta de dos mil catorce una Navidad en la que estamos viendo, afortunadamente, como la crisis va quedando atrás y sin lanzar cohetes, ni campanas al vuelo, parece que nos vamos recuperando y saliendo poco a poco de una situación global, no lo olvidemos, donde nos habíamos visto abocados en una terrible catarsis, hacia la quiebra, que el viejo mundo nos había impuesto.
Parece que hay más alegría en las calles. Que tienen vida los comercios. Que las calles están llenas de gentes con bolsas y paquetes. Incluso según los restaurantes y representantes de hostelería, este año, se han dado y se están dando más cenas y comidas navideñas de empresas y grupos de amigos que en los años precedentes.
El otro día un taxista, que son un verdadero termómetro y control de lo que ocurre en la calle, me decía que estas vísperas navideñas habían sido mucho más movidas que años anteriores y que había habido noches de muchísimo trabajo recogiendo clientes que habían asistido a cenas y fiestas navideñas. Si eso me lo dice un taxista yo, desde luego, me lo creo a pies juntillas.
Además, desconocido lector, se nota en el ambiente como he comentado anteriormente y cualquiera puede constatarlo.
Ahora bien, esta época, es más propicia que cualquier otra para que las desigualdades sociales queden al descubierto con más crudeza que en el resto del año. ¿Cómo explicas a un niño humilde que los Reyes Magos no van a pasar por su casa? ¿Cómo le dices que no tendrá esos juguetes que, como niño, ve en televisión y "se los pide" para la noche mágica? ¿Qué dices a esas criaturas cuando se levanten la mañana del día mágico por excelencia?
¿Que sienten unos padres que, en Nochebuena, tienen que recurrir al paquete de Cáritas, la parroquia, lo scouts o cualquier ONG que estos días, prioritariamente, recogen alimentos para los más necesitados? ¿Qué se va a cenar esa noche o incluso que se comerá la jornada de Navidad? ¿Cómo se llenan esos huecos que hacen llagas en el alma?
Si duro, durísimo, es no poder cumplir con las ilusiones de unos niños mucho más, infinitamente más, es la impotencia por no poder poner a la mesa el menú de cada día y menos si son fechas tan señaladas como estas.
Los adultos sufren, sufrimos todos, durante el año pero los niños, esos "santos inocentes" son lo que más lo padecen llegando estas fechas cuando ven a su alrededor todo cuanto se desarrolla pero que para ellos no existe siquiera. Son las víctimas de una situación de la que son ajenos por completo pero que les convierte en diana injusta de las desigualdades. Si importante es acordarse de ellos todo el año, comidas y cenas diarias, mucho más lo es en estos días cuando las desigualdades se manifiestan de una manera dura y muy cruda.
Por eso, desconocido lector, voy a apelar y pido perdón por ello a tu solidaridad. A tu ayuda, a tu comprensión y tu cariño. Te cuento: Durante todo el año en mi Cofradía, que es la tuya y de todos los murcianos, la de Nuestro Padre Jesús o los Salzillos si lo prefieres, venimos colaborando con "El Campico" Un mundo suburbial y olvidado que está en Alcantarilla donde, de verdad, hay miseria, hambre y necesidades. Aparte de lo perentorio de la diaria necesidad, estos días, ves y se parte el alma con ello a decenas de niños que nada tienen. Que cenaran o comerán gracias a Cáritas Diocesana, a la Cofradía y a jóvenes que trabajan por ello todo el año.
Y estas navidades, de una manera especial, queremos que el día de Reyes sea también especial para ellos. Inocentes y víctimas. Por eso, días pasados, celebramos en la Iglesia de la Cofradía un concierto magnifico donde colaboraron los hermanos Piñana, Curro y Carlos, y cuya entrada era un juguete. Solo un juguete. Pero que, sin duda, hará feliz a un niño y eso no tiene precio.
La idea es que el próximo cinco de enero iremos, junto a sus Majestades los Magos de Oriente, a llevarlos para que vivan una gran fiesta infantil y puedan tener ellos también "su Navidad". Ahí es donde entras a jugar tú, desconocido lector, hasta el cinco de enero tienes tiempo de pasar por la Cofradía, el Museo Salzillo, y llevar un juguete. Solo uno. No te pido más. Hoy, afortunadamente, tenemos muchos comercios de juguetes con precios muy competitivos. Te pido, con toda humildad, que te quites un desayuno, una cerveza o un paquete de tabaco. Te pido, con toda humildad, que vayas a una tienda y te gastes cinco o diez euros en un juguete que sacará del corazón de un niño una sonrisa agradecida que tú no veras pero sentirás que es la más hermosa que has visto jamás.
Tus hijos, gracias a Dios, tiene un bello despertar la mañana de Reyes pero ¿que tienen esos niños? Por eso perdona que utilice esta columna de esta manera pero, en estos días de Navidad, no podría hablar de ninguna otra cosa aunque quisiera.
Haz realidad el mensaje de Belén. Haz realidad el nacimiento de un hombre que dio su vida por los más olvidados y necesitados. Tu vas a pasar una buena navidad pero ¿y el resto? Hay mucha gente, demasiada, ahí afuera que carecen de todo no podemos, aunque queramos, ayudar a todo el mundo pero en este caso te estoy proponiendo que ayudes a un grupo concreto. A una gente especial. A unos niños víctimas inocentes de este mundo loco que, en el Campico, esperan reír y disfrutar de ese juguete que tú, con todo cariño, vas a llevar a la sede de nuestra Cofradía para que los Reyes Magos hagan realidad sus sueños.
Gracias por tu comprensión. Por tu ayuda. Por tu desinteresada colaboración y sobre todo porque, estoy seguro, que serás receptivo a mi petición y un niño tendrá un juguete en sus manos la mañana del día más hermoso para ellos.
Permite que me despida con el saludo que, hace novecientos años, hacía el "Poverello de Asís", san Francisco, paz y bien para todos.





















