Subasta del BCE
Lejos de avanzar hacia la parte alta de la banda a la que aludíamos en nuestro anterior comentario (la banda 2.100/2.500 para el Eurostoxx, 8.000/9.000 para el Ibex y 1.150/1.280 para el S&P) las Bolsas han saldado la segunda semana de diciembre con caídas del entorno del 5% en las plazas europeas y del 3% en las plazas americanas, acercándose así más bien hacia la zona baja de la banda. En Asia el Nikkei cedió un 1,6% y la Bolsa de Shanghai llegó a perder en la semana el nivel 2.200, aunque en la sesión de cierre del viernes lo recuperó.
Europa y sus problemas siguen siendo el centro de la atención y por eso el mal resultado de la subasta del Tesoro italiano el pasado miércoles fue un nuevo mazazo a la confianza, que no pudo ser compensado ni siquiera por el éxito que tuvo el Tesoro español en su subasta del jueves. La realidad es que el dinero se sigue refugiando en el bund alemán, que cerraba la semana de nuevo en tipos de interés extremadamente bajos, del 1,85%, y, sobre todo, en los bonos del Tesoro americanos. El T bond a diez años cerraba la semana también con un tipo de interés del 1,85% y el Tesoro americano ha podido colocar la semana pasada en subasta bonos a 30 años a un tipo de interés del 2,9% que es el mínimo de las últimas décadas. Mientras tanto el dólar ha marcado máximos anuales frente al euro, que cerró la semana en 1.3046 pero que llegó a perder el nivel de los 1,30 dólares el jueves.
Todo esto indica una sola cosa, y es que la desconfianza sigue ahí. Los mercados siguen muy lejos de la normalidad, y recuperarla les va a costar mucho. Como dice de forma reiterada Merkel, no va a ser cosa de días ni de meses, sino de años. Y esto es así porque pese a que los inversores desearían que alguien adoptara una solución "mágica", el problema es que no la hay. No hay un "game changer", algo que nos saque de la incómoda dinámica de ir pasito a pasito, con el riesgo permanente de que todo salga fuera de control.
La idea de fondo parece clara, y es profundizar en la austeridad fiscal de los Tesoros europeos y en la capitalización del sector bancario, y aliviar esos duros procesos con ayudas monetarias por parte del BCE. El BCE no lo va a reconocer nunca de forma explícita, pero de hecho está jugando el papel de suministrador de liquidez de última instancia, y lo va a seguir jugando, ya que, si no, el euro puede romperse y eso sería un cataclismo para todos, además de suponer la desaparición del BCE. Y dentro de ese papel no confesado, esta semana el BCE dará un paso más, el miércoles 21, con la subasta de liquidez ilimitada para los Bancos a tres años.
La salida de esta compleja crisis de deuda no va a venir por una solución sino por un cóctel de soluciones y, en ese cóctel, la política fiscal debe ser contractiva, de austeridad, y la política monetaria expansiva, de suministro de liquidez. El objetivo no es evitar el ajuste global de valor de los activos, que es inevitable, sino tratar de que ese ajuste tenga lugar de forma ordenada y no de forma caótica. Desde está perspectiva no cabe duda de que el nuevo Presidente del BCE, Draghi, está siendo mucho más eficaz que su antecesor, Trichet, a la hora de comunicar de forma adecuada el difícil y hasta cierto punto contradictorio mensaje que tiene que trasladar. Por un lado, un mensaje de que las soluciones de fondo no son monetarias sino que pasan por reformas y austeridad fiscal. Por otro lado el mensaje de que el BCE va a ayudar para evitar colapsos de liquidez.
La gran novedad a partir de agosto ha sido que Francia también forma parte, a efectos financieros y de reformas, de la Europa periférica, aunque a cierta distancia. Pese a situarse al lado de Alemania en las cumbres, lo cierto es que ni su deuda ni su sistema bancario ofrecen a los inversores la garantía que les ofrece Alemania. Y eso está llevando la crisis del euro a un nivel en el que los costes para todos, incluida Alemania, de no resolverla, son enormes, casi inasumibles.
Una vez más, las dos semanas próximas van a ser importantes para determinar el rumbo a medio plazo. Sería malo que la desconfianza siguiera avanzando. La evolución del euro, del bund, del T bond y de las Bolsas nos van a indicar si esto es así o no. No sería nada bueno que la bajada de las Bolsas en noviembre y en las dos primeras semanas de diciembre no encuentre un cierto respiro, porque supondría la aceleración de unas tendencias insostenibles, en la medida en la que dentro del euro se agranda la brecha entre Alemania y todos los demás y eso mismo provoca la desconfianza de los inversores de fuera de la zona euro, y la salida de capitales hacia otras divisas, sobre todo el dólar. La espiral se alimenta a sí misma. Cuanto más dinero sale de la zona y cuanto más dinero se mueve desde la periferia, incluida Francia, hacia Alemania, refugiándose de manera obsesiva en el bund, más se dificulta una solución ordenada, en una espiral muy peligrosa.
Por eso lo deseable es que la subasta del BCE del próximo miércoles tranquilice las cosas y corte esa espiral. Es una subasta importante, ilimitada en cantidad y a tres años. Tal vez no sea el bazooka que algunos piden, pero se le parece mucho.
A nivel bursátil esperamos una cierta tranquilidad de cara a fin de año, sobre todo si la subasta funciona como bálsamo. No parece ya posible que los índices se vayan en lo que queda de ejercicio a la parte alta de la banda, pero sí podrían situarse en la parte media, niveles como el 2.300 del Eurostoxx, el 8.500 del Ibex o el 1.240 del S&P.
Son niveles algo más altos que los actuales, y es verdad que no se ven muchos catalizadores para subir, pero a fecha viernes, el Eurostoxx arrastraba una caída en el año del 21%, el Dax del 17,5% y el Ibex del 16,8% y una subida suave desde esos niveles debería ser posible.
Europa y sus problemas siguen siendo el centro de la atención y por eso el mal resultado de la subasta del Tesoro italiano el pasado miércoles fue un nuevo mazazo a la confianza, que no pudo ser compensado ni siquiera por el éxito que tuvo el Tesoro español en su subasta del jueves. La realidad es que el dinero se sigue refugiando en el bund alemán, que cerraba la semana de nuevo en tipos de interés extremadamente bajos, del 1,85%, y, sobre todo, en los bonos del Tesoro americanos. El T bond a diez años cerraba la semana también con un tipo de interés del 1,85% y el Tesoro americano ha podido colocar la semana pasada en subasta bonos a 30 años a un tipo de interés del 2,9% que es el mínimo de las últimas décadas. Mientras tanto el dólar ha marcado máximos anuales frente al euro, que cerró la semana en 1.3046 pero que llegó a perder el nivel de los 1,30 dólares el jueves.
Todo esto indica una sola cosa, y es que la desconfianza sigue ahí. Los mercados siguen muy lejos de la normalidad, y recuperarla les va a costar mucho. Como dice de forma reiterada Merkel, no va a ser cosa de días ni de meses, sino de años. Y esto es así porque pese a que los inversores desearían que alguien adoptara una solución "mágica", el problema es que no la hay. No hay un "game changer", algo que nos saque de la incómoda dinámica de ir pasito a pasito, con el riesgo permanente de que todo salga fuera de control.
La idea de fondo parece clara, y es profundizar en la austeridad fiscal de los Tesoros europeos y en la capitalización del sector bancario, y aliviar esos duros procesos con ayudas monetarias por parte del BCE. El BCE no lo va a reconocer nunca de forma explícita, pero de hecho está jugando el papel de suministrador de liquidez de última instancia, y lo va a seguir jugando, ya que, si no, el euro puede romperse y eso sería un cataclismo para todos, además de suponer la desaparición del BCE. Y dentro de ese papel no confesado, esta semana el BCE dará un paso más, el miércoles 21, con la subasta de liquidez ilimitada para los Bancos a tres años.
La salida de esta compleja crisis de deuda no va a venir por una solución sino por un cóctel de soluciones y, en ese cóctel, la política fiscal debe ser contractiva, de austeridad, y la política monetaria expansiva, de suministro de liquidez. El objetivo no es evitar el ajuste global de valor de los activos, que es inevitable, sino tratar de que ese ajuste tenga lugar de forma ordenada y no de forma caótica. Desde está perspectiva no cabe duda de que el nuevo Presidente del BCE, Draghi, está siendo mucho más eficaz que su antecesor, Trichet, a la hora de comunicar de forma adecuada el difícil y hasta cierto punto contradictorio mensaje que tiene que trasladar. Por un lado, un mensaje de que las soluciones de fondo no son monetarias sino que pasan por reformas y austeridad fiscal. Por otro lado el mensaje de que el BCE va a ayudar para evitar colapsos de liquidez.
La gran novedad a partir de agosto ha sido que Francia también forma parte, a efectos financieros y de reformas, de la Europa periférica, aunque a cierta distancia. Pese a situarse al lado de Alemania en las cumbres, lo cierto es que ni su deuda ni su sistema bancario ofrecen a los inversores la garantía que les ofrece Alemania. Y eso está llevando la crisis del euro a un nivel en el que los costes para todos, incluida Alemania, de no resolverla, son enormes, casi inasumibles.
Una vez más, las dos semanas próximas van a ser importantes para determinar el rumbo a medio plazo. Sería malo que la desconfianza siguiera avanzando. La evolución del euro, del bund, del T bond y de las Bolsas nos van a indicar si esto es así o no. No sería nada bueno que la bajada de las Bolsas en noviembre y en las dos primeras semanas de diciembre no encuentre un cierto respiro, porque supondría la aceleración de unas tendencias insostenibles, en la medida en la que dentro del euro se agranda la brecha entre Alemania y todos los demás y eso mismo provoca la desconfianza de los inversores de fuera de la zona euro, y la salida de capitales hacia otras divisas, sobre todo el dólar. La espiral se alimenta a sí misma. Cuanto más dinero sale de la zona y cuanto más dinero se mueve desde la periferia, incluida Francia, hacia Alemania, refugiándose de manera obsesiva en el bund, más se dificulta una solución ordenada, en una espiral muy peligrosa.
Por eso lo deseable es que la subasta del BCE del próximo miércoles tranquilice las cosas y corte esa espiral. Es una subasta importante, ilimitada en cantidad y a tres años. Tal vez no sea el bazooka que algunos piden, pero se le parece mucho.
A nivel bursátil esperamos una cierta tranquilidad de cara a fin de año, sobre todo si la subasta funciona como bálsamo. No parece ya posible que los índices se vayan en lo que queda de ejercicio a la parte alta de la banda, pero sí podrían situarse en la parte media, niveles como el 2.300 del Eurostoxx, el 8.500 del Ibex o el 1.240 del S&P.
Son niveles algo más altos que los actuales, y es verdad que no se ven muchos catalizadores para subir, pero a fecha viernes, el Eurostoxx arrastraba una caída en el año del 21%, el Dax del 17,5% y el Ibex del 16,8% y una subida suave desde esos niveles debería ser posible.





















