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Opinión | El arca
Martes, 13 de Enero de 2015
ALBERTO CASTILLO

Piropos, no gracias

En casos como este que nos ocupa me gustaría, si ello fuera posible, que estuvieran presentes en este viejo mundo personas como Luis Carandell, Álvaro de la Iglesia o el mismísimo Luis García Berlanga. Llorados, recordados y admirados maestros cada uno en lo suyo pero que tuvieron la fortuna de estar dotados por los dioses del fino bisturí de la ironía que, sin ofender a nadie, diseccionaba esta España de nuestros pecados arrancándonos además una sonrisa franca y sincera.

 

Imaginen por un momento al genial escritor Álvaro de la Iglesia, autor de hilarantes novelas de aquella época del franquismo tardío, escribiendo hoy sobre ‘el piropo’ y toda la polvareda que ha levantado. O si lo prefieren al cronista parlamentario y gran periodista, Luis Carandell, publicando artículos sobre la “recomendación de erradicar el piropo de nuestra sociedad” Y ya, si de imaginación se trata, el inolvidable Berlanga haciendo una película al respecto aunque, imagino, que el bueno de don Luis con todo lo que está ocurriendo en esta vieja piel de toro no le faltarían argumentos e inspiración para hacer más larga la saga de la “Escopeta Nacional”. Eso de las cacerías para conseguir prebendas pensábamos que estaba erradicado de esta sociedad y, para nuestro pesar, sigue existiendo y no hay nada como juntarse cuatro escopetas, seis listos y el político de turno para convertir el “tiro a la perdiz” en el más pingüe de los negocios. Pero bueno, de esto, no quería hablarles hoy precisamente y sí comentar el tema del piropo y toda la polvareda que ha levantado al respecto de su “recomendación para que sea erradicado”.

 

Resulta que tenemos por ahí una señora, Ángeles Carmona, a la que un buen día pusieron al frente del Observatorio para la Violencia de Género (no me negaran que es un título bonito para una tarjeta de visita) que ha tenido la feliz ocurrencia de decir que  ha considerado que los piropos son una "invasión en la intimidad de la mujer" y que por muy agradables que sean "nadie tiene por qué tener derecho a hacer un comentario sobre el aspecto físico de una mujer"…. Y la tal señora se ha quedado tan feliz como una perdiz. Entiéndase que no es la misma felicidad de las perdices que se matan en las cacerías donde se practican cohechos y similares. Ni mucho menos. Sino la felicidad de las otras que vuelan libres lejos de los “escopeteros picaros y listillos”.
 
El piropo, algo enraizado en el alma popular de esta España nuestra, no creo que sea invasión de nada si es un halago hacia la otra persona que se hace con gusto y delicadeza. ¿Es piropear decir “qué guapa vienes esta mañana”? ¿A quién estoy invadiendo en su intimidad? Pero, la señora Carmona, se centra en el piropo hacia la mujer olvidándose que, gracias a Dios, las mujeres hoy han dejado atrás sus ataduras y sus inhibiciones con lo que no es nada extraño, más bien frecuente, que la compañera de turno del trabajo te diga “Qué guapo vienes hoy. Esa corbata, o esa chaqueta, o esos vaqueros te favorecen” ¿Me están violando la intimidad ante ese comentario? Eso sin entrar en contenidos de “despedidas de soltera” ante el boy de turno cuyos “piropos hacia él” escandalizarían incluso al desconocido autor del Kamasutra.

 

Señora Carmona salga usted a la calle un poco más y preste atención a lo que ocurre a su alrededor. Quizá, si hace esto, podrá escuchar a desenfadadas adolescentes que dicen de un chico “Esta como un queso”. “Esta para mojar pan”…. O ese otro que escuché un día, entre estudiantes de periodismo de la facultad, cuando dos amigas hablaban de un ponente que había dado una conferencia. Al acabar la misma una de ellas dijo “A este lo haría yo padre” y la amiga, un poco escandalizada, le contestó “Está casado” a lo que la primera le dijo “Es igual, yo no soy celosa”…

 

Hoy, gracias a Dios insisto, la mujer ha roto las amarras que la tenían varada en el puerto de la sinrazón y afortunadamente han dejado atrás el muelle de la intransigencia y los tabúes. Tanto ellas, como ellos, se regalan piropos sin que bajo mi torpe entender sea esto motivo de escándalo alguno o, como usted dice, ataque a la intimidad. Y que conste, insisto, que estoy hablando de “piropo halago” no de la grosería. Eso ni en los tiempos más remotos era admisible. La grosería, la ordinariez y las muestras de mal gusto sí que habría que erradicarlas pero no porque usted lo diga hoy sino porque la educación lo dijo hace ya muchos años.

 

Sin embargo ese halago, cumplido le llaman también, sobre la belleza, la elegancia, el buen gusto o el color de unos ojos no creo, insisto, que sea para rasgarse las vestiduras de nadie y mucho menos dirigirse solo a los hombres sobre todo, como es el caso, cuando la mujer hace ya muchos años que tomo su parte de protagonismo en esta historia, que me parece excelente, y “piropea” al compañero, amigo o el chico que pasa por la esquina con el mismo derecho que lo hace el hombre. Con todo respeto, mi querida señora, dirigir sus declaraciones únicamente contra los hombres es de un machismo incalificable. Negar la realidad y no saber lo que ocurre a su alrededor.

 

Ocúpese, señora Carmona, en vigilar realmente desde ese observatorio que usted preside la verdadera violencia de género que, por desgracia, siembra cadáveres de mujeres inocentes la vieja piel de toro. Ponga todo su empeño en erradicarla de una vez y para siempre. Haga números y verá que la violencia de género, la verdadera violencia, se cobra tantas muertes como en su día lo hicieron los pistoleros asesinos de ETA. Hagan esfuerzos sobrehumanos para luchar contra esta lacra desde que el individuo, ojo no digo hombre o mujer, desde que la persona tiene uso de razón. Campañas escolares, concienciación, más medios para luchar contra los violentos. En fin lo que sea necesario y menester.

 

Pero por favor no se meta usted en ‘jardines’ con el tema del piropo que no tiene importancia alguna. Y porque una persona, no digo chico ni chica, le diga a otra que es guapo, guapa. Que tiene unos bonitos ojos o que le sientan muy bien las camisetas que luce no estamos ante invasión alguna de la intimidad ni mucho menos.

 

En fin todo esto es fruto, desconocido lector, porque en este país afortunadamente no ocurre nada. No pasa nada. Todo está bien. No hay paro, ni pobreza. No tenemos niños malnutridos. Cáritas no tiene trabajo porque no hay nadie a quien ayudar. Los partidos políticos se llevan como hermanos en misa y el dinero sobra por debajo de las puertas. Gracias a que no tenemos otras preocupaciones, ni problemas, la señora presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género ha tenido la feliz ocurrencia de decir que el piropo ataca la intimidad de la mujer. De la del hombre no ha dicho nada porque el hombre no tiene intimidad.  Bendita España.

 

Todos somos felices y comemos perdices como las que caen en esas cacerías de la “Escopeta Nacional” donde el cohecho y la prevaricación no se escuchan ante el estruendo de los cartuchos que disparan los allí congregados.

 

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