Tras una semana espectacular ¿cómo leer los movimientos bruscos de los mercados?
La tercera semana del año ha sido, sin duda, espectacular, no solo por las fuertes subidas que hemos visto en las Bolsas de la zona euro, en los bonos y en el oro, sino, además y sobre todo, por los bruscos giros que se han vivido en varios mercados a lo largo de la semana.
Así, el jueves por la mañana, tras anunciar el Banco Central suizo (SNB) que suspendía la fijación del cambio de 1 euro por 1,2 francos suizos, los inversores vieron, atónitos, como el franco suizo subía el 39% en menos de 10 minutos, y como, simultáneamente, el índice principal de la Bolsa suiza, el SMI, caía un 10%, arrastrado por casi todos los valores, pero, sobre todo, por el desplome del 11% de UBS y Credit Suisse. Pero esta no ha sido la única turbulencia de una semana en la que, por ejemplo, el futuro del Dax alemán ha oscilado, entre el máximo y el mínimo, casi un 8% y en la que veíamos, por ejemplo, el martes a ultima hora de la sesión de Nueva York, una súbita caída del cobre y otras materias primas que hacía caer a plomo los futuros del S&P y del Dax.
Al final, varios índices europeos, como el Dax alemán, el Mib italiano y el Eurostoxx, han terminado la semana con ganancias de más del 5%, el Cac francés subió el 4,8%, nuestro Ibex el 3,3% e incluso la Bolsa griega logró subir un 1,4%. Las Bolsas americanas, sin embargo, pese al buen tono con el que terminaron el pasado viernes, han tenido pérdidas en la semana. Los resultados que se han publicado de algunos Bancos, como Citi, Goldman Sachs, Bank of América o JP Morgan no han gustado y son, en gran parte, responsables del mal comportamiento comparativo de las plazas americanas. El S&P, el Dow Jones y el Nasdaq han experimentado caídas semanales superiores al 1% y ello pese a que el índice de confianza del consumidor americano, medido por la Universidad de Michigan, que se publicó el pasado viernes, arrojó la mejor cifra de los últimos diez años.
El Nikkei tampoco ha tenido una buena semana. Ha caído un 1,9%, afectado por la sensación creciente de que la abenomics no va a ser capaz de generar crecimiento, y por los datos de la balanza de pagos de China, que conocimos el pasado martes, y que apuntan a un menor crecimiento de la principal economía emergente en el 2015. Lo cual pasará factura al resto de Asia y a toda la economía global.
Pero lo interesante, además de esta divergencia entre las Bolsas, y además de los muy bruscos giros de los mercados a lo largo de la semana, es que hemos visto como el oro, tradicional activo "refugio" subía con fuerza, hasta acercarse de nuevo los futuros a los 1.300 dólares la onza, a la vez que lo hacían las Bolsas de la zona euro, lo cual es una novedad, ya que la pauta hasta ahora era que el oro subía cuando había dudas sobre la estabilidad económica y financiera, y cuando bajaba el dólar. Esta vez el oro ha subido pese a subir el dólar y pese a descontarse un escenario, al parecer, mejor para la zona euro. También es llamativo que al final de la semana, y pese a la ya mencionada fortaleza del dólar, el petróleo haya empezado a subir, alcanzando el "brent" de nuevo los 59 dólares y cerrando el WTI por encima de 48 dólares, muy por encima de los mínimos semanales en ambos casos.
¿Cómo hacer una lectura racional de todos esos indicadores, un tanto contradictorios, y cómo interpretar los muy bruscos giros de los mercados a lo largo de la tercera semana del año? No es fácil, desde luego, hacerlo. Pero podemos encontrar un hilo conductor en los mercados de bonos.
El pasado viernes, al cierre de los mercados, el bono del Tesoro americano a diez años (Tbond) pagaba un tipo de interés del 1,8%, el bund alemán a diez años el 0,45%, a la vez que el bono alemán de dos años y de cinco años directamente pagan tipos de interés negativos a quien desee prestar al Tesoro alemán a esos plazos. El bono del Tesoro japonés, país con un 250% de Deuda publica sobre el PIB, paga a diez años un 0,23%, el bono francés a diez años el 0,6% y el bono español el 1,49%.
Esto indica que hay una enorme liquidez, que no esta queriendo ir a la economía real, y que se queda en los mercados financieros, provocando por un lado oleadas de subidas cuando hay perspectivas positivas, por ejemplo cuando se interpreta que el BCE puede inyectar más liquidez de la prevista a través de la QE, y súbitas bajadas cuando hay noticias malas o temores de que el BCE no vaya a cumplir las altas expectativas generadas. En otras palabras, la distorsión de los mercados, provocada por las enormes inyecciones de liquidez de los Bancos Centrales, termina generando una enorme volatilidad y, como han advertido tanto el Banco de Basilea (BIS) como el FMI, esas políticas al final engendran riesgos latentes de inestabilidad financiera. Eso explicaría la subida del oro y del dólar y a la vez la caída de las materias primas, singularmente la del cobre y otros metales básicos, que están diciéndonos que, pese a los esfuerzos monetarios, la economía global sigue débil.
Como el mercado no quiere recoger esos riesgos ni esos mensajes, y como la fe en los banqueros centrales sigue siendo ciega, lo que a nuestro juicio ha sucedido al suspender la SNB el cambio fijo euro/ franco, es que los mercados han descontado que el BCE va a hacer una compra de bonos soberanos mayor de la prevista, y esa sería al razón de que la SNB haya tomado una decisión tan drástica como la del pasado jueves. Sencillamente el Banco Central suizo no quiere jugar al juego del BCE, porque no le ofrece garantías y porque esta viendo riesgos en seguir comprando bonos de la zona euro a precios tan inflados. Es decir, la volatilidad no ha llegado aún a los bonos, que siguen viviendo en un complaciente escenario en el que sencillamente las primas de riesgo no hacen su labor, pero la SNB ha decidido no seguir en escena.
Si esta es la lectura, lo que parece claro es que vamos a tener más volatilidad y que, si el BCE, con Draghi a la cabeza, se lanza a un programa muy amplio y generoso de compra de bonos, tras el aval recibido por el Tribunal europeo de Estrasburgo, la primera reacción de las Bolsas será entusiasta, dados los antecedentes. Pero si el BCE decepciona tendremos carreras fuertes por salir del mercado. En todo caso, vamos a mayores niveles de volatilidad, en unos mercados muy distorsionados por las sucesivas oleadas de inyecciones monetarias, mercados en los que ya solo valen las valoraciones comparativas, y en los que la consideración a los "fundamentales" ha pasado a un muy segundo o tercer plano. Solo importa saber cuanto dinero va a poner encima de la mesa Draghi el próximo jueves 22.
No hemos hablado de Grecia porque la nueva tesis es que, mientras haya compra generosa de bonos por el BCE, y mientras baje el euro y baje el petróleo, Grecia no importa, ya que gane quien gane se negociará y se arreglará el problema de la deuda, previsiblemente con una reestructuración "suave" y pactada.
Mucho "positivismo" por tanto, y mucha euforia en la zona euro, contrastando con una mayor cautela en EE.UU. y en Asia. En este escenario y en una semana en la que los platos fuertes son la decisión del BCE y las elecciones griegas, pero en la que también hay datos económicos como la encuesta ZEW alemana o los PMIs adelantados de enero de la zona euro, y algunos resultados interesantes como los de Johnson&Johnson, IBM, Morgan Stanley, o American Express, somos partidarios, yendo un poco contra corriente, de tomar coberturas comprando opciones put sobre todo del Eurostoxx y del Dax.
Lo peor que nos puede pasar es que perdamos el precio de la prima, pero en todo caso, en medio de la complacencia reinante, las primas ahora bastante baratas, y pagar o perder su precio compensa a nuestro juicio sobradamente la cobertura de los riesgos latentes.





















