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Opinión | El arca
Martes, 20 de Enero de 2015
ALBERTO CASTILLO

Sin techo

Desde 1995, cuando el Partido Popular ganó las elecciones y se produjo el cambio en los gobiernos regional y municipal, vengo oyendo lo de la tristemente celebre construcción de un albergue municipal para dar cobijo a quien nada tiene. Pero hemos llegado a la recta final del presente mandato, veinte años de gobierno  en la Glorieta y aquí no se ha puesto ni una piedra a tal fin. Ni se han designado, siquiera, terrenos para su posible construcción.


Estos días de crudo invierno que nos ha regalado enero se acrecienta la necesidad de buscar cobijo a los desahuciados de la sociedad. A los que nada tienen. Pero si no fuera por las instituciones privadas y los voluntarios que entregan su vida para hacer el bien a los demás, esto sería un caos. Alguien podrá decirme: “Para eso está Jesús Abandonado” No, mire usted desconocido lector, esa institución regida y movida por un patronato privado junto a los hermanos de San Juan de Dios, hace todo lo que puede y más, por supuesto, pero desde un voluntariado y una entrega digna del mayor de los elogios. Los de Jesús Abandonado, día sí y día también, cubren muy dignamente las carencias de una sociedad que le ha dado la espalda a los que más lo necesitan. Las gentes, extraordinarias gentes, que trabajan voluntariamente en esa institución se buscan todos los días el “pan y la sal” para que los más pobres tengan un plato de comida caliente o un bocadillo. Ropa para cubrir sus desnudeces y un techo, sobre una cama, donde protegerlos de las inclemencias del tiempo. Y todo esto llamando a las puertas o incluso, me consta, aportando dinero de sus mermadas economías. Así funciona aquello.


Las subvenciones, que las hay por supuesto, son cada vez más cortas y dan para menos. Pero ellos, impasibles ante el desaliento, siguen con esta humanitaria labor y multiplican, como hiciera el Maestro de Nazaret, los panes y los peces. El “Dios proveerá” funciona de maravilla en esta ejemplar institución y, desde luego, Dios les ayuda todos los días para que puedan dar esperanza a los que la dejaron por los tortuosos caminos de la vida.


Nos hemos acostumbrado, y más desde los últimos años, a que las ONGs hagan y suplan el papel que correspondería a los gobernantes. Nos hemos confiado, quizás en exceso, a que la Iglesia llevando a la práctica el Humanismo Cristiano que predica llene el hueco que los políticos dejaron vacío hace muchos años. Siempre, como en todo, hay honrosas excepciones y no voy a caer en la generalización que nunca me ha gustado. Políticos los ha habido, y los hay, que se entregan a los mas necesitados pero, como se decía en la huerta “una gotica de cera no hace el Cirio Pascual”. Las  cosas son así y por desgracia, el paso del tiempo, nos está dando la razón.


Se dijo que Murcia tendría un albergue de transeúntes y sin techo. Somos la séptima capital de España sobrepasando ya el medio millón de habitantes sumando toda el área metropolitana de esta ciudad pero, en el cómputo nacional, estamos a la cola en estos servicios pues tenemos el honroso honor de ser de las pocas “grandes capitales” que no disponen de estas instalaciones humanitarias.


Si repasamos, desde el Gobierno municipal, ha habido terrenos y se han cedido para muchas cosas. Las peñas huertanas, que me parece muy bien, han dispuesto de solares municipales para levantar barracas y ventorrillos, se han donado zonas públicas a las juntas municipales para hacer, en algunos casos, faraónicas obras de equipamientos y recreo que, por desgracia, están infrautilizadas. Se han derribado guarderías, la Paz, para la creación del “sueño de López Rejas que al final como dicen en la huerta “ni chicha ni limoná” Por cierto que el tema de la tristemente celebre guardería del populoso barrio murciano se encuentra, estos días, en los tribunales y a lo que parece nadie ordenó su derribo ni nadie sabe nada cuando su Señoría pide explicaciones. La única verdad es que los niños, desde varias generaciones hacia atrás, siguen hacinados en barracones. En fin un despropósito tras otro.


La realidad es que, a día de hoy, el albergue es otra de las promesas incumplidas y nada se sabe al respecto. La calle, los cartones, las mantas que, por cierto, reparten desde otra ONG son el único cobijo de estas personas que buscan techo en los lugares más inverosímiles de la ciudad. Sin olvidar, no podría hacerlo, que otro grupo de voluntarios cristianos, especialmente jóvenes universitarios, salen estas frías noches del invierno murciano para darles un caldito caliente o un vaso de café con leche para que los rigores de la estación no sean tan duros. ¿Y el albergue municipal? Bien muchas gracias.


Tenemos que confiar, como siempre, en la labor humanitaria de nuestros semejantes. Debemos apoyar y apoyamos a Jesús Abandonado para que puedan seguir dando techo y cobijo a los que nada tienen. No obviar jamás a la Iglesia que suple, con sus acciones, lo que los políticos no hacen. Gracias a ellos, a todos, los que nada tienen encuentran consuelo aunque sea temporal a sus desdichas. La labor evangelizadora queda patente con estas acciones y bendito sean por ello. Es seguir fieles a los mandatos de Jesús de Nazaret y seguir su ejemplo de vida y su doctrina. No hay que hacer más. Con eso será más que suficiente.


En cuanto al Albergue municipal, por favor, no vuelvan a sacarlo en campaña electoral. No prometan lo que luego nadie cumple y dejen a los pobres en paz pues, como bien saben todos, los pobres, ni dan ni quitan votos pues ni tan siquiera están censados para votar y los que si lo están ni les preocupa quien gobierne de todas formas sean unos o sean otros, nadie, se acuerda de ellos.


Como acabo de decir, los pobres, los olvidados, los marginados, los que nada tienen, no votan. ¿Para que nos vamos a preocupar de ellos? Para eso está la Iglesia.

 

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