Las medidas de Rajoy
El nuevo presidente del gobierno hizo un discurso conciliador en su debate de investidura, invitando a todos a colaborar ante la difícil tarea que nos espera. Habló de que nos enfrentamos como país a un escenario sombrío y desolador, en un discurso que muchos tildaron de demasiado negativo.
Sin embargo, se trató de un discurso realista. Los últimos diez años, mientras los precios y salarios estaban congelados en Alemania, se incrementaron aceleradamente en España, Grecia o Portugal y eso nos ha llevado a ser muy poco competitivos respecto a los alemanes, hemos importado mucho más de lo que exportábamos, incurriendo en grandes déficits por cuenta corriente. La única manera de resolver nuestro grave problema de competitividad es bajar precios y salarios a través de deflación o devaluación interna. Y a este dificil reto se enfrenta el nuevo presidente de los españoles.
Por ello, una gran prioridad para Rajoy será la creación de empleo. A su juicio, reducir la tasa de paro es "lo más importante" en este momento, aunque también "lo más difícil". No dejó claro como lo haría, pero la lógica invita a pensar que hará una reforma de las leyes laborales que facilite al máximo la entrada de nuevos trabajadores al sistema productivo. Porque la única manera de incrementar el PIB es que crezca la población trabajadora o que crezca la productividad. Sí adelantó, para lo primero, una bonificación del 100% en las cotizaciones de la Seguridad Social para contratación de menores de 30 años y, para lo segundo, que eliminará los puentes laborales.
España se enfrenta a un escenario de gran incertidumbre pues, en un exceso de confianza en sus posibilidades, ha construido un inmenso agujero de deuda exterior del que ahora no sabe salir. Hasta la fecha España ha estado engordando su deuda y emitiendo nueva deuda para pagar la anterior y, como consecuencia, el Estado español debe más de ocho veces todo lo que es capaz de recaudar en un año.
Nuestro país está compuesto por una población que envejece, cargada de deuda, que fabrica pocas cosas competitivas en una economía global hoy cada vez más preparada. Un país así debe cortar drásticamente el gasto e invertir en competitividad. Esta es la apuesta que puso sobre la mesa Mariano Rajoy.
El recorte de gastos es, sin duda, mejor que una subida de impuestos para mejorar la salud de una economía después de una crisis de crédito. Por ello, el nuevo presidente está obsesionado con la austeridad y por ello habló de una larga lista de medidas destinadas a cumplir con el objetivo de déficit exigido por la UE, con la única alegría de la revalorización de las pensiones a partir del uno de enero.
Una subida de impuestos reduciría el crecimiento y crecimiento es lo que necesitamos, por ello Rajoy apostó por la bajada de impuestos a empresa pymes y fomentar la reinversión bajando en diez puntos la fiscalidad de los beneficios no distribuidos. Esto es positivo, porque cuando las empresas privadas invierten ganan economías de escala y se hacen más competitivas. En mi papel de asesor en compraventa de empresas detecto en el empresariado español mucha deuda y pocos recursos propios, por lo tanto esta medida ayudará sin duda al reforzamiento del capital en las empresas.
En el sistema financiero, parece que el presidente del gobierno descartó que el Estado asumiese los activos tóxicos de las entidades financieras y apostó a obligarlas al saneamiento de sus balances a través de la venta de los inmuebles a precio de mercado. Esta medida incrementará las necesidades de capital de muchos bancos que serán solventadas, según entendí, a través de la adquisición de los bancos poco solventes por parte de otros más saneados. Como consecuencia, serán los accionistas de los bancos, y no los contribuyentes, los que paguen los errores de sus directivos. La gran cuestión es cuánto se tardará en hacerlo y cómo se devolverá la confianza exterior en el sector financiero español para que vuelva a fluir el crédito en nuestra economía.
El gobierno recortará su deuda a través de ajustes en gasto y eso ahondará la recesión a corto plazo. Pero la falta de competitividad de nuestra economía sólo se arreglará con años de esfuerzo y sacrificio colectivo, sólo nos podremos desendeudar si conseguimos un superavit por cuenta corriente y eso únicamente lo conseguiremos si somos competitivos, y para serlo tendremos que ajustar los salarios o trabajar mejor y más horas. En definitiva, esto va a ser doloroso, pero no es una cuestión de dolor o no dolor, es de cuándo y cómo decidimos asumirlo. Da la impresión de que Rajoy está decidido a meter el bisturí en nuestra economía y, por el momento, parece va en la buena dirección.
Sin embargo, se trató de un discurso realista. Los últimos diez años, mientras los precios y salarios estaban congelados en Alemania, se incrementaron aceleradamente en España, Grecia o Portugal y eso nos ha llevado a ser muy poco competitivos respecto a los alemanes, hemos importado mucho más de lo que exportábamos, incurriendo en grandes déficits por cuenta corriente. La única manera de resolver nuestro grave problema de competitividad es bajar precios y salarios a través de deflación o devaluación interna. Y a este dificil reto se enfrenta el nuevo presidente de los españoles.
Por ello, una gran prioridad para Rajoy será la creación de empleo. A su juicio, reducir la tasa de paro es "lo más importante" en este momento, aunque también "lo más difícil". No dejó claro como lo haría, pero la lógica invita a pensar que hará una reforma de las leyes laborales que facilite al máximo la entrada de nuevos trabajadores al sistema productivo. Porque la única manera de incrementar el PIB es que crezca la población trabajadora o que crezca la productividad. Sí adelantó, para lo primero, una bonificación del 100% en las cotizaciones de la Seguridad Social para contratación de menores de 30 años y, para lo segundo, que eliminará los puentes laborales.
España se enfrenta a un escenario de gran incertidumbre pues, en un exceso de confianza en sus posibilidades, ha construido un inmenso agujero de deuda exterior del que ahora no sabe salir. Hasta la fecha España ha estado engordando su deuda y emitiendo nueva deuda para pagar la anterior y, como consecuencia, el Estado español debe más de ocho veces todo lo que es capaz de recaudar en un año.
Nuestro país está compuesto por una población que envejece, cargada de deuda, que fabrica pocas cosas competitivas en una economía global hoy cada vez más preparada. Un país así debe cortar drásticamente el gasto e invertir en competitividad. Esta es la apuesta que puso sobre la mesa Mariano Rajoy.
El recorte de gastos es, sin duda, mejor que una subida de impuestos para mejorar la salud de una economía después de una crisis de crédito. Por ello, el nuevo presidente está obsesionado con la austeridad y por ello habló de una larga lista de medidas destinadas a cumplir con el objetivo de déficit exigido por la UE, con la única alegría de la revalorización de las pensiones a partir del uno de enero.
Una subida de impuestos reduciría el crecimiento y crecimiento es lo que necesitamos, por ello Rajoy apostó por la bajada de impuestos a empresa pymes y fomentar la reinversión bajando en diez puntos la fiscalidad de los beneficios no distribuidos. Esto es positivo, porque cuando las empresas privadas invierten ganan economías de escala y se hacen más competitivas. En mi papel de asesor en compraventa de empresas detecto en el empresariado español mucha deuda y pocos recursos propios, por lo tanto esta medida ayudará sin duda al reforzamiento del capital en las empresas.
En el sistema financiero, parece que el presidente del gobierno descartó que el Estado asumiese los activos tóxicos de las entidades financieras y apostó a obligarlas al saneamiento de sus balances a través de la venta de los inmuebles a precio de mercado. Esta medida incrementará las necesidades de capital de muchos bancos que serán solventadas, según entendí, a través de la adquisición de los bancos poco solventes por parte de otros más saneados. Como consecuencia, serán los accionistas de los bancos, y no los contribuyentes, los que paguen los errores de sus directivos. La gran cuestión es cuánto se tardará en hacerlo y cómo se devolverá la confianza exterior en el sector financiero español para que vuelva a fluir el crédito en nuestra economía.
El gobierno recortará su deuda a través de ajustes en gasto y eso ahondará la recesión a corto plazo. Pero la falta de competitividad de nuestra economía sólo se arreglará con años de esfuerzo y sacrificio colectivo, sólo nos podremos desendeudar si conseguimos un superavit por cuenta corriente y eso únicamente lo conseguiremos si somos competitivos, y para serlo tendremos que ajustar los salarios o trabajar mejor y más horas. En definitiva, esto va a ser doloroso, pero no es una cuestión de dolor o no dolor, es de cuándo y cómo decidimos asumirlo. Da la impresión de que Rajoy está decidido a meter el bisturí en nuestra economía y, por el momento, parece va en la buena dirección.




















