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Opinión |
Jueves, 12 de Marzo de 2015

Interconexión de Europa: “De las palabras a los hechos”

Tras la firma del acuerdo entre España, Portugal y Francia la pasada semana (la ya popular expresión de Mariano Rajoy “de las palabras a los hechos”) para impulsar las interconexiones eléctricas y gasísticas, entre estos tres países, me van a permitir hacer algunas consideraciones sobre la necesidad de mejorar las interconexiones eléctricas a nivel europeo.

 

Bélgica, uno de los miembros fundadores de la Unión Europea (que alberga sus instituciones principales, así como un número importante de otras organizaciones internacionales, como la OTAN) comunicó el pasado septiembre que el gobierno belga estaba elaborando un plan de emergencia ante el temor de no poder abastecer la demanda eléctrica en un invierno que se presentaba más frío que el anterior. Tras el cierre inesperado de tres de sus siete reactores nucleares, el país ha dejado de producir una cuarta parte de electricidad, lo que podría traducirse en una incapacidad de abastecimiento a los ciudadanos. La compañía de transporte eléctrico belga, Elia, confirmó que Bélgica tenía que importar hasta 3.500 megavatios de Francia y Países Bajos, para poder asegurar el suministro en el país.

 

¿Qué está ocurriendo en un continente, en teoría, tan avanzado, y tan dependiente energéticamente, como Europa?

 

La sombra de lo ocurrido en el 2006, donde un gran apagón dejó sin luz a media Europa durante más de 1 hora, afectando a más de 10 millones de personas, ha vuelto a aparecer.


Las principales compañías de energía de Europa ya vienen alertando desde hace un tiempo sobre posibles problemas de apagones, advirtiendo que ya no sólo es un problema de competitividad sino de seguridad de suministro.

 

Es cierto que la reacción en cadena del apagón del 2006 se podría argumentar que se agravó por la interconexión entre los países y que las declaraciones de los líderes europeos se hacen en un contexto sobre la “idoneidad” del actual esquema de subvenciones a determinadas tecnologías de energía renovable. Ahora bien, lo innegable es que, dado que la participación de las energías renovables es cada vez mayor y el phase-out de la energía nuclear (y de otros tipos de energía como el carbón) en varios países de Europa es un hecho, lo único que nos queda para garantizar la seguridad de suministro -ante eventuales decisiones de política Europea- es facilitar cuanto antes el “comercio de electricidad transfronterizo”. Ese “comercio” se facilita mediante” interconexiones”, lo cual permite acceso a plantas de generación, aunque estén lejos, ofreciendo más cobertura en caso de necesidad (como podría ocurrir en Bélgica) ante un problema de intermitencia en la generación renovable o una insuficiente planificación de la demanda eléctrica.

 

España exigió en el Consejo Europeo a finales del año pasado una nueva interconexión eléctrica con Francia a través de los Pirineos, que se sume a la que Red Eléctrica prevé inaugurar en febrero de 2016 y a la que ya se planea a través del Golfo de Vizcaya. Con un ratio de interconexión del 1,2%, España es uno de los países más alejados del objetivo del 10% de interconexiones marcado por Bruselas.

 

Con más capacidad de interconexión en la frontera con Francia, se podría exportar el excedente de producción de las renovables españolas y haría más seguro y robusto el sistema, al protegerle de apagones a uno y otro lado de las fronteras. España cuenta con más de 100.000 megavatios de potencia instalada, más del doble de la que se necesita en horas de máximo consumo, con lo que podría jugar un rol determinante en la garantía de suministro en Europa y de paso reducir el coste de la factura a los ciudadanos.

 

A su vez, en otra escala, debería potenciarse aún más el desarrollo de redes inteligentes (o Smart Grids) para que los consumidores, a través de la gestión de la demanda y la generación distribuida, puedan formar parte activa del sistema eléctrico aportando energía eléctrica cuando el sistema más lo necesite. En España, con la nueva normativa de interrumpibilidad, la reducción de potencia podrá realizarse tanto por motivos técnicos- una emergencia- como económicos que se deriven, si el coste de interrumpir el suministro es menor que el que resulta de aplicar los servicios de ajuste que Red Eléctrica aplica al sistema.

 

El rol de España en la interconexión es vital, ya que contribuiría a maximizar el uso de la energía e infraestructuras y, de este modo, la política energética comunitaria conseguirá al tiempo los objetivos de seguridad y competitividad en la carrera hacia un modelo energético europeo sostenible.

 

Artículo publicado con autorización de Cinco Días.

 

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