Si los bancos no colaboran, poco pan para hoy y mucha hambre para mañana
Estamos asistiendo a una situación en la que todo vale, y digo que todo vale porque al sector de la promoción inmobiliaria no le queda más remedio que aceptar la situación que se le ha venido encima.
¿Qué situación es esa? La de venir soportando ya más de tres años una posición en la que el rodillo de determinadas entidades financieras pasa por encima de la empresa y de las necesidades del conjunto del sector.
Somos muy conscientes de la crisis financiera europea y mundial, de que hay que hacer los deberes para generar confianza y, por supuesto, adaptarse a los nuevos tiempos. En nuestro sector en concreto aún tenemos pendiente una reestructuración interna, en ella estamos trabajando y a ella debemos todos prestar la importancia que se merece: queremos seguir siendo un sector que contribuye, como lo ha venido haciendo hasta ahora, al PIB, a los impuestos y a la generación de empleo.
Atónitos, sin embargo, vemos cómo profesionales de nuestro sector, con experiencia y amplios conocimientos, se están viendo desplazados por algunas entidades financieras; desplazados en ocasiones no a un segundo o tercer plano, sino a un plano inexistente. Los profesionales de las finanzas que antes estudiaban y financiaban nuestros proyectos ahora se convierten en profesionales de bienes inmuebles, en expertos (¿con qué experiencia previa?) en comercialización de viviendas.
Y los que antes vendían televisores, vajillas o planchas ahora venden casas, y lo hacen bajo su propio criterio sin atender a realidades del sector, como una subida del precio del suelo que hizo al promotor incrementar el precio del inmueble hasta el punto de quedarse fuera del mercado. Un mercado que ahora está copado por entidades financieras cuyo verdadero producto son las agresivas campañas de comunicación.
Los bancos tienen la posibilidad de realizar costosas inversiones en publicidad, de contar con tantos puntos de venta como oficinas poseen y de disponer de un amplio equipo humano. Pero no por ello son más o mejores profesionales que los expertos del sector.
También tienen la posibilidad –y desde luego que lo están haciendo- de aplicar agresivas políticas de comercialización y de confundir a la demanda. Esto es lo que más daño nos hace a nosotros. El comprador de vivienda no sabe cuánto cuesta una casa en la zona que le interesa; proliferan los mensajes confusos y la idea, absolutamente falsa, de que las casas de los bancos son más baratas.
Yo me pregunto: ¿Por qué no implantar sistemas de colaboración para que los bancos comercialicen apoyándose en los profesionales inmobiliarios y los promotores? La falta de visión real en tiempos pasados y la falta, en muchos casos, de profesionalidad, llevó al sector a una situación deteriorada que ahora estamos padeciendo todos. ¿Y no hemos aprendido nada?
Mi reflexión: hay muy buenos profesionales en el sector inmobiliario con una amplia experiencia a sus espaldas y con muchas ganas todavía de luchar y sacar adelante proyectos.
¿Por qué no van a poder hacerlo? La fórmula del rodillo es poco pan para hoy y mucha más hambre para mañana. Aprendamos de lo vivido, definamos medidas y estrategias y convivamos para ganar todos. En una crisis global no puede haber sitio para la prepotencia.
¿Qué situación es esa? La de venir soportando ya más de tres años una posición en la que el rodillo de determinadas entidades financieras pasa por encima de la empresa y de las necesidades del conjunto del sector.
Somos muy conscientes de la crisis financiera europea y mundial, de que hay que hacer los deberes para generar confianza y, por supuesto, adaptarse a los nuevos tiempos. En nuestro sector en concreto aún tenemos pendiente una reestructuración interna, en ella estamos trabajando y a ella debemos todos prestar la importancia que se merece: queremos seguir siendo un sector que contribuye, como lo ha venido haciendo hasta ahora, al PIB, a los impuestos y a la generación de empleo.
Atónitos, sin embargo, vemos cómo profesionales de nuestro sector, con experiencia y amplios conocimientos, se están viendo desplazados por algunas entidades financieras; desplazados en ocasiones no a un segundo o tercer plano, sino a un plano inexistente. Los profesionales de las finanzas que antes estudiaban y financiaban nuestros proyectos ahora se convierten en profesionales de bienes inmuebles, en expertos (¿con qué experiencia previa?) en comercialización de viviendas.
Y los que antes vendían televisores, vajillas o planchas ahora venden casas, y lo hacen bajo su propio criterio sin atender a realidades del sector, como una subida del precio del suelo que hizo al promotor incrementar el precio del inmueble hasta el punto de quedarse fuera del mercado. Un mercado que ahora está copado por entidades financieras cuyo verdadero producto son las agresivas campañas de comunicación.
Los bancos tienen la posibilidad de realizar costosas inversiones en publicidad, de contar con tantos puntos de venta como oficinas poseen y de disponer de un amplio equipo humano. Pero no por ello son más o mejores profesionales que los expertos del sector.
También tienen la posibilidad –y desde luego que lo están haciendo- de aplicar agresivas políticas de comercialización y de confundir a la demanda. Esto es lo que más daño nos hace a nosotros. El comprador de vivienda no sabe cuánto cuesta una casa en la zona que le interesa; proliferan los mensajes confusos y la idea, absolutamente falsa, de que las casas de los bancos son más baratas.
Yo me pregunto: ¿Por qué no implantar sistemas de colaboración para que los bancos comercialicen apoyándose en los profesionales inmobiliarios y los promotores? La falta de visión real en tiempos pasados y la falta, en muchos casos, de profesionalidad, llevó al sector a una situación deteriorada que ahora estamos padeciendo todos. ¿Y no hemos aprendido nada?
Mi reflexión: hay muy buenos profesionales en el sector inmobiliario con una amplia experiencia a sus espaldas y con muchas ganas todavía de luchar y sacar adelante proyectos.
¿Por qué no van a poder hacerlo? La fórmula del rodillo es poco pan para hoy y mucha más hambre para mañana. Aprendamos de lo vivido, definamos medidas y estrategias y convivamos para ganar todos. En una crisis global no puede haber sitio para la prepotencia.





















