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Opinión |
Jueves, 09 de Abril de 2015

Cuando llega el tsunami, cash management

Todos conocemos el refrán “solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”, el cual aplicamos con demasiada frecuencia respecto a un asunto tan vital, para la continuidad de nuestro negocio, como es el de la gestión de tesorería y que solo vigilamos cuando llega el tsunami y nos encontramos con la caja vacía.

 

‘Cash is King’ (La caja es el rey), significa una norma en el ámbito de la gestión empresarial que siempre deberemos tener bien presente y que, de aplicarla convenientemente, nos ayudará a no tener que vivir la muy desagradable experiencia de reconocer nuestra falta de recursos líquidos, para afrontar los compromisos que se derivan del desarrollo de cualquier actividad o negocio. Sin embargo, siendo esta una cuestión básica y fundamental, que debemos siempre cuidar con sumo celo y atención, no debemos olvidar que la misma es fruto de la marcha del negocio y de la gestión que hagamos del mismo, no generándose por sí sola, sino dependiente de otras variables y actuaciones, como por ejemplo, la obtención de una suficiente rentabilidad en nuestros proyectos, tanto bruta como neta, después de aplicar la necesaria deducción de los gastos generales, que debe derivarse de una bien dimensionada estructura central o de soporte, rigurosa y procedimentada gestión del riesgo comercial, continua gestión de cobro, etc.

 

A pesar de que podamos repetir infinitas veces la conveniencia o mejor dicho la necesidad de cuidar los saldos en nuestras cuentas corrientes y la disponibilidad de nuestros recursos líquidos o realizables en un corto plazo, son igual número de veces en las que lo olvidamos, motivados por la euforia de un negocio prometedor e hipotéticamente rentable, por la entrada de un muy potente cliente, que sin embrago ofrece unas leoninas condiciones de ejecución y pago, al límite de nuestras escasas capacidades o también por la promesa en firme de nuestros clientes, y repetidamente incumplidas, de un inmediato pago de nuestras facturas, lo que nos incita, para nuestra entera desgraciada futura, a postergar decisiones de ajuste que, dadas las señales y avisos de alerta que estamos recibiendo, es más que recomendable implementar con urgencia extrema, a fin de no alcanzar límites y situaciones que serán para nosotros insoportables.

 

Por tanto, para cumplir con el dogma ‘Cash is King’, garantizar la continuidad de nuestro negocio y vivir relativamente tranquilos pisando terreno firme, debemos definir y ejecutar con acertado criterio, un control de gestión, que deberá determinar, sin complejos algoritmos y ajustes difíciles de entender, la rentabilidad de cada uno de nuestros proyectos; la aplicación de una correcta política de riesgo comercial, basada en el análisis objetivo de la calidad crediticia de cada uno de nuestros clientes y respaldada por unos muy recomendables seguros de crédito; una insistente e implacable gestión de cobro, que recuerde y verifique con nuestros clientes, el cumplimiento de los plazos fijados para la liquidación de facturas, emprendiendo, de manera automática y sin excusas,  las acciones de recuperación que se hayan diseñado, cuyo objetivo deberá ser corregir el desequilibrio que generan estos incumplimientos.

 

Por tanto, parapetados en los diques que suponen la buena gestión integral, y que básicamente se apoya en las actuaciones antes descritas, evitaremos tener que soportar, y reparar a la desesperada, los devastadores efectos que provoca el tsumani de una caja vacía y que una anticipada cash management hubiese evitado casi con total seguridad.

 

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