Talante y Talento
Hace unos años, la búsqueda del talante se convirtió en un asunto de Estado, siendo la misión prioritaria que a toda consta había que cumplir, pues se trataba del remedio prodigioso para la cura inmediata y definitiva de todos los males que como país nos acechaban y que nos impedían alcanzar los niveles de consenso suficiente, para catapultarnos hacía el mayor de los éxitos de los que somos merecedores.
Lejos de querer poner en duda si esta era la cuestión clave, o por el contrario eran otras las variables fundamentales que nos limitaban y perjudicaban tantísimo, si es cierto que se trata de una cualidad indispensable para permitirnos abrir nuestra mente y recibir, con buen grado de aceptación y comprensión, ánimo constructivo y
ausencia total de prejuicios limitativos de las capacidades ajenas, cualquier contribución que un tercero pueda presentarnos, además, esta actitud nos ayudará a percibir con mayor claridad todo lo que nuestro interlocutor nos puede aportar o quiere de nosotros. El talante es una pieza básica para construir y desarrollar excelentes y eficaces relaciones de trabajo, permitiendo sacar lo mejor de cada persona, siempre a través de una comunicación abierta y bidireccional.
Habiendo ya transcurrido unos cuantos años, de nuevo nos encontramos sumidos en una nueva, intensa e incesante búsqueda de otra de esas llamadas cualidades fundamentales que, cual Santo Grial, nos dará la fuerza infinita y eterna juventud mental, que representará la piedra angular sobre la que se sustentaremos la más eficaz resolución de todos los males que nos afectan o puedan afectarnos y que resulta esencial para conseguir alcanzar elevados niveles de creatividad, sumamente necesaria para sobrevivir y progresar en un mundo tan abierto, tan cambiante y con tanto por hacer como es el actual.
Esta vez hablamos del talento, y sin querer tampoco entrar en discusiones sobre si es o no la solución definitiva, sí es oportuno decir que, al igual que el talante, este siempre aporta aspectos positivos y resulta imprescindible, si lo que queremos es situarnos en una posición ventajosa respecto a los demás, introduciendo un rasgo diferencial que nos haga destacar sobre el resto y que nos asegura unos sobresalientes niveles de desempeño que garanticen y mantengan la confianza ajena en nosotros.
Ahora bien, sea talante o talento, la cuestión más problemática, y que creo afecta a los dos por igual, es primero saber que significan y aportan y, segundo, establecer los canales, procedimientos y criterios que faciliten su identificación, captación, mantenimiento y sobre todo, potenciación, aunque claro está, que para esto, quien los busque deberá, primero contar con estas mismas cualidades, pues sino es fácil pensar que no teniendo estos mismos atributos, carecerá de la capacidad necesaria como para percibirlos en su interlocutor y, segundo, tener la voluntad de dedicar el tiempo necesario a un más profundo contacto personal, que hoy en día se viene perdiendo en beneficio de otros canales de interacción indirecta e impersonal y sistemas automáticos de criba curricular que es posible estén limitando las posibilidades de su efectiva detección.
Sinceramente, creo que hay que huir de modas pasajeras y ser consistente en la búsqueda de un ser completo e integral, de proporciones perfectas y capacidades infinitas, que aglutine estas dos cualidades por igual, tan necesarias hoy y siempre, y si para ello, tenemos que considerar más y mejor nuestro aspecto humano y fomentar una mayor interacción personal, hagámoslo, pues hay mucho que ganar, o perder, nuestro talante y talento.





















