Liderazgo tóxico: los 3 miedos que te impiden ser líder
En muchas ocasiones me han preguntado qué es lo que más puede impedir el ejercicio de un buen liderazgo o limitar el potencial de una persona para ser líder. No me cabe duda de que hay un factor por encima de todos que asocio a esas limitaciones y es el miedo.
El miedo es la fuerza represiva más potente que el ser humano haya conocido en sus miles de años de evolución. Aún siendo un elemento adaptativo que ha permitido a lo largo de los siglos preservar la especie, también debido a ese mismo poder y eficacia para la evolución humana, el miedo se ha constituido como un recurso fundamental para evitar situaciones y justificar decisiones que, en aras de no comprometer al directo interesado, acaban por perjudicar a las personas que conviven y trabajan con él.
¿Cuáles son los 3 miedos más frecuentes en empresarios y líderes de empresas?
- Miedo a perder o ceder el poder: este miedo tiene implícito en sus vertientes el miedo a confiar en los demás y se suele disfrazar de exceso de seguridad y control, abogando, las personas afectadas por ello, a rodearse de profesionales menos competentes que ellos mismos y culpar a los demás de los errores que ocurran. De esta manera no dan lugar a ocasiones en las que puedan verse sustituidos por el talento de nuevos aspirantes. La contrapartida de esta espiral es que estos líderes no pueden confiar en personas que saben que no están a su altura: por esta razón su área de gestión no puede crecer. Y por esta razón acaban por centralizar las decisiones, basándose en la gestión más puramente numérica y evitan el análisis de propuestas e ideas creativas justificando que bien no tienen cabida, bien no son posibles, o bien no convienen. Esta tipología de miedos se suele dar más en directivos de empresas que trabajan por cuenta ajena o en empresarios con complejos de inferioridad y baja autoestima.
- Miedo al error, al ridículo o al fracaso: suele ser un miedo menor entre los empresarios porque quien emprende, precisamente es consciente y sabe afrontar los riesgos que esto conlleva. No obstante, este miedo suele instalarse sobre todo entre empresarios herederos que se encuentran la empresa medio hecha y que no tuvieron la posibilidad previa de intentarlo y fracasar, o que vivieron los fracasos de sus padres empresarios como experiencias traumáticas. Las segundas y terceras generaciones de empresas suelen resultar más afectadas por este tipo de liderazgo tóxico. Tienen miedo a defraudar (sobre todo a sus padres cuando las empresas son familiares) y suelen ser muy condescendientes en el aspecto más visible de su conducta, aunque careciendo del valor suficiente, acaban por hacer de la evitación su pauta más frecuente: no toman decisiones atrevidas y hacen del conformismo y la buena cara ante los demás sus mayores aliados. Este miedo resulta un impedimento para ellos y para sus colaboradores porque les impide aprovechar oportunidades, anclándoles en ese mismo confort.
- Miedo al cambio no decidido: es un miedo derivado de los anteriores dos y tiene implícito el miedo a los imprevistos. Este miedo se encuentra más presente en empresarios hechos por si mismos y con cierto éxito. Debido al éxito cosechado, rehúsan cambiar sus fórmulas, acabando por resultar sus modelos de gestión más obsoletos con el pasar del tiempo. Estas personas no es que tengan miedo al cambio, sino que no desean dejarse llevar por cambios que no deciden. Son personas con fuerte orientación al control, que impiden a sus colaboradores desarrollarse en el pleno de su potencial porque esto podría suponer que ciertas decisiones y situaciones maduren y evolucionen con una velocidad y autonomía que no se sienten capaces de administrar y controlar. Por esta razón acaban por centralizar sus decisiones.
Estos tres miedos se esconden no solamente en las decisiones que no se toman, sino, también, en aquellas que se toman y que se habrían podido tomar de otra manera y con otro enfoque. Es más, toda decisión, por muy atrevida que resulte, pude llevar asociada cierta componente de miedo que esté influyendo o condicionando el destino de lo que llegará.
Para detectar que miedos se esconden detrás de una decisión, sea cual fuera, basta con plantearse un empresario o líder, que decisión sería la más atrevida a tomar en ese supuesto, y que es lo peor que podría pasar como consecuencia de tomarla y fallar.
Hay tres preguntas que una persona se puede hacer para detectar y superar miedos que le impiden tomar las decisiones que les gustaría.
La primera pregunta es: “¿Que es lo que me atrevería a hacer si supiera al 100% que no fallaría?”.
Este proceso de “auto-coaching” pude devolver a la persona información importante acerca de cuál es la distancia que separa su decisión elegida inicialmente, de aquella que en realidad le gustaría tomar.
La siguiente: “¿Por qué no quiero tomar esa decisión?”
Y la última: “Qué gano yo con no tomar esa decisión?”
Estas dos siguientes preguntas informan a la persona de qué miedo le está impidiendo tomar esa opción. No hay que olvidar que detrás de una buena justificación por no hacer algo, siempre se esconde el miedo disfrazado de razón. La justificación es el miedo disfrazado de razón.





















