La muerte prematura de la pyme
Una de cada tres pymes muere antes de los cinco años
Tras este estremecedor dato estadístico subyace la frustración de muchas ilusiones y grandes esfuerzos realizados por los empresarios y emprendedores, que en la mayoría de los casos se encuentran detrás de este tipo de empresas, cuando no, la puesta en claro peligro de destrucción y pérdida parcial o total de su patrimonio personal y familiar, lo cual puede llegar a suponer una verdadera tragedia.
Sin querer entrar a valorar ahora la máxima que muchas veces se incumple, posiblemente por falta de experiencia o sensato asesoramiento, de “Invierte el 100% de tu esfuerzo y el 50% de tu dinero” y que debe observarse, sin excepción alguna, en todos los casos en los que pretendamos arrancar un proyecto empresarial o de
emprendimiento, el hecho de que más de un tercio de las negocios que se ponen en marcha, mueran en sus primeros años de vida, supone una inaceptable pérdida de oportunidad de desarrollo económico y social, más aún cuando en España la pyme representa el 99,88% de nuestro tejido empresarial, es el tipo de empresa que más empleo genera.
y además supone el instrumento que mejor contribuye a una más equitativa distribución de la riqueza.
Atendiendo a los posibles orígenes que generan esta alta y dramática tasa de mortalidad, se puede comprobar como estos mayoritariamente se asocian a las debilidades o deficiencias que, de manera excesivamente generalizada, acechan y amenazan a la pyme y son las referidas a:
- Baja cualificación de su equipo de gestión
- Tensiones de tesorería y falta de liquidez
- Limitado acceso a la financiación
- Mala definición del modelo de negocio
Pudiendo considerar más que normal que esta problemática sea inherente a la pyme, dada su falta de dimensión y capacidad, hoy en día, esta “excusa” ya no es suficiente para justificar una falta de actuación en estas materias pues, afortunadamente, ya existen en el mercado soluciones en forma de servicios externalizados (outsourcing), que facilitan y ponen a disposición de la pyme, equipos de cualificados y experimentados profesionales, capaces de implementar unas muy contrastadas metodologías de trabajo, que permiten aplicar soluciones eficaces y siempre ajustadas a las capacidades reales de la pyme, en materia de gestión financiera y que, complementando, no sustituyendo, la labor realizada por el personal propio de administración y/o la gestoría/asesoría externa que aquella pudiera tener contratada, aporta un elevado valor añadido la gestión económico-financiera de la empresa, contribuyendo de manera muy considerable a garantizar su viabilidad, continuidad de actividad y maximización de resultados.
Siendo esto así, ya no hay razón para seguir aceptando como inevitable esta muerte prematura de la pyme, al menos por los motivos antes expuestos, y plantear nuevas formas de trabajar, apoyando nuestra gestión en esas alianzas claves que tanto pueden aportar a nuestro negocio, y que además se ofrecen a precios más que competitivos y siempre asumibles por esta algo débil, pero muy valiosa empresa que es la pyme.






















