La Fed debe decir algo
A la espera de ver si se produce o no lo que ya algunos llaman el "default moment" de Grecia, las Bolsas siguen instaladas en una banda relativamente estrecha, con baja volatilidad y con el soporte continuado de unos Bancos Centrales que no desean bajo ningún concepto que todos los esfuerzos hechos en los últimos años para estabilizar los mercados financieros puedan venirse abajo.
La idea con la que finalizábamos nuestro comentario de hace una semana de un mejor ambiente en los mercados propiciado por el esfuerzo de los Gobiernos y de los banqueros centrales para evitar sustos mayores, ha funcionado bien en la segunda semana de junio y hemos visto como el S&P y el Dow han tenido subidas muy suaves, casi imperceptibles, mientras el Nasdaq caía un ligerísimo 0,3% en la semana. En Europa los movimientos han sido igualmente suaves, con caída semanal del 0,2% en el Eurostoxx, el Dax plano, el Ibex y el Cac cayendo un 0,3% y un 0,4% respectivamente y el Mib italiano subiendo un 0,1%. El resto de las Bolsas globales tampoco han ofrecido mayores sorpresas con una caída del Nikkei que no llega al 0,3% Hong Kong estable y el Shanghai Composite prosiguiendo su escalada alcista con una subida semanal del 2,8%.
Sin embargo, una vez más, la lectura de las cifras anteriores puede dar una falsa sensación de tranquilidad, que no refleja la realidad de unos mercados que tienen la sensibilidad a flor de piel y que siguen con atención los focos de posibles incertidumbres, como son las ya mencionadas conversaciones con Grecia, las noticias y datos económicos que van apareciendo, la evolución de los tipos de interés o las palabras y decisiones de los banqueros centrales. Cada dato, cada manifestación de los banqueros centrales, cada giro en la negociación con Grecia, tiene su reflejo inmediato en unas Bolsas y en unos mercados de bonos que dan la sensación de estar a la espera de algo importante.
En ese contexto las palabras de Draghi tras la reunión del BCE del 3 de junio cayeron como una bomba, al mostrar una actitud indiferente ante las posibles turbulencias financieras diciendo a los inversores que debían acostumbrarse a la volatilidad y, para compensar esas palabras, el miembro del Comité Ejecutivo del BCE Benoit Coeuré, que ya tuvo hace dos semanas otra intervención en Londres anunciando que el BCE acelerará antes del verano su compra de bonos, salió de nuevo al rescate, diciendo el pasado jueves que el BCE no reaccionará a la volatilidad de corto plazo ni dará a los participantes en los mercados un "seguro gratuito" frente al riesgo, pero tampoco permitirá "fluctuaciones excesivas" en los mercados que pongan en riesgo el objetivo de inflación del BCE. El reto para los inversores es determinar cuándo las fluctuaciones son "excesivas", pero el mensaje claro es que el BCE sí actuará si las turbulencias sobrepasan ciertos niveles.
Es bastante curioso contrastar, en la zona euro, lo que está pasando en los bonos soberanos y lo que está pasando en las Bolsas. Las Bolsas solo parecen tener ojos para las compras de bonos del BCE y para las negociaciones con Grecia, y parece claro que prefieren un mal acuerdo que una ruptura de conversaciones que pudiese conducir al "default" y salida de Grecia del euro. Los tipos de los bonos sin embargo siguen su escalada, con la única excepción del bund el viernes, pese a haber anunciado el BCE su compromiso con las compras de bonos. Las noticias que llegan de las conversaciones con Grecia apenas alteran el curso de los bonos, que en estas últimas semanas solo tienen una dirección, la de la subida de tipos. Esta semana pasada hemos visto ya al bund superar el tipo de interés del 1% el jueves, aunque es verdad que el viernes recortó de forma brusca hasta cerrar la semana en el 0,83%. Y el bono español e italiano se han "instalado" de forma permanente en niveles del 2,2% casi un punto por encima de sus mínimos anuales.
Es llamativo este comportamiento de los bonos cuando el Banco Mundial acaba de rebajar la estimación de crecimiento global de este año al 2,8% con las economías emergentes desacelerándose notablemente (Brasil y Rusia cayendo un 1,3% y un 2,7% respectivamente, América Latina como bloque rondando el cero, China bajando del 7% y solo con India subiendo al 7,5%). El Banco Mundial se ha sumado a la petición del FMI a la Fed de retrasar la normalización de la política monetaria para no poner en riesgo lo que considera una reactivación económica todavía muy frágil, pero parece que los inversores de bonos tienen en la cabeza otro tipo de datos que apuntan a una reactivación de la economía norteamericana. Las ventas minoristas de mayo en EE.UU., que se publicaron la semana pasada fueron buenas y parecen mostrar un mejor tono, al menos en la economía americana, que el que se refleja en las estimaciones del Banco Mundial.
En este contexto adquiere especial interés la reunión del próximo miércoles de la Fed. Las Bolsas americanas están muy cerca de los máximos históricos y se mantienen bien, con algunos recortes menores, en ese nivel alto. La fortaleza de las Bolsas americanas tiene mucho que ver con la convicción de que la Fed va a saber manejar adecuadamente el delicado proceso de normalización de la política monetaria, dicho llanamente, la subida de los tipos de interés, que llevan ya nueve años sin ver ni una sola subida. Los mercados esperan que Janet Yellen tenga algún mensaje, que diga algo. Si no lo dice o si lo que dice no gusta a las Bolsas, habrá recortes.
Hay más datos estadounidenses la semana que viene, como la producción industrial y la inflación de mayo o las encuestas manufactureras de Nueva York y Filadelfia. También en la zona euro se publica el IPC de mayo y la encuesta ZEW alemana, y en Japón la balanza comercial de mayo. Pero con toda seguridad la Fed y las conversaciones sobre Grecia serán los dos factores que muevan a los mercados.
La apuesta normal sería que la Fed no defraudará a los mercados y que no habrá "accidente" griego. Pero la prudencia impone estar protegido frente a las sorpresas en ambos temas, reduciendo los niveles de riesgo a través de la reducción del porcentaje de inversión o de la compra de coberturas. Esto nos supone un coste en términos de menor rentabilidad, pero es un coste que debemos asumir gustosamente para evitar riesgos se caídas bruscas que podrían producirse.





















