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Opinión |
Lunes, 15 de Junio de 2015

Carmona, de profesión cómico

Ya decía yo que me sonaba de hace años ese tal Antonio Miguel Carmona del PSOE que ha entregado nada menos que Madrid al ‘podemismo’ y a un equipo municipal de declarados indigentes intelectuales (por no decir  ‘delincuentes’, como hubiese sentenciado el inolvidable catedrático de Gramática Perona). Lo que ha hecho Carmona es precisamente lo que necesitamos ahora para arreglar el país.
     
El tal Carmona, que me ha removido recuerdos que tenía bien enterrados, quiere de alcaldesa a una jueza Carmena que anima a sus ex colegas de profesión a no aplicar las leyes (a pesar de que parece la única de su equipo consistorial que al menos parece saber utilizar la pala del pescado y no va de sustancias psicotrópicas). Un concejal de Hacienda con pinta de alucinado que dice que el dinero no debe de estar en manos privadas. Uno de Cultura que, a juzgar por lo que él entiende por humor sobre violadas, asesinados y judíos, estaría muy propio echándose mano a la pistola, por lo cual ha dejado la concejalía y se rumorea que van a dársela a otra que se define en "twitter" (por el twitter muere el pez) como "feminazi" y que quiso que el banquero Emilio Botín muriese colgado, no en la cama. El departamento de Policía llevado por fumetas universitarios. Y la cartera de Medio [Img #35941]Ambiente por el partidito Equo, de inevitable latinismo equino: si  Bildu entregó parques y jardines en San Sebastián a una recua de ovejas de pura raza vasca para que dejaran corto el césped, la concejalía podría poner de titular directamente a un caballo. Todo gracias al tal socialdemócrata Carmona, que deja bien claro en qué ha quedado la socialdemocracia en este país.

 
Pero, ¿De qué conozco yo a Carmona? ¿Qué ha sido en mi vida Carmona, al que casi había borrado de mis vestigios mentales? Veía estos días en el telediario esa cara llena de insolvencias morales y me preguntaba por qué me era tan familiar. ¡Claro! Carmona, antes de meterse a hacer mamarrachadas en política, era uno de esos cómicos que hacen bolos en tedetés de derecha rancia, en aquel club de la comedia política itinerante que arribaba a las televisiones autonómicas, incluida la de Murcia, cuando en España había billetes como para echarle de comer a los marranos. ¿No me voy a acordar de Carmona, si está en mi ‘top one’, como diría Mourinho, de personajes resbalosos y peguntosos con los que me he cruzado en mi vida? España en manos de cómicos tertulianos (en Barcelona hay otra cómica tertuliana, Colau). Se han abierto las puertas del zoo político en Madrid, con sus fieras.

 
Carmona hacía el papel de chispeante de izquierdas al que apalizaban verbalmente los tertulianos de derechas. Su ancha cara de chiste malo daba muy bien en pantalla para que los neoliberales y los neocons, siempre tan alejados de la realidad, jugaran con ella al juego del abejorro. Con tal de cobrar, a Carmona le daba igual. Yo mismo hice de cómico tertuliano de relleno en varios programas con Carmona. Todo consistía en gritar un poco más que el otro, en jugar al abejorro con su cara de goma hasta que el abejorro zumbara menos. Todos formábamos parte de la misma comedia televisiva, y Carmona era uno de los más solicitados muñecos de resorte. El problema es que todo eso ahora se ha trasladado a la política. El mismísimo Pablo Iglesias, cuando aún el PSOE no se había dejado coleta, llamó a Carmona “toooonto”. No puedo decir que esté en condiciones de desmentirlo.

      

El muñeco de resorte con su absurda sonrisa de goma decide sobre el destino de la capital de España y, por extensión, de todo un país teóricamente occidental, desarrollado y civilizado. Hasta aquí está llegando la riada. Con la idea de la pureza contra los corruptos nos hemos metido en el estercolero de los desechos de tienta televisivos. Estamos mejorando la profética frase de Pla de que “cuando los virtuosos llegan al poder, la gente pasa hambre”. Además de pasar hambre pasaremos bochorno.

 

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