El valor para emprender
El valor en el emprendimiento es como en el ejército se presupone. No obstante, será en los momentos clave de máxima tensión, amenaza y riesgo, en los que esta cualidad deberá aparecer con todo su poder y servirnos de base para, primero tratar de evitarlas y segundo, superarlas con suficiente holgura y confianza, sirviéndonos además de palanca principal para proyectar con máxima potencia nuestro negocio y alcanzar el éxito soñado en nuestra misión. No siendo así, es decir, no existiendo una relevante dosis de valor en nuestro proyecto, es más que probable que sucumbamos en el intento de emprender y tengamos que lamentar las desastrosas consecuencias de haber lanzado nuestro proyecto, sin haber preparado lo suficiente e insistido en la búsqueda y más exacta definición de nuestra ‘Propuesta de Valor’.
Como se habrá podido deducir, al hablar de valor no me refiero a ese atributo que, sin duda, posee el emprendedor y que explica que destine denodados esfuerzos a buscar una innovadora idea y desarrollarla mediante un más o menos acertado modelo de negocio, comprometiendo parte de su patrimonio personal o familiar, cuando no otros procedentes de posibles inversores, en los que haya sido capaz de despertar el suficiente interés, para confiarle su dinero y aplicarlo a un proyecto que en la mayoría de ocasiones se desarrollará en un escenario de máxima incertidumbre. Muy al contrario, me refiero al valor de su propuesta, o mejor dicho, a su “Propuesta de Valor” y que hace de su idea y/o modelo de negocio algo diferente a lo ya existente en el mercado, dotando a su producto o servicio de ese rasgo distintivo que hará de los mismos algo atractivo para sus potenciales clientes y que generarán las motivaciones necesarias para su contratación, por cubrir estos una manifiesta necesidad y curar un dolor que aquellos vienen sufriendo y que ahora, gracias a esta nueva y valiosa propuesta puede resolverse de manera muy satisfactoria.
Siendo ambos tipos de valor necesarios para el emprendimiento, debemos centrar toda nuestra atención en el segundo tipo, es decir, en ese que nos hace destacar sobre nuestra posible competencia por convertirnos en diferentes y que, debido a su relevancia, se sitúa en el centro de nuestro lienzo (CANVAS), representando el verdadero embrión a partir del cual deberemos definir todas las demás variables clave, que forman parte de nuestro modelo de negocio, y cuya acertada configuración también resultará fundamental para transformar nuestra brillante idea en un negocio de éxito.
Así pues, a la hora de emprender esa deberá ser nuestra obsesión, encontrar y definir con acierto y objetividad nuestra “Propuesta de Valor” y demás variables clave, sin entusiasmos desmedidos y con buenas dosis de autocrítica, haciéndonos todas las cuestiones necesarias para replantearnos continuamente casi todo. De este modo, avanzaremos con consistencia en el proceso de definición de nuestro modelo de negocio y generaremos los niveles de autoconfianza aconsejables, para convertirnos en un valeroso emprendedor con una muy valiosa ‘Propuesta de Valor”, la cual nos hará invencibles.





















