La paradoja de la motivación del directivo: ¿superación o conformismo?
El jueves pasado impartí una sesión sobre liderazgo ante una agrupación de empresarios de Alicante. La sesión llegó a conclusiones muy contradictorias y paradójicas sobre las que quisiera parar la atención del amable lector.
La pregunta más repetida era ¿Cómo puedo mantener alta la motivación de mi equipo (y la mía) ante una coyuntura tan desalentadora y la evidencia de los hechos en cuanto a los resultados (pobres) de mi empresa?
Desde el enfoque del coaching, quise hacer reflexionar a los asistentes con las siguientes preguntas: ¿Mantener la motivación? ¿Por qué? y, sobretodo, ¿Para qué?
Y con dos ejemplos: el de Napoleón y el de Edison.
El ejemplo de Thomas Edison es muy notorio: más de de diez mil experimentos para lograr con el prototipo válido de la bombilla de filamento de tungsteno, en contra de toda la comunidad científica de la época que le tildaba de loco, fracasado, e iluso por buscar algo que era “imposible”. Moraleja: quien la sigue y la persigue la consigue. “Imposible is nothing”, como recita el lema de una famosa marca deportiva.
El modelo de motivación en este caso es claro: seguir intentándolo. Y la forma para encontrar la gasolina y la chispa en uno mismo es, cuando algo se considera imposible, centrar la atención en cómo hacerlo posible, modificando y manipulando variables con el fin de hacer las cosas ligeramente diferente de la vez anterior, con la curiosidad y la ilusión de ver qué es lo que pasa, olvidando quizá el objetivo final, y prestando atención más bien al proceso. Animarse con recorrer un camino que puede resultar sorprendente desde esa curiosidad e ilusión y abrirse al aprendizaje para encontrar nuevas estrategias. Trabajar desde la creatividad por eso de que haciendo siempre lo mismo uno cosechará siempre los mismos resultados.
Pero esta misma frase nos lleva también al otro ejemplo, el de Napoleón, que muestra un modelo de motivación que se sitúa a las antípodas, pero que no deja de ser igualmente eficaz y que se expresa en su famosa cita: “Una retirada a tiempo puede ser a la postre una gran victoria”. Algo paradójico, porque su vida fue la pura demostración de la validez de este enunciado ya que ni siquiera el mismo Napoleón fue capaz de ponerlo en práctica y su sed de ambición y codicia le llevó a dos derrotas que acabaron con su imperio y dos exilios.
Algunos me miraban con cara atónita ante este ejemplo y me preguntaban: -¿Estás diciendo que es mejor dejarlo? ¡Vaya forma de motivación! ¡Qué desalentador!
Mi respuesta: -¿Y por qué no? Simplemente os propongo ver y analizar vuestra realidad desde estos dos ejemplos como fuente de inspiración. ¿Os sentís Edison en vuestro negocio, o napoleones? ¡Sed sinceros con vosotros mismos y miraos al espejo! Yo no he venido aquí a daros consejos sobre como llevar vuestros negocios porque no soy más experto que vosotros en vuestra propia profesión y no conozco mejor que vosotros a vuestro nicho de mercado. Yo no os puedo dar mejores respuestas de las que vosotros podáis lograr. Yo no puedo bajar a la cancha a jugar por vosotros y decidir por vosotros. Simplemente os puedo hacer preguntas para que reflexionéis y lleguéis a conclusiones. Y ahí está vuestro compromiso. Si lo que queda después de esa reflexión es la motivación para seguir, adelante. Si no, podéis siempre disfrutar, por qué no, de quitaros esas penas dejando esa actividad.
Es curioso el proceso de motivación de directivos y empresarios que en ocasiones creen que la motivación solo coincide con seguir adelante en su intención, sí o sí, y por ello quizá acaben ignorando los distintos elementos que la evidencia les pone en contra para que cambien de rumbo. Pero no lo hacen.
En ocasiones y paradójicamente, eso que llamamos “Zona de Confort”, y que usualmente coincide con el estar parado, el no hacer nada o no tomar decisiones “atrevidas”, puede ser todo lo contrario: no tener la valentía con uno mismo para decirse ya está bien y dejarlo.
En ocasiones perseguir un objetivo y no darse por vencidos pueden ser la mejor forma de permanecer en esa “Zona de Confort”, por no afrontar la responsabilidad que implica asumir un fracaso. Pero ese supuesto “fracaso”, puede resultar a la postre una gran salvación ante las peores consecuencias de llevar uno sus decisiones más allá de las señales evidentes que le indican de parar.
Paradójicamente, en estos casos la mejor señal de valentía y motivación es el hecho de retirarse y cambiar, antes que de seguir adelante.





















