Un buen acuerdo en el que nadie cree
Suele decirse que la política hace extraños compañeros de viaje y eso es precisamente lo que ha pasado estos últimos días en Europa, ya que el primer ministro griego, Tsipras, por un lado, y Alemania y los "halcones" de la zona euro, por otro lado, han aceptado un acuerdo para el tercer rescate de Grecia, con condiciones muy estrictas, condiciones que son más duras que las que se habían propuesto hace tres semanas atrás y fueron rechazadas por la población griega.
Lo curioso, sin embargo, es que es un buen acuerdo en el que nadie parece creer mucho. Tsipras ha afirmado que va a firmar y a poner en marcha las medidas del acuerdo, pero que no cree en ellas. El todopoderoso Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaüble, por su lado, no tiene reparos en decir, una y otra vez, que sería mucho mejor que Grecia saliera temporalmente del euro y reestructurase su deuda, en lugar de empeñarse en mantener dentro del euro a un país cuyo aparato administrativo y fiscal es claramente deficiente. La llamada Grexit, dice Schaüble a quien le quiera escuchar, sería la mejor solución.
La sensación que deja un acuerdo en el que nadie cree es que a la vuelta de uno, dos o tres años tendremos de nuevo el espectro de una salida de Grecia del euro (Grexit) flotando sobre Europa, solo que será después de otros ochenta mil millones de euros prestados y después de un periodo que ya se conoce como "Grimbo" (Grecia en el limbo).
Sin embargo, y como era de prever, las Bolsas y los mercados de bonos han acogido la solución del caso griego con euforia. El "come back" a la zona de confort está ahí y nada mejor que la etapa estival para disfrutarlo. El BCE ha cumplido su función y ha abierto de nuevo el grifo de la liquidez a los Bancos griegos, por tanto a corto plazo nada hay que temer, incluso aunque los depositantes griegos vayan en masa a retirar su dinero el día en el que se abran las puertas.
Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, Janet Yellen sigue su trabajo de preparar a los mercados para una subida gradual de los tipos de interés y hay que decir que lo está haciendo muy bien, por el momento. El pasado miércoles, en su comparecencia semianual ante el Congreso y el Senado, la presidenta de la Fed volvió a decir que habrá ya una primera subida este mismo año, pero que la normalización de los tipos de interés será muy suave y gradual. Una música que suena muy bien a los inversores, como lo demostró la reacción de Wall Street a sus palabras.
Esa música y los buenos resultados empresariales del segundo trimestre que se van publicando, con Google a la cabeza de las sorpresas positivas, han ayudado a que hayamos visto subidas semanales del 4% o superiores en el Nasdaq, el Eurostoxx, el Ibex, el Cac y el Nikkei y superiores al 3% en el Dax y el Mib. El S&P y el Dow se han conformado con subidas del 2,4% y del 1,8% respectivamente.
Salvo una muy pequeña corrección en algunas Bolsas en la sesión de cierre semanal del viernes, no hemos visto, realmente, dudas en los inversores y todo apuntaría a un verano claramente alcista. El que así sea o no va a tener que ver mucho con los resultados empresariales, que esta semana tienen como platos fuertes a Apple, Microsoft, IBM, American Express, Amazon, Coca Cola, Danone o Credit Suisse, entre otros.
Estamos viendo algunos datos macroeconómicos buenos, como las ventas minoristas de junio en EE.UU. que se publicaron el martes pasado o el PIB chino del primer trimestre que creció el 7%, más de lo esperado.
Pero hay también algunas señales no tan complacientes. En China es verdad que la Bolsa ha rebotado, pero hemos sabido que los principales Bancos chinos, cuyo capital es mayoritariamente del Gobierno, han inyectado ya más de doscientos mil millones de dólares a la Bolsa, y la pregunta es si pensamos que esta es la forma de estabilizar el mercado. En EE.UU. el sentimiento del consumidor no acaba de ser del todo positivo, como se vio el viernes en el dato de confianza del consumidor de Michigan, que bajó del 96,1 al 93,3 el último mes. En los resultados, vemos la permanente sensación de que al sector financiero y bancario todavía le quedan muchos ajustes pendientes, como se ha visto en las cuentas de Goldman Sachs, que ha provisionado en el segundo trimestre más de mil millones de dólares para cubrir gastos legales y caídas de ingresos en la renta fija. La lectura es doble, hay todavía problemas pendientes, pero se van abordando y resolviendo de forma ordenada y con cargo a beneficios recurrentes, sin tener que acudir a ampliaciones de capital, lo cual es bueno para el accionista.
Si miramos lo que nos dicen los bonos y las materias primas, lo que vemos es que anuncian un crecimiento económico débil.
Desde un punto de vista técnico, tras las subidas de los últimos diez días el aspecto de los índices ha mejorado notablemente. El Dax ha salido de su canal bajista y los índices americanos ya van de nuevo hacia máximos anuales. El S&P se ha alejado definitivamente de la zona de peligro que suponía la ruptura a la baja de la media de doscientas sesiones, y está cómodamente asentado por encima de los 2.100 puntos. El euro vuelve a bajar y el crudo también. Volvemos, por tanto, al escenario perfecto del primer trimestre de 2015. La duda es si la visión de los inversores va a ser ahora tan complaciente como lo fue entonces y la respuesta hay que buscarla en los resultados empresariales, en China y en Japón.
Aunque tras la solución dada al caso griego todo apunta a un verano tranquilo e incluso alcista, los mercados siempre nos guardan alguna sorpresa, y la pregunta es cuál será la sorpresa esta vez. Una opción puede ser apostar por lo más castigado, es decir por las materias primas.





















