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Opinión | Cuaderno de emprendedores
Miércoles, 09 de Septiembre de 2015
JAVIER LÓPEZ

Ficha 2: De agenda vacía a agenda llena

Un impulsor de negocio es una locomotora, una persona que no se atranca con nada y que es capaz de ver una oportunidad. No hay una personalidad tipo para el emprendedor aunque si hay algunos rasgos, muy pocos, que se repiten entre ellos. El emprendedor generador de riqueza es muy trabajador, desarrolla su actividad con intensidad y no pierde el tiempo.

 

Para saber si reunimos los requisitos necesarios para convertir una idea de negocio en una empresa,  nos cuestionamos si reunimos tres características esenciales;  constancia, valentía y autonomía. En caso afirmativo,  podemos continuar, sin obviar  que,  hay que conocer en profundidad  todos los procesos que se desarrollan y afectan a la actividad  que tenemos intención de iniciar (venta, administración y producción).  

 

En primer lugar, el que quiere poner  en marcha una idea de negocio analiza  si va a ser capaz de enfrentarse a dos retos:
1.- Agendas vacías.
2.- Nadie nos va a decir lo que tenemos que hacer.


No son desafíos sin importancia, todo lo contrario. Para muchos profesionales es complejo    dirigir su  propia actividad y tomar decisiones. Para otros, la dificultad radica en la generación de  actividad, las agendas vacías les paralizan.   Sin duda, la clave para superar estos dos retos,  está en cultivar la autonomía y no “perder el norte”. Tener presente que   es mucho mejor trabajar “ad extra” que “ad intra”,  o dicho de otra forma, priorizar convenientemente. La actividad hacia fuera prevalece sobre la actividad hacia dentro,  hay que salir a la calle,  estar en movimiento y relacionarse.

 

Un generador de “acción”  siempre saca tiempo para hacer “negocio”. Si se encuentra inmerso en un periodo de intensa actividad,  es capaz de hacer huecos en su agenda.   En el lado opuesto,  está el profesional que siempre tiene cosas que hacer “ad intra” (si no las tiene de verdad,  se las inventa) y pospone lo “ad extra”.  Tampoco acierta  quien  se deja vencer por la “agenda vacía”, una situación que se puede solucionar poniendo en primer lugar las tareas  “ad extra” y cuyo resultado es  una agenda repleta. El resto,  seguro que puede esperar.

 

Una vez aclarado  aspectos sobre el perfil profesional del emprendedor  y  la corriente que le puede arrastrar a la hora de desarrollar cualquier actividad, vamos a  evaluar nuestra idea de negocio detenidamente. Menudo quebradero de cabeza,  ¿será buena la idea? ¿tendrá éxito?  Si nos apoyamos  en casos reales,  de “gente a quien  le va bien”, enseguida descubrimos que, muchos de ellos,   se han sustentado sobre  ideas muy sencillas y a veces un poco tontas. Lo esencial  es la ejecución no la idea inicial.   También, observamos que cuando un empresario crea una idea de negocio, ésta va  pivotando a lo largo del  tiempo para ajustarse a los requerimientos de los clientes. Con esto quiero decir que,   tu negocio real a medio plazo se parecerá a tu idea inicial como un huevo a una castaña.

 

Además de definir la parte estructural de tu idea de negocio, diseña  la parte coyuntural pero siendo consciente que se irá modificando en el tiempo, transformándose para adaptarse al cliente.

 

En cuanto a la “acción”, para configurar si nuestra idea de negocio va a ser capaz de generar “pedidos” hay que evaluar,  en términos generales, los aspectos principales del negocio.  Nos planteamos una serie de  preguntas básicas a las que vamos a llamar  “decisiones mínimas”:  
¿A quién le voy a vender?
¿Cómo voy a vender?
¿Qué voy a vender?
¿Quién lo va a vender?
¿Cuánto y a qué precio/coste lo voy a vender?


En principio, no se trata de profundizar demasiado  sobre las respuestas a estas cuestiones, nos extenderíamos excesivamente en el tiempo y ya  lo haremos más tarde.   Simplemente, nos las planteamos con el objeto de valorar “si hay  negocio” detrás de la idea.


Es cierto que cuanto más conozcamos sobre nuestra idea de negocio más sencilla será esta tarea porque,  para el emprendedor, siempre es más fácil evaluar lo que llamo “Ideas de Negocio Naturales”.  Son naturales porque si tu padre tenía una charcutería  es normal que  pienses en una empresa de alimentación, si eres católico en una universidad católica o si tienes una tienda de componentes de PC te plantees vender por internet.

 

Todas las propuestas que tengan una respuesta coherente a las  “decisiones mínimas” son merecedoras de ser contrastadas objetivamente.  Por tanto,  el siguiente paso es solicitar opinión sobre la  viabilidad de nuestra idea  de negocio a instituciones promotoras del emprendimiento, a expertos y  a clientes potenciales.

 

Por último,  nos queda ordenar  toda la información resultado de todo el trabajo realizado sobre el  diseño de nuestra idea, para empezar a trabajar  en la configuración de la estrategia de venta y  comercialización.

 

Descarga la ficha en http://www.lbyd.es/presenciales/emprendedores.

 

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