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Opinión |
Jueves, 24 de Septiembre de 2015

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

La vida es un constante cambio, de no ser así estaríamos aún en la era de los dinosaurios. Es más, de no habernos adaptado a los cambios, de no haber evolucionado, hasta hubiéramos desaparecido al igual que les paso a estos gigantescos reptiles. Pero, ¿por qué nos cuesta  a las personas tanto cambiar?


El cambio es un proceso que supone la sustitución de un estado mental ya conocido para nuestro cerebro, que es el encargado de ejecutar nuestras acciones, como consecuencia de hábitos y comportamientos ya conocidos e integrados, donde no nos supone ningún esfuerzo realizarlos, por otro estado mental desconocido donde [Img #38187]nuestro cerebro tendrá que integrar nuevas rutas de comportamiento que desconoce, lo cual hace que en un primer momento, estalle en nosotros la emoción mas primaria ,como es el miedo, ante la incertidumbre de lo desconocido. El miedo es el principal enemigo del cambio.


El miedo es el que hace que nos resistamos a acoger el cambio como oportunidad de mejora, crecimiento y evolución como persona y/o profesional (pues recordad, antes que profesionales somos personas). Las personas no quieren enfrentarse a los cambios por muchas razones, pero entre ellas por el miedo a perder el control de las situaciones, a perder el reconocimiento de otros, miedo a no ser lo suficientemente bueno, miedo al rechazo, miedo a quedarte solo/a, miedo en general a lo desconocido. Miedo, miedo, miedo.


Ante esto ¿no os habéis parado a pensar alguna vez que todas esas cosas que he enumerado son limitaciones internas, que lo “único que te hace es fastidiarte tu día a día”?


¿Te has dado cuenta que los niños no tienen miedo?, ¿por qué? Porque no tienen miedo a perder ese prestigio, ese control de las situaciones, ese miedo a hacer el ridículo, no tienen miedo a nada y lo empiezan a adquirir conforme los adultos “nos encargamos” de meterles esas creencias y limitaciones  que al final les llevan a esos bloqueos que muchos adultos. Más de los que pensáis, los niños comienzan a tener miedo cuando tienen que enfrentarse a un cambio en su vida, bien sea a nivel laboral o  personal.

 

Otra de las cosas que hace que un cambio esté instaurado en nuestra piel, como el vello que pega a la epidermis y que sea casi imposible arrancarlo, como arrancar un vello de la misma, son los beneficios que nos supone tener un determinado habito, comportamiento o tipo de actitud en la vida.

 

Sí, sí, hablo de BENEFICIOS en mayúsculas. Hasta los comportamientos y hábitos más negativos tienen beneficios para ti. Por ello no deseas cambiar, no deseas abandonar eso que haces, pues estás ganando.

 

¿Y cómo hacer para instaurar ese cambio? Pues muy sencillo, escribe en un papel lo que te reporta esos hábitos, comportamientos o actitudes; por ejemplo, la actitud de ir de quejica o victima por la vida; anotarías como beneficios, llamar la atención de los demás, evadir la responsabilidad del cambio, comodidad y  “escaqueo” para hacer lo que se te ha pedido  etc, etc. Si fumas, escribe qué beneficios (sí los tiene, analízalo) te reporta fumar.


Tras haber averiguado esos beneficios, solo nos queda una sola cosa para que el cambio sea efectivo y es cambiar ese comportamiento o hábito por otro que te reportará  otros beneficios que  pesen más que el anterior. Solo así lo conseguirás. Así es como funciona nuestro cerebro.


Por ello te cuesta tanto ‘cambiar’ e integrar la nueva situación, sea por cosas que nos llegan sin haberlas decidido nosotros, sea en el ámbito laboral o personal (miedos a perder….) o bien deseo de cambiar hábitos y comportamientos que me perjudican.


Piénsalo, es así de simple, por ello te emplazo a que lo pongas en práctica, pues te aseguro que vivirás sin ese peso  que se convierte en sufrimiento, que muchas veces llevamos con nosotros por esa resistencia a los cambios que se nos presentan en nuestro día a día.


Y si quieres saber más sobre este tema, desde aquí te emplazo a mi próxima conferencia en abierto, el día 1 de octubre a las 19 Horas en CEEIM, con entrada gratuita, previa reserva en [email protected]


Que nada ni nadie os chafe el día.

 

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