Murcianos fantasmas
Medio millón de seres incógnitos viven en Murcia sin vivir, medio millón no existen, simplemente deambulan... Tienen niños que escolarizan puntualmente; cuando enferman, un médico vela por su salud; y día a día hacen –como es de precepto- uso y disfrute de los servicios a los que cualquier murciano de ley tiene derecho. Mas por un extraño sortilegio no existen, pese a que convivimos con todos ellos bajo un mismo sol, su sombra no se proyecta. O al contrario, son sólo sombras, sombras nada más... Son los otros, los que no figuran, los que no importan en Madrid. Pero son como nosotros, tan murcianos como el primero, y a quienes se les ha negado empecinadamente la murcianía. Con el cambio en La Moncloa, quizá puedan, por fin, nacer. Parafraseando a Dámaso Alonso, son hijos de la ira; hasta hoy, para España entera no eran sino fantasmas que se retorcían en su nicho en espera de que sonara su hora... Cuando quiera es tarde.
Aunque si de fantasmas se trata, en este país de nuestras angustias, tenemos una dilatada experiencia. A nadie le cabe la más mínima duda, nuestros fantasmas, como las gallegas meigas, haberlos haylos... Y precisamente no se encuentran entre ese medio millón de personas que han venido a Murcia a buscarse una vida mejor. Esos fantasmones de tan escasa vista siempre han preferido la poltrona a la calle. Si la pisaban, iban como flotando; en su eterno vuelo, gozaban de su peculiar grandeza; eran almas puras, algunas empeñadas en sellar alianzas de civilizaciones con las razas todas, mientras se mostraban incapaces de ver a las personas que tenían a su alrededor; estos humanoides incorpóreos ni sufrían ni padecían. Sus males no eran de este mundo... Por fortuna, muchos de esos fantasmas se han evaporado en las urnas... para ellos, urnas funerarias.
En Murcia, los hemos sufrido, su arbitrariedad y negligencia nos han hecho mucho daño, pero no todo el daño. Los zapateros remendones del Reino, efectivamente, no han sido muy pródigos con la Región; pero, tendremos que empezar a reconocer –y subsanar- nuestros propios errores, que también los hemos cometido a raudales en las épocas de dorada abundancia. Y ello no tiene por qué ser óbice para que se siga reclamando lo que nos pertenece (deuda histórica incluida) con tanta firmeza ahora como antes.
Decía Valcárcel, que no podemos “borrar de un plumazo” casi medio millón de murcianos que no aparecen en los cálculos de la financiación autonómica, y que así no era extraño que se disparara el déficit y la deuda. No le faltaba razón a nuestro presidente; medio millón de personas puede desequilibrar el presupuesto más pintiparado. De hecho, en el último ejercicio, el Ejecutivo regional no llegará a cumplir el objetivo de déficit, cifrado en el 1,3%, y mucha culpa la tiene el Gobierno de Zapatero por “birlar” -empleando el castizo verbo de Valcárcel- más de 200 millones del Fondo de Competitividad a nuestra Región.
Llegado es el momento de que ese medio millón de murcianos fantasmas que habitan en la Comunidad sea por fin reconocido por la nueva Administración; y, por ende, es el momento de demostrar músculo en Madrid. La misma energía y contundencia de ayer, si cabe más. El consejero Ballesta camina en esa dirección cuando exige el dinero de “los nuevos murcianos”; considera que el modelo autonómico de financiación penaliza gravemente a Murcia. José Ballesta aludía a un informe del Institut d' Economia de Barcelona, que indica que el modelo de financiación autonómica, establecido en 2009, castiga a la Región. “Viene a confirmar -decía- desde un punto de vista académico e independiente lo que el Gobierno murciano ha venido afirmando en el pasado”. Este estudio catalán señala que, desde entonces, se acortaron los desequilibrios de recursos per cápita entre comunidades; sin embargo, algunas como Valencia y Murcia salían perjudicadas por el sistema, al contrario que otras como La Rioja o Cantabria que se veían claramente beneficiadas.
Es incuestionable que a nuestra Región han llegado para quedarse cientos de miles de personas en estos últimos años, y que son ya tan murcianos como nuestra menguante huerta. También es evidente que no se les ha contabilizado en el modelo de financiación todavía vigente. Resulta paradójico, por tanto, que aún se tenga que esgrimir una y mil veces más este argumento, que cae por su propio peso. El nefasto sistema de financiación socialista debe ser sustituido por otro mucho más equitativo; no hay otra opción.
En este año, el primer año de convivencia con el nuevo Gobierno de Rajoy, el Ejecutivo murciano no debe desfallecer en su actitud reivindicadora; imperiosamente debe seguir reclamando un sistema más justo y más eficiente, que haga que desde el primero al último de los murcianos lo sean a todos los efectos, sin el menor menoscabo a sus derechos en educación, sanidad y prestaciones sociales. Y sin renunciar, en modo alguno, a las reivindicaciones históricas e hídricas, que tanto se han aireado, como banderas al viento, en los últimos tiempos. Hay que hacer justicia; la Región debe conseguir lo que ha exigido durante todos estos años.
El primer paso hacia esa meta fue dado en el Consejo de Política Fiscal y financiera el pasado 17 de enero: un martes clave para la estabilidad de la Región. En principio, en 2012, nos ahorraremos el pago de 70 millones de euros que se debían reintegrar al Estado por los anticipos a cuenta y percibiremos, además, un adelanto de otros 68 millones de financiación autonómica, medidas que se superpondrán a las ayudas que se solicitarán al Instituto de Crédito Oficial para cumplir con los sufridos proveedores.
Salvador Marín regresó muy satisfecho de aquella reunión, en la que todas las autonomías acordaron luchar contra el mismo enemigo, el endémico déficit que nos asola. Marín manifestó que se habían puesto en marcha propuestas que ya se habían formulado sin éxito ante la anterior Administración, como la revisión del malhadado sistema de financiación autonómica que perjudica a nuestra Región. Y todos los que le escuchábamos creímos entender que, al fin, un nuevo sistema empezaba a forjarse, y que sería el propio Marín el que vigilaría los intereses de Murcia en este proceso. Qué pocos imaginábamos entonces que sería uno de sus postreros servicios como consejero de Economía. A las pocas horas, anunciaría su intención de emprender un nuevo rumbo, lejos de la política regional. Aunque el regreso de Juan Bernal suscita grandes expectativas, la incertidumbre continúa… El vano ayer, que atisbaba Machado, aún nos puede traer un mañana vacío.
Aunque si de fantasmas se trata, en este país de nuestras angustias, tenemos una dilatada experiencia. A nadie le cabe la más mínima duda, nuestros fantasmas, como las gallegas meigas, haberlos haylos... Y precisamente no se encuentran entre ese medio millón de personas que han venido a Murcia a buscarse una vida mejor. Esos fantasmones de tan escasa vista siempre han preferido la poltrona a la calle. Si la pisaban, iban como flotando; en su eterno vuelo, gozaban de su peculiar grandeza; eran almas puras, algunas empeñadas en sellar alianzas de civilizaciones con las razas todas, mientras se mostraban incapaces de ver a las personas que tenían a su alrededor; estos humanoides incorpóreos ni sufrían ni padecían. Sus males no eran de este mundo... Por fortuna, muchos de esos fantasmas se han evaporado en las urnas... para ellos, urnas funerarias.
En Murcia, los hemos sufrido, su arbitrariedad y negligencia nos han hecho mucho daño, pero no todo el daño. Los zapateros remendones del Reino, efectivamente, no han sido muy pródigos con la Región; pero, tendremos que empezar a reconocer –y subsanar- nuestros propios errores, que también los hemos cometido a raudales en las épocas de dorada abundancia. Y ello no tiene por qué ser óbice para que se siga reclamando lo que nos pertenece (deuda histórica incluida) con tanta firmeza ahora como antes.
Decía Valcárcel, que no podemos “borrar de un plumazo” casi medio millón de murcianos que no aparecen en los cálculos de la financiación autonómica, y que así no era extraño que se disparara el déficit y la deuda. No le faltaba razón a nuestro presidente; medio millón de personas puede desequilibrar el presupuesto más pintiparado. De hecho, en el último ejercicio, el Ejecutivo regional no llegará a cumplir el objetivo de déficit, cifrado en el 1,3%, y mucha culpa la tiene el Gobierno de Zapatero por “birlar” -empleando el castizo verbo de Valcárcel- más de 200 millones del Fondo de Competitividad a nuestra Región.
Llegado es el momento de que ese medio millón de murcianos fantasmas que habitan en la Comunidad sea por fin reconocido por la nueva Administración; y, por ende, es el momento de demostrar músculo en Madrid. La misma energía y contundencia de ayer, si cabe más. El consejero Ballesta camina en esa dirección cuando exige el dinero de “los nuevos murcianos”; considera que el modelo autonómico de financiación penaliza gravemente a Murcia. José Ballesta aludía a un informe del Institut d' Economia de Barcelona, que indica que el modelo de financiación autonómica, establecido en 2009, castiga a la Región. “Viene a confirmar -decía- desde un punto de vista académico e independiente lo que el Gobierno murciano ha venido afirmando en el pasado”. Este estudio catalán señala que, desde entonces, se acortaron los desequilibrios de recursos per cápita entre comunidades; sin embargo, algunas como Valencia y Murcia salían perjudicadas por el sistema, al contrario que otras como La Rioja o Cantabria que se veían claramente beneficiadas.
Es incuestionable que a nuestra Región han llegado para quedarse cientos de miles de personas en estos últimos años, y que son ya tan murcianos como nuestra menguante huerta. También es evidente que no se les ha contabilizado en el modelo de financiación todavía vigente. Resulta paradójico, por tanto, que aún se tenga que esgrimir una y mil veces más este argumento, que cae por su propio peso. El nefasto sistema de financiación socialista debe ser sustituido por otro mucho más equitativo; no hay otra opción.
En este año, el primer año de convivencia con el nuevo Gobierno de Rajoy, el Ejecutivo murciano no debe desfallecer en su actitud reivindicadora; imperiosamente debe seguir reclamando un sistema más justo y más eficiente, que haga que desde el primero al último de los murcianos lo sean a todos los efectos, sin el menor menoscabo a sus derechos en educación, sanidad y prestaciones sociales. Y sin renunciar, en modo alguno, a las reivindicaciones históricas e hídricas, que tanto se han aireado, como banderas al viento, en los últimos tiempos. Hay que hacer justicia; la Región debe conseguir lo que ha exigido durante todos estos años.
El primer paso hacia esa meta fue dado en el Consejo de Política Fiscal y financiera el pasado 17 de enero: un martes clave para la estabilidad de la Región. En principio, en 2012, nos ahorraremos el pago de 70 millones de euros que se debían reintegrar al Estado por los anticipos a cuenta y percibiremos, además, un adelanto de otros 68 millones de financiación autonómica, medidas que se superpondrán a las ayudas que se solicitarán al Instituto de Crédito Oficial para cumplir con los sufridos proveedores.
Salvador Marín regresó muy satisfecho de aquella reunión, en la que todas las autonomías acordaron luchar contra el mismo enemigo, el endémico déficit que nos asola. Marín manifestó que se habían puesto en marcha propuestas que ya se habían formulado sin éxito ante la anterior Administración, como la revisión del malhadado sistema de financiación autonómica que perjudica a nuestra Región. Y todos los que le escuchábamos creímos entender que, al fin, un nuevo sistema empezaba a forjarse, y que sería el propio Marín el que vigilaría los intereses de Murcia en este proceso. Qué pocos imaginábamos entonces que sería uno de sus postreros servicios como consejero de Economía. A las pocas horas, anunciaría su intención de emprender un nuevo rumbo, lejos de la política regional. Aunque el regreso de Juan Bernal suscita grandes expectativas, la incertidumbre continúa… El vano ayer, que atisbaba Machado, aún nos puede traer un mañana vacío.





















