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Con el colosal fraude y estafa de Volkswagen, se firma la carta de defunción de toda una manera de gestionar el negocio automovilístico y el multinacional en general. Sabemos que esta compañía ha presionado hasta el límite, para influir en las decisiones políticas y de estado en relación a las emisiones de CO2. Las ramificaciones que asoman en esta estafa, la sitúan en el generador del núcleo mismo de un gran estado, Alemania.
Dudo que vaya a ver especiales dificultades para indemnizar, para asumir responsabilidades, todo lo que sea mantener este asunto en candelero, es aumentar la hemorragia del descrédito y la vergüenza de una forma de ver la economía, la empresa, el mercado. Intuyo, humildemente, que la compañía pagará a los consumidores afectados, sin pleitear, y habrá un antes y un después para ella y para todo lo que representa, la excelencia de la mentira, de la hipocresía, la mala fe, la falta de rigor, de compromiso con el interés general. Me cabe como Presidente de UceRM, la siguiente pregunta ¿quedará todo en Volkswagen, habrá cortafuegos o se llegará al fondo?

