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Opinión | Ética empresarial y personal
Jueves, 08 de Octubre de 2015
José Pomares

De rosas y horas extras

Querido lector. Desconozco su edad, pero seguro que ha estado enamorado. Es posible que al conocer al amor de su vida pensara,… ¡No se me va a escapar! (me da igual hombre que mujer, no voy a cometer la cursilería de simultanear  continuamente el masculino y femenino o poner una @). Y, valga simplemente como ejemplo, para evitar la posible pérdida a futuro se juró regalarle todas las semanas una rosa. Es más, para que el factor sorpresa nunca decayera, se la entregaría cada semana en un día distinto para que no estuviera esperando la rosa un día concreto y matar así la magia de la sorpresa. Y para conquistarla para siempre, además de cada semana en un día distinto, también sería de un color diverso. Así una vez sorprendería un martes con una rosa roja, un viernes con una rosa blanca, etc.

 

Seguro que nadie le pidió tan excelso detalle. Pero usted no se conformaba con ser una pareja 10, quería llegar al 12 como mínimo.

Siempre he mantenido que

el mundo de la empresa y la familia son prácticamente idénticos. En ambos hay que gestionar personas, relaciones y emociones. En definitiva, conflictos (que son naturales, ni buenos ni malos).  En la empresa debería existir un amor del comportamiento y en la familia del sentimiento. El resto…

 

Ahora póngase en el mundo empresarial. Imagine que lleva años en el paro, o en un trabajo que le agobia y aburre. Y le llega la oportunidad de empezar en otro. Posiblemente haría lo mismo que el enamorado. Empezaría siendo no sólo un trabajador 10 sino que querría ser un 12. Las horas que hagan falta, a máxima intensidad, con ilusión y esperanzas renovadas.

 

Nadie se lo pidió, pero usted lo hizo. Con las mejores intenciones.

 

Pero la verdadera entrega no se exige, se regala.

 

Ocurre que quizá el factor más motivante pero menos ejercido es el reconocimiento y la valoración  de nuestras actuaciones. Y así, lo que se empezó haciendo con todo su sentimiento, da paso al acostumbramiento y con posterioridad acaba en resentimiento.

 

Si su pareja no aprecia ya la rosa semanal, si su jefe no le valora el esfuerzo laboral, …¿para qué hacerlo?

 

Y aquí empieza el error más común en las relaciones, ya sean laborales o familiares.

 

Vamos a castigar al prójimo. Se acabaron las rosas y las horas extras.

 

Seguro que la primera semana sin rosa su pareja no se dará ni cuenta, al igual que su superior cuando no sea el crack anterior. La segunda semana es posible que eche en falta la rosa o que le vean despistado en el trabajo. La tercera hasta podrá haber algún enfado en cualquiera de los dos entornos. Pero lo cierto, no se engañe, es que su pareja y su empresa van a seguir adelante, con o sin usted, y lo único que habrá conseguido castigando con su desaire al ajeno es pasar de ser un cónyuge o trabajador 12 a un 3 o 4. ¿De verdad piensa que el castigo es para el otro?

 

Ante nuestro enfado dejamos de dar lo mejor de nosotros mismos. Ya no nos entregaremos con el mismo afecto a nuestra pareja,… ni a nuestro cliente. Ese trato que teníamos al principio con todo afecto, atenciones, preocupaciones acaba desapareciendo si no nos sentimos… valorados. O simplemente por la rutina del paso del tiempo. Nadie nos exigió esa entrega, pero al no sentirnos reconocidos nuestra actitud acaba siendo la del simple cumplimiento de un contrato.

 

Y es cierto que tanto la empresa como la pareja pueden seguir adelante, pero no sigue igual. Falta su magia. Todos pierden. No lo haga. Aunque sea sólo por usted,  por su ilusión, por vivir sus sueños, por esperar ese día de la semana en el que llevar su rosa, por volver a vivir.

 

Y aparecerán, como por arte de magia, los beneficios de su actitud. Seguro. Hay que perder muchas veces para saber ganar.

 

La vida no es un acto a ejecutar, es una actitud a adoptar.  

 

Se trata de usted. Si lo que ha hecho es conforme a la actitud de lo que quería hacer, siempre ganará. Si se ha dejado algo por el camino es una derrota. Todo lo que usted abandona, le acabará abandonando a usted.

 

Dan igual los resultados. Hay un éxito que precede al éxito. Su actitud.

 

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