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Los factores que determinan la capacidad de una economía para generar renta y empleo son tres: su dotación de capital físico, esto es, los medios utilizados en su producción; su dotación de capital humano, es decir, las cualificaciones que atesora su fuerza de trabajo; y su tecnología, que determina las mejores formas de producir. En esta ocasión me centraré en el primero.
El punto de partida serán las diferencias significativas existentes entre la renta media de los españoles según cual sea su comunidad autónoma de residencia. Así por ejemplo, la renta per cápita en Madrid casi duplica la de Extremadura; la de Cataluña supera a la de la Región de Murcia en un 46%; la de La Rioja es superior en cerca de un 50% a la de Andalucía, etc. Cabe preguntarse entonces a qué se deben estas diferencias, y si se puede hacer algo para reducirlas. Lo que determina en última instancia la evolución a largo plazo de la renta per cápita es principalmente la evolución de la productividad, esto es, de la cantidad de bienes y servicios que en promedio obtienen sus trabajadores. En el caso de la Región de Murcia la renta media apenas supone el 81% del promedio nacional, lo que está relacionado con que su productividad alcance poco más del 85% de la misma.
Entonces, cabe preguntarse, nuevamente, cuáles son los condicionantes de la productividad. Uno de ellos es el proceso de acumulación de capital físico. A partir de las series de stock de capital que conjuntamente elaboran la Fundación BBVA y el IVIE, en el año 2012 (último año disponible), tomando como referencia la población, la Región de Murcia tiene una de las capitalizaciones más bajas, alcanzado el 91,3% de la media española, quedando por delante de Extremadura y Andalucía. Esta menor dotación relativa de capital productivo es uno de los factores que estarían lastrando nuestra productividad. Dentro del capital productivo resulta de especial interés fijarse en el de carácter público, esto es, en las infraestructuras de transporte y las hidráulicas.
La importancia de éstas reside en que favorecen la especialización productiva al potenciar el crecimiento de las ramas de actividad más dinámicas, que son las orientadas hacia el exterior, constituyendo, así, la base para el desarrollo de ventajas competitivas y, en última instancia, para la generación de renta. En relación con este componente estratégico del stock de capital, nuevamente la Región de Murcia es una de las comunidades autónomas peor dotada. En términos per cápita, nuestro stock de infraestructuras públicas de transporte e hidráulicas supone un 70,5% de la media nacional, siendo la segunda con el registro más bajo. Si se omiten de los cálculos la influencia de las infraestructuras hidráulicas, en las que nuestra región presenta una dotación per cápita un 50% por encima de la media, centrándonos, pues, exclusivamente en las infraestructuras públicas de transporte (viarias, ferroviarias, puertos y aeropuertos), los índices se desploman.
Concretamente, del anterior 70,5%, se pasaría a un raquítico 53,9% de la media nacional en términos per cápita, quedando de esta manera relegada a la última posición nacional. Por lo tanto, resulta evidente que nuestra región padece un importante déficit de infraestructuras de transporte que, sin duda, supone un freno a la expansión de nuestros sectores más dinámicos, como son el turístico y el agroalimentario, mermando nuestro potencial de crecimiento. Ahora bien, si una región no posee una dinámica interna que sea capaz de aprovechar nuevas infraestructuras, éstas quedarán infrautilizadas y no cumplirán su misión de ser un catalizador del desarrollo económico y social. Pero a la vista de las evidencias disponibles éste no sería nuestro caso, pues la Región de Murcia, con unas tasas de crecimiento en las últimas décadas por encima de la media nacional, viene dando muestras de ser una región de las más dinámicas, por lo que de haber contado con un stock de infraestructuras más acorde con su dimensión económica, nuestro avance en términos económicos hubiera sido más elevado, y nos hubiera permitido recortar el diferencial negativo de productividad y de renta per cápita que nos separa de la media española.
Son muchos los años que la Región de Murcia viene demandando la conexión con la alta velocidad ferroviaria, la apertura del nuevo aeropuerto internacional, la construcción de una terminal de contenedores y la integración en el corredor mediterráneo de mercancías. La convergencia de nuestra Región con los estándares de renta europeos no puede seguir estancada, y pasa inevitablemente por seguir implementando políticas que mejoren sustancialmente la dotación integral de nuestras infraestructuras de transporte, para que, con una adecuada ordenación e interconexión entre las mismas, constituyan la base sobre la que apoyar el avance regional. Y este objetivo se alcanzará más pronto que tarde si mantenemos el consenso unánime existente entre los agentes económicos y empresariales de la Región de Murcia.

