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Opinión | El arca
Martes, 13 de Octubre de 2015
ALBERTO CASTILLO

Murcia y la ermita del Pilar

Cuando todavía permanecen vivos en el recuerdo los actos celebrados con motivo del Día de la Fiesta Nacional de España y las honras a la Virgen del Pilar, patrona de la Hispanidad, voy a referirme a un hecho histórico ocurrido en la ciudad de Murcia y que nos vincula de manera extraordinaria con esta jornada festiva y, concretamente, con la Virgen cuando se conmemora su aparición en las riberas del Ebro al apóstol Santiago sobre el año cuarenta de la era cristiana. Lo que ocurre que a veces, demasiadas, el hombre olvida su propia historia y concretamente, en esta Murcia nuestra, nos hemos vuelto demasiado olvidadizos y, a lo que parece, nada nos importan ni la historia ni nuestras raíces.

 

Me permito recordar y explicar los orígenes de la ermita del Pilar, levantada en el castizo barrio de san Antolín, y la vinculación que desde el siglo XVII tiene el ayuntamiento de Murcia con dicho templo y por consiguiente con la [Img #38612]imagen de María. Aunque hoy en día nadie en el consistorio murciano recuerde esta hermosa historia que vincula al ayuntamiento con este templo. Para ello recurro a las fuentes del extraordinario historiador murciano Javier Fuentes y Ponte, que explica como pocos los orígenes de la devoción y de la propia ermita.

 

La capilla u oratorio fue erigida por expreso deseo del corregidor de la ciudad de Murcia  Francisco Miguel de Pueyo, aragonés de nacimiento y devoto de la Virgen del Pilar. Pueyo había llegado a Murcia en 1679. Una calurosa noche de agosto del año siguiente -1680- salió como habitualmente hacían los corregidores con su escuadra de escolta a hacer la  ronda por la Puerta de Vidrieros. Por allí se encontró con una persona que se ocultaba ante ellos. Al parecer, este caballero escondía un crimen de sangre y se encontraba huido de los justicias.  El corregidor le dio el alto y el personaje se identificó como capellán del obispado de Cartagena. Pero Pueyo no se fio y continuó interrogándolo. Ante su insistencia, el personaje sacó un arma y disparó. Pueyo fue alcanzado de lleno. El proyectil se había incrustado en un relicario de la virgen zaragozana.  Era un gran medallón que de la Pilarica llevaba el corregidor prendido en la casaca sobre el pecho junto al escudo de la  orden de Santiago a la que pertenecía. El agresor fue detenido y ejecutado a garrote vil. El corregidor Pueyo, agradecido a la Virgen del Pilar, decidió levantar la capilla.

 

La obra se empezó a levantar aprovechando uno de los lienzos de la muralla árabe que discurre por donde estaba el famoso ‘arco o puerta de Vidrieros’. El corregidor Pueyo fue trasladado a la ciudad de  Toledo en 1684 cuando aún no se había inaugurado su ermita. Pero desde la distancia siguió financiando la obra con su dinero personal y recibiendo noticias constantes de la marcha de aquel templo que se había propuesto dejar en Murcia en recuerdo del milagroso suceso que le salvó de la muerte una calurosa noche de agosto.  

 

También puso la ermita bajo el patronato de la ciudad, por lo que el Ayuntamiento sigue siendo responsable de su conservación. Cosa que hoy se ha olvidado a lo que parece.  El Concejo costearía el final de las obras de la ermita y su mantenimiento. También donaron los corregidores sucesivos algunas de las alhajas para el culto que poseía la capilla, muchas de éstas perdidas en el transcurrir de los tiempos, sobre todo durante la Revolución de 1820. Y lo poco que quedaba de algún valor en imágenes y objetos de culto desaparecieron completamente en los trágicos sucesos de la ‘guerra incivil’.

 

Con el paso del tiempo, el urbanismo salvaje e inmisericorde con la historia, los modernos trazados urbanos y la desidia de muchos de nuestros gobernantes, la Puerta de Vidrieros quedó reducida al llamado Arco del Pilar. El cual también se demolió en 1863 para mejorar el tránsito público de la calle. Ya no queda nada de todo aquello. Si acaso, por la calle Sagasta, podemos apreciar algún trozo de los paños de muralla que protegían a Murcia y por la que bien pudo pasar, aquella noche de agosto, el corregidor Francisco de Miguel Pueyo.

 

Con los cambios urbanísticos que arrasaron la historia de Murcia se levantó la nueva fachada de la ermita en la actual calle del Pilar. Esta se decoró con un gran escudo real, y dos más en los que destacan las seis coronas de Murcia antes de la concesión de la ‘séptima’ por Felipe V. Estos son restos ornamentales de la antigua Puerta de Vidrieros que daba acceso, por la muralla, a la vieja Medina de Murcia. Si el lector tiene curiosidad y se detiene en la contemplación de los blasones, se dará cuenta que el que menciono con ‘seis coronas’ es del siglo XVII pues un siglo después, el primer rey de la Casa de  Borbón, concedió a la ciudad la séptima corona por haber sido uno de los territorios fieles a su causa y precisamente por el buen hacer del obispo Belluga, al frente de las milicias del viejo reino de Murcia, que lograron para él la corona de España. Pero eso es otra historia.

 

Volviendo a la festividad del Pilar y Murcia. Todos los años hasta la década de los setenta del pasado siglo, mil novecientos setenta y algunos siguientes, el ayuntamiento de Murcia acudía bajo mazas y con el pendón real de la ciudad, a dar gracias a la Virgen del Pilar en su ermita de san Antolín. Recuerdo aquella ceremonia religiosa donde acudía el alcalde y los concejales, tras el pendón de Murcia, con los maceros y la policía municipal de gala. Se cumplía así el voto que en el siglo XVII hiciera don Francisco de Miguel Pueyo a la Virgen del Pilar por haberle librado de una muerte segura. Aprovechando también aquel momento para dejar a la ciudad de Murcia bajo el manto y protección de la Patrona de España.

 

Pero hoy ¿Quién se acuerda? ¿Qué referentes históricos conservan nuestros políticos? ¿Quién conoce la historia de tan hermosa ermita? ¿Quién, siquiera, se detiene ante su fachada para contemplar los escudos que la adornan? ¿Quién sabe de la figura del corregidor Pueyo? ¿Saben, ya que lo he mencionado, que Murcia fue una de las principales protagonistas en la implantación en España de la casa de Borbón?  Por desgracia para muchos de nosotros la historia de Murcia se está perdiendo. Nuestros niños no la conocen ni han oído siquiera hablar de ella. Qué triste me parece todo esto.

 

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