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Opinión | Consejero Editorial de MurciaEconomía
Martes, 13 de Octubre de 2015
Francisco Martínez Ruiz

12 de octubre. Somos la inmensa mayoría

Ayer día 12 celebramos el Día de la Fiesta Nacional de España. Creo que es un buen momento para inyectarnos una dosis razonable de patriotismo y, con todo el respeto que me merecen otras opiniones de mis compatriotas, decir que somos inmensa mayoría los que nos sentimos orgullosos de ser españoles.

 

Orgullosos de pertenecer a esta vieja nación europea, con sus luces y sus sombras; con su esplendor imperial, y su decadencia; con su larga lista de figuras de renombre mundial en la pintura, la literatura, la investigación y la ciencia, la enseñanza. Todo ese legado que generaciones anteriores nos han dejado. Todo este caudal no es una broma, es un corpus cultural que pocas naciones poseen.

 

Orgullosos del prestigio internacional de nuestro país, encarnado por los Reyes de España, y de la capacidad colectiva de superación y reconciliación tras los tremendos traumas que nuestra sociedad ha sufrido, incluyendo una guerra civil.

 

Orgullosos, claro que sí, de la solución constitucional de 1978, donde dábamos por cerrada una etapa, y abríamos otra, la de la reconciliación, la concordia y la no exclusión. La del reconocimiento de determinadas realidades territoriales, y la de una arquitectura institucional basada en la ley, la independencia de los poderes del Estado, y la sumisión al Estado de Derecho.

 

Pero... como la inmensa mayoría de los españoles (y una apreciable mayoría de los afectados), perplejo y disconforme con que desde instancias territoriales de España se pida abiertamente la secesión. Tan mal nos hemos portado en los últimos 100 años con esas regiones? Es un tema económico, o no? O están hábilmente mezclados? Como la inmensa mayoría, me pregunto porque no se cumple la ley y, sobre todo, donde está el límite negociador del Estado, cuando y cómo decir: hasta aquí.

 

También, como la misma inmensa mayoría de los españoles cabreado –lo cortés no quita lo valiente– con el virus de corrupción que ha atravesado a la sociedad española. Con la situación de desempleo de mis compatriotas; con la fuga de capital intelectual de nuestra juventud hacia otros países. Claro. Algo hemos hecho mal, pero no en un año o en dos, ni con un partido u otro en la alternancia, sino a nivel de políticas de Estado: esas que la inmensa mayoría reclama para los grandes temas de Estado: economía, educación, distribución territorial del poder, etc. Esta claro que en algunos temas hemos fallado, y no precisamente en la dirección que algunos apuntan, sino al contrario: el estado se ha desarmado competencialmente en materias sensibles.

 

Tras los importantes sacrificios de la sociedad española en estos años de crisis, se atisba cierta recuperación de la economía. España normalmente sabe aprovechar bien estas circunstancias. Cuando más armados colectivamente debíamos estar, surgen de nuevo –ya podría considerarse defecto de fábrica– las tensiones territoriales, junto a más o menos edulcorados movimientos antisistema. En esos ámbitos, no respetar la bandera española constitucional; ni la unidad territorial; ni la legitimidad de las instituciones democráticas del Estado, es norma. Como antes del 78.

 

España es un país complicado, pero siempre hay quien se empeña en complicarlo aún más.

 

En el 12 de Octubre, Día de la Fiesta Nacional de España, creo que somos inmensa mayoría los que sentimos orgullo de pertenencia a esta vieja nación, que es hoy vanguardia de la protección y defensa de los derechos y libertades públicas.

 

Inmensa mayoría los que queremos mejorarla y eso, como responsabilidad cívica que es, también se logra en no poca medida en las tareas de cada uno en la vida diaria y en la educación de nuestros hijos.

 

Ahí creo que estamos la inmensa mayoría este 12 de Octubre de 2015: Mejorar España sin límite en todo lo mejorable, que es mucho, pero bajo una bandera común de todos, y bajo una misma ley que hace a todos los españoles iguales.

 

 

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