Dilemas de los inversores
Decíamos la semana pasada que las Bolsas estaban en un momento interesante a nivel técnico, y una semana después podemos afirmar lo mismo, lo que significa que la última semana completa de enero no ha servido para despejar dudas sobre la posible ruptura al alza de los principales índices. El indicador líder a nivel global, el S&P ha cerrado la semana en el mismo punto en el que la empezó, tras un intento frustrado de romper al alza. Enero, a falta de dos sesiones, ha sido magnífico para casi todas las Bolsas ( Dax +10,4%, S&P +4,7%, Eurostoxx +5,2%, Nikkei +4,6%) aunque discreto para el Ibex (+1%) y los inversores se enfrentan ahora a importantes dilemas.
El momento central de la semana pasada fue el miércoles, cuando la FED anunció una prolongación de la política de tipos cero hasta el año 2014. Las Bolsas lo celebraron de inmediato y como ya hemos dicho pareció que el futuro del S&P iba a romper resistencias al alza, pero el impulso se fue desinflando a lo largo del jueves y definitivamente perdió fuerza el viernes tras conocerse el PIB americano del cuarto trimestre, que, aun siendo bueno (+2,8%), estuvo por debajo de las expectativas. Al final, el S&P quedó plano en la semana, el Dow cayó medio punto porcentual y el Nasdaq subió cerca del 1% impulsado por Apple. En la zona euro Milán y el Dax subieron con fuerza, pero el rezagado Ibex se quedó en una subida del 1,1% y el Eurostoxx solo alcanzó a subir un 0,4%. El Nikkei tampoco llegó a subir ni un punto porcentual.
En definitiva, el impulso monetario de la FED se ha visto apagado por las crecientes dudas sobre el muy débil crecimiento económico, reflejado en el ya citado dato del PIB americano y en las previsiones publicadas por el FMI esta semana. El FMI piensa que el PIB global va a crecer un 3,3%, cayendo el PIB de la zona euro un 0,5%, y subiendo el PIB de EEUU un 1,8% y el de las economías emergentes un 5,4%. El PIB de Japón subiría, según las previsiones del FMI, un 1,7%. En las previsiones del FMI todas las zonas económicas van a la baja en crecimiento y todos los países presentan déficit presupuestario en el 2011, siendo muy elevado tanto para EEUU como para la zona euro el porcentaje de deuda pública sobre PIB.
En ese contexto, los líderes europeos, que se vuelven a reunir el lunes 30, quieren girar su discurso desde la austeridad hacia el crecimiento económico, aprovechando la calma que ha traído al mercado la macro inyección de liquidez del BCE de diciembre, a la que seguirá otra inyección igualmente ilimitada en febrero. Como discurso político es comprensible, pero lamentablemente muy poco creíble. La eurozona tiene problemas que no se van a arreglar con declaraciones retóricas, problemas que van más allá de Grecia y que requieren una reestructuración global de la deuda soberana y bancaria de la zona. Si Grecia consigue finalmente una quita significativa de su deuda, como parece, el siguiente en pedirla será Portugal, cuyos bonos del Tesoro a diez años alcanzaban la semana pasada un tipo de interés superior al 15%, mientras los de España e Italia bajaban del 5% y del 6% respectivamente. Solo este dato debería bastar para recordarnos que el problema de la zona euro no está en absoluto resuelto, ni parece que vaya a quedar resuelto tras la cumbre del lunes 30.
Mientras no se hagan reformas de fondo en la gobernanza europea, con integración plena política y fiscal, y mientras no se aborde de verdad el problema de los balances bancarios y de la capitalización del sistema, que es un problema europeo y no solo periférico, es difícil dar credibilidad a estas declaraciones, que no pasan de ser "wishful thinking". Más bien hay que pensar, en línea con las cifras del FMI, en un modelo a la japonesa de larga digestión de los excesos con bajo crecimiento, en lugar de en un proceso de ajuste y saneamiento rápido, que es lo que de verdad permitiría un despegue.
Tal vez por eso los inversores siguen con su dilema, y no saben muy bien si romper al alza o iniciar una corrección tras subidas desde el pasado 4 de octubre. Subidas que en el caso del Dax alemán son ya superiores al 20%, y en el caso del Eurostoxx son del 14%. El dilema de los inversores es si tomar más riesgo para tratar de ganar una buena rentabilidad en el 2012, o esperar con paciencia a que llegue alguna oportunidad como la del verano pasado.
Ese dilema no es sino el reflejo de otros dilemas más amplios, cuya respuesta es difícil. En Europa la gran duda, que estos días ha dominado los debates del Foro de Davos, es si el euro puede sobrevivir sin un avance decidido y rápido hacia la integración política y fiscal de la eurozona, que conlleve la emisión de eurobonos y la gobernanza común. El intento de resolver los problemas del euro sin dar el paso hacia la integración política de verdad nadie sabe si va a funcionar. En Estados Unidos la duda es si va a hacer falta o no una QE3 y, en todo caso, si va a funcionar, ya que los efectos de la QE2 han sido mucho menores que los de la QE1. En las economías emergentes la duda es si pueden hacer o no el desacoplamiento ("decouple") de las economías desarrolladas y crecer mientras los países desarrollados se estancan.
No hay respuesta clara a estas preguntas y de ahí la cautela de las Bolsas tras las subidas de enero. Por supuesto al final de todo está el impacto sobre los beneficios empresariales y no hay que olvidar que hasta el momento solo un 59% de las empresas del S&P que han publicado sus cifras han batido las expectativas, siendo así que en trimestres anteriores el porcentaje de empresas que superaban estimaciones era superior al 70%.
Esta semana tenemos la cumbre europea del lunes y el posible acuerdo sobre la deuda griega, pero además las Bolsas mirarán al Informe de empleo americano de enero y al ISM de manufacturas, así como al PMI de Chicago y a los PMI de manufacturas y de servicios de China. Y seguirá el anuncio de resultados empresariales (Exxon, Phillips, Santander, BBVA, entre otros).
De nuevo hay que fijarse, sobre todo, en el S&P, y ver si rompe o no al alza. La semana pasada no pudo romper y la sobrecompra que se aprecia en los índices americanos mueve a la prudencia. No ayuda tampoco la subida del dólar frente al euro, que consideramos poco sostenible.
El movimiento al alza en las dos últimas sesiones (jueves 26 y viernes 27) del bund alemán y del T bond americano nos indica probablemente que puede estar habiendo un giro de los inversores hacia activos de menor riesgo. Un motivo más para la cautela tras las subidas de enero.
El momento central de la semana pasada fue el miércoles, cuando la FED anunció una prolongación de la política de tipos cero hasta el año 2014. Las Bolsas lo celebraron de inmediato y como ya hemos dicho pareció que el futuro del S&P iba a romper resistencias al alza, pero el impulso se fue desinflando a lo largo del jueves y definitivamente perdió fuerza el viernes tras conocerse el PIB americano del cuarto trimestre, que, aun siendo bueno (+2,8%), estuvo por debajo de las expectativas. Al final, el S&P quedó plano en la semana, el Dow cayó medio punto porcentual y el Nasdaq subió cerca del 1% impulsado por Apple. En la zona euro Milán y el Dax subieron con fuerza, pero el rezagado Ibex se quedó en una subida del 1,1% y el Eurostoxx solo alcanzó a subir un 0,4%. El Nikkei tampoco llegó a subir ni un punto porcentual.
En definitiva, el impulso monetario de la FED se ha visto apagado por las crecientes dudas sobre el muy débil crecimiento económico, reflejado en el ya citado dato del PIB americano y en las previsiones publicadas por el FMI esta semana. El FMI piensa que el PIB global va a crecer un 3,3%, cayendo el PIB de la zona euro un 0,5%, y subiendo el PIB de EEUU un 1,8% y el de las economías emergentes un 5,4%. El PIB de Japón subiría, según las previsiones del FMI, un 1,7%. En las previsiones del FMI todas las zonas económicas van a la baja en crecimiento y todos los países presentan déficit presupuestario en el 2011, siendo muy elevado tanto para EEUU como para la zona euro el porcentaje de deuda pública sobre PIB.
En ese contexto, los líderes europeos, que se vuelven a reunir el lunes 30, quieren girar su discurso desde la austeridad hacia el crecimiento económico, aprovechando la calma que ha traído al mercado la macro inyección de liquidez del BCE de diciembre, a la que seguirá otra inyección igualmente ilimitada en febrero. Como discurso político es comprensible, pero lamentablemente muy poco creíble. La eurozona tiene problemas que no se van a arreglar con declaraciones retóricas, problemas que van más allá de Grecia y que requieren una reestructuración global de la deuda soberana y bancaria de la zona. Si Grecia consigue finalmente una quita significativa de su deuda, como parece, el siguiente en pedirla será Portugal, cuyos bonos del Tesoro a diez años alcanzaban la semana pasada un tipo de interés superior al 15%, mientras los de España e Italia bajaban del 5% y del 6% respectivamente. Solo este dato debería bastar para recordarnos que el problema de la zona euro no está en absoluto resuelto, ni parece que vaya a quedar resuelto tras la cumbre del lunes 30.
Mientras no se hagan reformas de fondo en la gobernanza europea, con integración plena política y fiscal, y mientras no se aborde de verdad el problema de los balances bancarios y de la capitalización del sistema, que es un problema europeo y no solo periférico, es difícil dar credibilidad a estas declaraciones, que no pasan de ser "wishful thinking". Más bien hay que pensar, en línea con las cifras del FMI, en un modelo a la japonesa de larga digestión de los excesos con bajo crecimiento, en lugar de en un proceso de ajuste y saneamiento rápido, que es lo que de verdad permitiría un despegue.
Tal vez por eso los inversores siguen con su dilema, y no saben muy bien si romper al alza o iniciar una corrección tras subidas desde el pasado 4 de octubre. Subidas que en el caso del Dax alemán son ya superiores al 20%, y en el caso del Eurostoxx son del 14%. El dilema de los inversores es si tomar más riesgo para tratar de ganar una buena rentabilidad en el 2012, o esperar con paciencia a que llegue alguna oportunidad como la del verano pasado.
Ese dilema no es sino el reflejo de otros dilemas más amplios, cuya respuesta es difícil. En Europa la gran duda, que estos días ha dominado los debates del Foro de Davos, es si el euro puede sobrevivir sin un avance decidido y rápido hacia la integración política y fiscal de la eurozona, que conlleve la emisión de eurobonos y la gobernanza común. El intento de resolver los problemas del euro sin dar el paso hacia la integración política de verdad nadie sabe si va a funcionar. En Estados Unidos la duda es si va a hacer falta o no una QE3 y, en todo caso, si va a funcionar, ya que los efectos de la QE2 han sido mucho menores que los de la QE1. En las economías emergentes la duda es si pueden hacer o no el desacoplamiento ("decouple") de las economías desarrolladas y crecer mientras los países desarrollados se estancan.
No hay respuesta clara a estas preguntas y de ahí la cautela de las Bolsas tras las subidas de enero. Por supuesto al final de todo está el impacto sobre los beneficios empresariales y no hay que olvidar que hasta el momento solo un 59% de las empresas del S&P que han publicado sus cifras han batido las expectativas, siendo así que en trimestres anteriores el porcentaje de empresas que superaban estimaciones era superior al 70%.
Esta semana tenemos la cumbre europea del lunes y el posible acuerdo sobre la deuda griega, pero además las Bolsas mirarán al Informe de empleo americano de enero y al ISM de manufacturas, así como al PMI de Chicago y a los PMI de manufacturas y de servicios de China. Y seguirá el anuncio de resultados empresariales (Exxon, Phillips, Santander, BBVA, entre otros).
De nuevo hay que fijarse, sobre todo, en el S&P, y ver si rompe o no al alza. La semana pasada no pudo romper y la sobrecompra que se aprecia en los índices americanos mueve a la prudencia. No ayuda tampoco la subida del dólar frente al euro, que consideramos poco sostenible.
El movimiento al alza en las dos últimas sesiones (jueves 26 y viernes 27) del bund alemán y del T bond americano nos indica probablemente que puede estar habiendo un giro de los inversores hacia activos de menor riesgo. Un motivo más para la cautela tras las subidas de enero.





















