El delito da prestigio
He acabado por convencerme de que 'Podemos' es en efecto un partido político transversal y diagonal: los miembros de sus listas defienden muy resueltamente la comisión de delitos de todo rango, de arriba abajo y de izquierda a derecha, en todas direcciones. Es imposible hallar un candidato de Podemos que respete sencillamente la Ley, y toda. Una vez que se traspasa la frontera de la Ley en Podemos, para ponerse al otro lado, hay un cartel que pone: “usted sí tiene la preferencia”. A Pablo Iglesias sólo le hace falta añadir aquello de “mucha policía, poca diversión”.
Pablo Iglesias dice sentir “orgullo” porque su partido sea una banda básicamente delincuente: “Es posible que en Podemos haya gente condenada por manifestarse, por defender los derechos civiles, a diferencia de otros partidos, donde los problemas tienen que ver con la corrupción". Por “defender los derechos civiles” (sic) se cargan todo el Derecho. Del general José Julio Rodríguez, quien pide que los catalanes puedan desobedecer toda Ley para que se sientan a gusto, a ese cabeza electoral al Congreso por Jaén que defiende el derecho de los condenados a tres años y medio de cárcel como él para vestir adecuadamente las instituciones. El terrorismo nacional o internacional no cuenta en esta barra libre porque Podemos no considera que sea ni falta leve, como en la manifestación en Madrid para pedir la libertad de un tal Alfon, al que la policía intervino artefactos explosivos. La causa última del Terror en el mundo la tiene, como es de suyo evidente, la poca implantación del 'carril bici'.
Resulta muy sintomática esta delectación del podemismo contra las leyes, directamente inspirada por supuesto en la delectación de una parte nada desdeñable de la población por apoyar a forajidos. No hay por qué exculpar a los votantes. Habrá que exculpar en todo caso a los dirigentes, obligados a darle al Pueblo lo que el Pueblo demanda. Porque los candidatos de Podemos, surgidos de sus círculos asamblearios en su inmensa minoría o impuestos desde arriba en su casi absoluta mayoría son inequívoca emanación del simpatizante tipo de Podemos.
Vamos a dejarnos de bromas. No hay sorpresa posible del buen Pueblo español ante los que aspiran a gobernarle por Podemos o ya le gobiernan. No se me ocurre una identificación tan perfecta, en ningún partido, entre unos candidatables y la masa profunda de la que surgen, o a la que sirven. Ahí está toda la españolidad 2.0: si ha visto llegar una jerarquía de valores, dígale que vuelva mañana. Y, por encima de todo ello, sobrevolando elípticamente como un aura de santidad, el completo, explícito y orgulloso desprecio a las normas, sobre todo aquellas que implican cárcel.
Esto, insisto, no es así por la fatalidad que ha tenido la sociedad española con sus aspirantes a dirigentes, sino la fatalidad que han tenido los aspirantes a dirigentes con su sociedad. En la Transición había una clase distinta de políticos, mucho más amueblados, porque la sociedad española era distinta. Antes, ahora y siempre los políticos han emanado de la misma esencia de la sociedad del momento. Basta oler cerca de los candidatos de Podemos”para concluir que de la sociedad española salen emanaciones de fosa séptica.






















