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Opinión | El mirador
Miércoles, 25 de Noviembre de 2015
Miguel Galindo

La charca

Vivimos en una enorme y brutal indefinición. Estamos siendo testigos de tiempos indefinibles, donde la política, las ideologías, las leyes, los comportamientos, e incluso la propia idea de democracia, parecen diluirse y convertirse en toda una extraña sopa donde todos somos parte del menú, si bien nada más que meten cuchara los de siempre. En un informe e infame charca espesa en que todos nadamos, si bien nos siguen pescando con la misma caña, aún con distinto cebo.

 

Tenemos, por ejemplo, un Podemos que iba a cambiar la faz de la tierra prometida nada más tocar poder con su cayado mosaico de mando, a fin de hacer realidad la promesa de una tierra de la que manara leche y miel, y justicia… Y sí, donde están han cambiado de nombre las calles, y han quitado de la vista a regios bustos del ¿absolutismo? monárquico, y han prohibido carteles y escuelas taurinas, y han multiplicado la dialéctica escolar en algunas ínsulas de Barataria donde tienen gobierno. Y han pintado de verde muchas ciudades, y han puesto bicicletas en otras… Pero coinciden con su casta bipartidista en no tocar los privilegios forales (agravios comparativos donde los haya), en doblar los impuestos a los ya empobrecidos jubilados, en no tocar la injusta fiscalidad, en robar la caja de las pensiones, en silenciar las escandalosas diferencias entre funcionarios y trabajadores de la calle, o en ver como se asalta la independencia judicial y mirar para otro lado… Esa nueva izquierda que se alía con el neofascismo de Más, esa extraña izquierda que olvida sus principios de ser ciudadana del mundo para atarse a sus ruines patios de corrala, a lo más mezquino del pelo de la dehesa. Esa izquierda burda y ramplona que rechaza el patriotismo para abrazar el patrioterismo…

 

Como también tenemos en la charca, y viene al paso, utilizar el sagrado nombre de la libertad para coaccionar, chantajear y alentar a las masas a la desobediencia ilegal e inconstitucional. El invocar un dudoso derecho para ir contra el derecho mismo. El perseguir la imposición de una república bananera incumpliendo unas leyes que luego querrán imponer a sus súbditos… ¿con qué autoridad moral?, ¿con qué perversos principios?, ¿con qué pervertido ejemplo?.. Y es que, en nuestra charca, los fascismos y los izquierdismos se han hecho un mismo comunismo, o un “común lo mismo”, donde se revuelcan y se amanceban sin ningún pudor ni vergüenza (véase por ejemplo esa ERC en la corte artúrica). Y ese “lo mismo en común” no es otra cosa que la ausencia de todo principio y la presencia de toda ansia desatada de poder. Y como coinciden en lo esencial, se asocian en lo particular, corrompiendo cualquier ideología. Al fin y al cabo, ¿qué es una ideología, sino el medio de atraer, engañar y manipular a la gente?.. Pero, en el fondo, todos buscan lo mismo, y por eso actúan juntas y cohesionadas, como la m… que son.

 

El origen de todo reside en la mediocridad política. Y la mediocridad política es el fruto de la ambición y de los intereses bastardos personales y de partido por encima de los generales, incluso de la coherencia ideológica. Por eso ocurren esos flagelantes travestismos políticos. Ya no es cuestión de coherencia, si no de interés, de estrategia, de oportunidad… de ahí que se fiche un político de uno a otro partido como un futbolista cambia de equipo. Las explicaciones dadas son tan realistas como poco idealistas: es lo que ahora conviene… Sí, pero, ¿a quién?, ¿a quiénes conviene?.. ¿y, porqué..?. He citado antes, como un valor nuevo en esta charca, el total y absoluto desprecio por toda autoridad o ley. Según convenga, claro, en cada momento. Los nuevos valores podemistas de la nueva izquierda hacen gala de ello, acompañando las dictaduras localistas del separatismo o manipulando a las masas con doctrinas populistas tan añejas como parejas. Pero es que los que los acusan de populismo hacen lo mismo. Desde los padres de una patria a la que están despojando y ocupando su justicia al alcalde que desdeña cualquier imputación porque se considera por encima de cualquier ley y se niega a hacer lo que debe por pura y consecuente honradez y honestidad… ¿Qué diferencia hay entre ellos y Más y sus antisistemas?.. Pues, salvando las distancias, ninguna en lo fundamental. Se utiliza la ley en defensa del propio interés, y cuando viene contra el mismo, entonces se declara que la justicia es injusta y se proclama en rebeldía.

 

Pues cojonudo… A mí no me parecería mal cuando se proclame la acracia en vez de la democracia y todos podamos hacer lo mismo. Pues si un político puede imponer leyes a los demás saltándosela él cuando le conviene, yo prefiero ser un ácrata, pues eso, al ser igual para todos, es mucho más honrado que lo que ellos practican… Me puede valer el transformismo político (allá las conciencias de sus idiotizados seguidores) pero no me sirve el secuestro de las instituciones del estado y la manipulación de las leyes a su conveniencia. Y… sin embargo, esta es nuestra charca. Charca de aguas cada vez más sucias y espesas, con actuaciones espesas de muy espesos personajes. Aguas oscuras, aguas negras, de contradicciones, de apaños y de ‘todovales’… ¿Alguna vez dejaremos de ser lo que somos para cambiar el cómo somos?..

 

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