Nacidos para estar en la oposición
De todos los perfiles que uno puede conocer en el mundo empresarial y sobre todo en el de la representación hay algo que siempre garantiza tener trabajo… Estar en contra de algo. Toda acción tiene una reacción y tristemente hay gente que ha nacido para aprovechar esta circunstancia. Los defensores de una buena barbacoa tendrán en contra a más de un vegano, y los amantes del champú con esencia de menta tendrán enfrente la dura oposición de la esencia de melocotón.
Si metemos subvenciones de por medio la cosa se complica. En más de una organización que gestiona alumnos, he podido ver con mis propios ojos que allá donde nace una entidad de lo que sea, en cuanto recibe algo de dinero aparece gente con el movimiento contrario en busca de financiación. Esta financiación a nivel empresarial no solo puede venir de ayudas o cuotas sociales, cada vez son más habituales los temidos lobbies, que en el fondo no son tan malos. A nivel teórico, en una gestión que siempre debe ser transparente y viéndose los apoyos a cada bando, las ayudas que se dan a las tabacaleras son compensadas por los apoyos que tiene el lobby anti tabaco.
Tristemente, fuera de este equilibrio natural en el que ambos bloques pueden y deben trabajar por sus creencias, existe gente cuya única postura en la vida es entrar en contra de algo. Estar en contra de las cosas es muy cómodo, no tienes que hacer nada, solo tienes que decir cómo se hace y a ser posible algo que nunca se haya probado para sembrar dudas del éxito de la propuesta. Puedes hacer un llamamiento a lo supuestamente injusto de una situación y venderte como mesías salvador. Si se logra dar pena, pero a la vez provocar entre las sombras a tu rival, puedes intentar sacarlo de sus casillas para convertirte en mártir. Hay auténticos talentos en este arte y lamentablemente es algo hasta monetizable.
¿Cómo debemos gestionar esta situación en nuestras empresas? Como no siempre es posible despedir a alguien, aplicamos uno de los más antiguos principios de la humanidad para gestionar un grupo de personas con alguien así, pues “para que exista el bien debe existir el mal”.
Si cualquier tiempo pasado fue mejor o el pan de cada día es la utopía, si alguien se niega a reconocer evidencias más tangibles que verbales, no queda más remedio que recurrir a una receta muy vieja de escuela en desuso pero que aquí funciona perfectamente: transformar a la persona ruidosa en el ejemplo a NO seguir.
Responder a cada argumentación o buscar ejemplos fuera de nuestra entidad que demuestren lo erróneo y triste de estos personajes es un esfuerzo que nos sirve cada día para ser mejores profesionales. Ponemos a prueba tanto nuestro conocimiento como capacidades de liderazgo y con el tiempo puedes preveer sus movimientos. Hacer las cosas bien te puede hacer la persona más previsible del mundo, pero también te hará invencible.






















